‘Ghost In The Shell’, nada más que un cascarón vacío

Cuando vi por primera vez Ghost in The Shell, el anime original 1995, salí de la sala de cine con varias preguntas en la cabeza. No eran interrogantes acerca de la película, sino preguntas que la película me había empujado a hacerme acerca de mí mismo y el mundo que me rodea. ¿Cuántas veces sucede que un film impacte tanto en uno hasta el punto en que se cuestione su propia realidad, aunque sea momentáneamente, antes de seguir adelante con otros temas? Como muchas películas niponas, no recurre a ninguna exposición innecesaria y realmente desafía al espectador con un desarrollo atmosférico e introspectivo.

Los primeros cinco minutos del remake live-action contienen todos los problemas más recurrentes del Hollywood más superficial: una desconfianza total en el intelecto del espectador, adiciones innecesarias para tratar de explicar lo que no necesita explicación, un despliegue impresionante de efectos especiales que se sienten superfluos a causa de un guion cargado de clichés de género, si bien se mantienen algunos de los elementos más memorables del anime y la fidelidad visual es encomiable. Todo se ve absolutamente hermoso, pero se siente tan vacío, que el impacto termina siendo mínimo. Es, irónicamente, un verdadero recipiente hueco cuya esencia original no es más que un fantasma.

La película se sitúa en un futuro tecnológicamente avanzado, donde las personas viven con implantes cibernéticos que sirven de ayuda para todo tipo de actividades. Scarlett Johansson interpreta a Mira, una operativo especial de una fuerza denominada Sección 9, la cual recibe algunas de las misiones más peligrosas que tienen relación con ataques cibernéticos de alto riesgo. La trama la pone a la cabeza de una investigación sobre una serie de asesinatos misteriosos que parecen ser responsabilidad de un hacker llamado Kuze, y los efectos que estos empiezan a tener en ella, tratándose de un ciborg cuya única parte orgánica es el cerebro, lo que la convierte en la primera en su estilo.

A simple vista, Johansson parece ser idónea para este tipo de trabajos. Las películas de Marvel demostraron que es capaz de transmitir algo a través de la acción, y tiene una fuerte presencia física y actoral en cualquier proyecto que aborde. Sin embargo, parece no tener mucha suerte con sus decisiones creativas. Lucy resultó ser un despropósito cósmico que no podía superar su propia ridiculez de premisa, y en esta oportunidad, vuelve a ser víctima de los estándares del género y una falta de consciencia general con respecto al papel que aceptó. Desde el principio, este proyecto estaba destinado a formarse bajo un escrutinio multifocal, y la única razón por la cual contrataron a la actriz fue su supuesto poder mediático, lo que ya estaba condenando lentamente el resultado.

Por otro lado, el director Rupert Sanders ya demostró con su anterior trabajo, Blancanieves y el Cazador, que es capaz de evocar algunas ideas visuales muy interesantes, pero no tiene la sensibilidad suficiente para ir más allá del videoclip. Junto con su comprensión limitada del material original y el guion, que está firmado por Jamie Moss (Street Kings), William Wheeler (The LEGO Ninjago Movie), y Ehren Kruger (Transformers: Age of Extinction), es fácil imaginar que la línea de pensamiento con respecto a la adaptación fue no trasladar para nada la esencia del anime original y convertirlo en un blockbuster más de acción superficial. Estos abundan en occidente, y nunca llegan a marcar más allá del entretenimiento efímero.

Lo peor de este remake no es que sea una versión irrespetuosa, sino que aun si dejamos de lado el hecho de que es una adaptación, sigue siendo una película aburrida. Todo el asombroso trabajo visual es anulado por un desarrollo genérico, predecible, y hasta vergonzoso, porque es evidente que creían tener entre manos un guion intrincado que tendría que impresionar por sus giros y sus personajes algo atípicos, pero la verdad es que son cosas que ya se vieron anteriormente y no hay ninguna novedad que valga la pena resaltar. Hay algunas secuencias de acción entretenidas y las que tienen que ver con los “robots” llegan a ser ingeniosas, pero más allá de un estupendo diseño de producción, no es más que una serie de escenarios sin ningún peso narrativo.

Por supuesto, después está la lamentable decisión de intentar darle una historia de origen al personaje principal de Mira, la cual resulta ser en realidad una mujer japonesa que fue asesinada tras una manifestación en contra de los avances tecnológicos a los cuales se estaba sometiendo la sociedad. Este terrible descubrimiento la lleva buscar a su madre en una escena incoherente y poco convincente, que no genera para nada la emotividad que se pretende, y que tira al suelo lo poco que la película había conseguido hasta ese entonces. Cualquier espectador con algo de consciencia social y política no entendería esto de otra forma que decir que “la mujer blanca” es en realidad una versión superior a la mujer japonesa que era antes, y el guion ni siquiera se toma la molestia de intentar dar algo parecido a una explicación sobre esta penosa decisión. Tal vez ni siquiera les interesaba o, lo que sería peor, es que ni ellos mismos comprendían lo que estaban contando.

Ghost in the Shell no funciona así de ninguna de las dos formas en que se la puede ver. Inclusive estaba mucho más interesado en seguir de cerca al actor Pilou Asbæk, que interpreta a su compañero Batou, personaje que hasta tiene un desarrollo más coherente y profundo, con una explicación más fácil de aceptar de los ojos biónicos que son la característica más importante del personaje en el anime original. También en su país de origen, él es el protagonista de la secuela de Ghost in the Shell, así que si se atreven a continuar con esta propiedad -lo que probablemente no ocurra, ya que la película está siendo destrozada en la taquilla norteamericana-, ese sí es un buen casting y ese sí es un personaje que me gustaría conocer más.

Acerca de Emmanuel Báez 2693 Articles
Editor en Jefe y Crítico de Cine. Primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society. Miembro de la asociación Cinema23 del Premio Iberoamericano de Cine Fénix. Jurado Festival Internacional de Cine de Mar del Plata 2018.

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