‘The Silence of the Lambs’, los escalofriantes métodos del thriller perfecto

Flashbacks de terror es un rincón en donde recordamos a las películas más memorables que marcaron un antes y un después en el cine de terror.

Las cualidades terroríficas de un intérprete y su destreza para plasmarlas a través de la actuación, constituyen en gran parte la calidad artística de una película, cuando la dirección y todos los demás elementos colaboran y dan lo mejor de sí. Aunque los métodos extremos que algunos intérpretes utilizan para optimizar su trabajo pocas veces se convierten en algo esencial y aún más, concluyen en un esfuerzo innecesario y poco notable, existen grandes excepciones a lo largo de la historia; The Silence of the Lambs, por supuesto, es una de ellas.

La película sigue a la agente en entrenamiento del FBI Clarice Starling, que es reclutada por el director de la Unidad de Ciencias del Comportamiento, Jack Crawford, para realizar un perfil psicológico del Dr. Hannibal Lecter, un caníbal asesino en serie encarcelado, que prueba ser de utilidad en la persecución de un asesino apodado ‘‘Buffalo Bill’’, un maníaco que disfruta despellejar a sus víctimas.

Aclamada por la crítica internacional y posicionada en el número 65 de la lista de mejores películas del AFI (American Film Institute), The Silence of the Lambs fue dirigida por Jonathan Demme, fallecido hace poco más de un año debido a complicaciones de cáncer de esófago y problemas cardíacos. El trabajo de Demme en la cinta es impecable, tanto en su elaborado e inteligente uso de la cámara como en la creación de la perturbadora e inquietante atmósfera que nos embruja y sumerge de lleno en la historia. La forma en la que utiliza los planos, acercamientos y ángulos captura a la perfección las intenciones de cada uno de los personajes, haciéndonos protagonistas de cada una de las escenas.

Pero quizás el motivo principal de la singular notoriedad de The Silence of the Lambs y de su posterior enfoque como clásico contemporáneo reside en sus dos protagonistas: la agente Clarice Starling y el Dr. Hannibal Lecter, y en todos los aspectos de la relación entre ambos personajes durante la película. La intensa y emocional actuación de Jodie Foster elevó el estatus de la actriz en Hollywood, convirtiéndola en uno de los más grandes referentes femeninos en los años 90. Así mismo, su personaje, la perturbada pero audaz agente Clarice Starling, fue inmortalizada como una de las más grandes heroínas del cine. Foster captura todos los demonios y ambiciones de Starling, impregnando la pantalla con una actuación que es sencillamente brutal en cada segundo. Las escenas compartidas con su coestrella, el magistral Anthony Hopkins, alcanzan la perfección actoral en cada diálogo y en cada mirada, escenas en las que, a pesar de ver claramente el rostro de los intérpretes, es prácticamente imposible identificarlos como tales.

De igual manera, el Dr. Hannibal Lecter es conocido con razón. Considerado como uno de los más grandes villanos de la historia del cine, su popularidad se debe principalmente a la escalofriante interpretación de Hopkins, quien no dudó en emplear perturbadores e improvisados métodos para mejorar su actuación, entre los que se cuentan burlas espontáneas hacia el personaje de Foster, los inquietantes ‘sorbitos’ que realizaba su personaje, o la técnica vocal que empleó en sus diálogos, que el actor consiguió imitando a Truman Capote y Katharine Hepburn al mismo tiempo. Hopkins no duda en meterse de lleno en su personaje, y hasta el mínimo gesto parece ser fríamente calculado.

Los actores secundarios no se quedan atrás; Scott Glenn aporta una estabilidad mas falsa sensación de seguridad en la misión de Starling, pues sabemos que al final será ella quién se enfrentará al villano, pero Ted Levine se roba las escenas en su rol de Buffalo Bill, personaje inspirado en Ted Bundy y Jerry Brudos, cuya infame escena desnudo lo convirtió en un ícono.

La cinta juega con las intenciones de los personajes, reservando unas pequeñas sorpresas que mantienen en vilo al espectador. Personalmente, no recuerdo una escena más emocionante en un thriller que la de Starling persiguiendo a Buffalo Bill en su guarida, caminando a tientas en la oscuridad y obligado a observarla desde la perspectiva de los aterradores lentes de visión nocturna de Bill.

Tanto Foster como Hopkins fueron reconocidos en su extraordinario trabajo por la crítica, el público y también por la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas, donde recibieron el premio a Mejor Actriz y Mejor Actor respectivamente. The Silence of the Lambs se convirtió en la primera (y hasta la fecha, la única) película considerada de terror en ganar el premio a Mejor Película, ocasión en la que también ganó Mejor Director y Mejor Guion Adaptado, siendo una de las tres únicas películas de la historia en ganar los cinco premios principales (las otras dos fueron It Happened One Night en 1934 y One Flew Over the Cuckoo’s Nest en 1975).

El legado de The Silence of the Lambs continuó vivo gracias a cintas como Hannibal (2001), en donde Hopkins volvió a interpretar a Lecter, y dos precuelas, Red Dragon (2002) y Hannibal Rising (2007). Ninguna de ellas volvió a alcanzar el nivel de calidad e impacto que logró The Silence of the Lambs, combinando una dirección impecable, estelares actuaciones e inesperados giros de la trama que convirtieron a la película en un thriller perfecto, que continuará provocando escalofríos y alimentando pesadillas en las generaciones por venir.

Acerca de Maximiliano Núñez 102 Articles
Escritor ocasional, aficionado al arte y amante del cine independiente.

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