‘Rebeca’, una lujosa adaptación carente de alma y espíritu

«Anoche soñé que volvía a Manderley otra vez…» Así volvemos una vez más a la famosa mansión Manderley. Rebeca es la quinta adaptación cinematográfica de la novela gótica publicada por Daphne du Maurier en 1938. Una historia de amor embrujada por fantasmas de amores y rencores pasados que regresan para atormentar a una joven pareja, que mucho y poco tienen que ver con su suplicio, Rebeca es más conocida por la adaptación de Alfred Hitchcock de 1940, estelarizada por Joan Fontaine y Laurence Olivier, que ganó el Óscar a Mejor Película y se convirtió en un clásico instantáneo. Una quinta adaptación parece innecesaria, pero admito que me intrigaba ver lo que el director Ben Wheatley hacía con un presupuesto más que decente y unos cuántos actores carismáticos.

Rebecca es, por supuesto, la difunta esposa de Maxim de Winter (Armie Hammer), quién se encuentra de vacaciones en una hermosa ciudad costera en Francia. Allí conoce a una joven dama de compañía (Lily James), y ambos se enamoran con fervor a la semana de conocerse. Maxim vuelve a la vida tras el duelo de su esposa muerta, y se casa con la joven dama. Ambos residen en Manderley, el hogar familiar de los de Winter, bajo la estricta supervisión de la ama de llaves, la señora Danvers (Kristin Scott Thomas). Pese a sus deseos de comenzar una maravillosa vida junto a su esposo, la nueva señora de Winter no puede evitar sentir que el fantasma de la difunta Rebecca se pasea por Manderley, persiguiéndola a donde sea que vaya.

Pese a su encanto visual y sus atractivos rostros, Rebecca nunca logra justificar su propia existencia. El guion coescrito por Jane Goldman, Joe Shrapnel y Anna Waterhouse se pierde en sí mismo, llevándose consigo varios momentos que podrían haber alterado drásticamente la narrativa. Parece que siempre hay algo que impide que los personajes se desarrollen por completo, por lo que acabamos estancados con unos protagonistas que poco o nada cambian durante la cinta.

Puedo ver lo mucho que Lily James se esfuerza en dar lo mejor de sí en su rol – y su apariencia de rubia inocente le valdría un papel en una película de Hitchcock en otros tiempos – pero su interpretación nunca se siente demasiado creíble. Poco o nada se puede decir de Armie Hammer, cuya presencia parece limitarse a entregar un par de líneas con brusquedad o misterio, y luego desvanecerse de la escena. Kristin Scott Thomas es la única que brinda un trabajo memorable, pero se debe más a que el guion le da mucho más espacio para expresarse que por mérito propio.

Es una pena que una obra tan profunda e intrigante como Rebecca no reciba una adaptación apropiada por parte de Wheatley y su equipo. Siempre tendremos la versión de Hitchcock, claro, que permanece en los estándares más altos de Hollywood en el siglo XX, pero me parece una gran oportunidad desperdiciada de darle un toque moderno a una historia que continúa cautivando a lectores de todo el mundo. Rebeca es una prueba más de que actores famosos y un presupuesto no hacen una gran historia, sobre todo cuando la esencia del material original está ausente en todas las escenas, incluso en la escena final, que me pareció muy innecesaria. Por el momento, esta película es solo otro remake para olvidar.

Acerca de Maximiliano Núñez 133 Articles
Redactor y crítico de cine. Amante del cine independiente.

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