‘Gambito de Dama’, un emocionante estudio psicológico de un genio disfrazado de entretenido drama de ajedrez

Una genial historia consigue que uno no solamente la disfrute, sino también que se involucre emocionalmente; que invierta no solamente sus pensamientos, sino también sus sentimientos. Sin embargo, a veces hay un tercer nivel de impacto, y es cuando acaba la obra y uno queda afectado hasta el punto en que debe seguir en ese mundo de alguna forma. David Fincher dijo una vez que lo que más le interesan son las películas que marcan, señalando cómo luego de haber visto Tiburón de Steven Spielberg nunca más volvió a nadar en el océano. Una de mis primeras reacciones después de terminar Gambito de Dama fue descargar una app para aprender a jugar ajedrez, ya que recordé que solía hacerlo cuando era pequeño. Pronto descubrí que no soy bueno para el ajedrez, pero sé dos o tres cosas acerca de grandes historias, y esta miniserie de Netflix definitivamente es una de ellas.

Anya Taylor-Joy interpreta a Beth Harmon, una niña que descubre el ajedrez a los ocho años, tras quedar huérfana y ser enviada a un orfanato católico. Ahí recibe lecciones por parte del conserje, un hombre solitario pero disciplinado que guía a Beth en sus primeros pasos en el juego, ayudándola a descubrir una pasión que le daría propósito a su vida tras quedar sin familia. El genio de la niña llama la atención de todos los profesionales de ajedrez con los que se cruza, quienes quedan pasmados por su talento como anonadados por el futuro que le depara su capacidad. Sin embargo, en el camino al éxito se encuentra con obstáculos duros como su adicción a los sedantes y el alcohol, a los cuales acude para agudizar sus sentidos y ocultar sus problemas.

La miniserie de siete episodios explora, a través de la historia de Beth, temas de feminismo, drogadicción, y el fantástico mundo del ajedrez profesional. La joven se irrita cuando su primera gran entrevista termina siendo opacada por su sexo, algo que para ella es irrelevante. No tiene deseos de resaltar por su identidad, sino por su talento, pero eso no niega el hecho de que en varias ocasiones es ninguneada por no ser hombre, como cuando se inscribe en su primer torneo oficial y dos jugadores la hacen de menos por la falta de experiencia. En otra ocasión, durante una conferencia de prensa, un periodista le cuestiona sobre su imagen, ya que otros profesionales encuentran su figura ostentosa, como si eso tuviera algo que ver con el juego en sí. Resulta así, sumamente importante, el hecho de que sea la historia de una niña prodigio en un deporte tradicionalmente masculino, y eso hace que sea todavía más satisfactorio verla triunfar.

La forma en la que se encara la dependencia a los sedantes es también muy interesante ya que tiene base en la realidad. En el orfanato donde Beth es enviada, todos los niños reciben tranquilizantes para tenerlos dóciles y apacibles, lo que obviamente es problemático en muchos niveles. Sin embargo, a los ocho años, es lo que abre la mente de la niña, quien empieza a ver partidas de ajedrez en el techo de la habitación donde duerme con las demás, ya que solamente suele jugar con el conserje los fines de semana. A esa edad, Beth es interpretada por Isla Johnston, un verdadero descubrimiento que redondea un elenco excepcional, conformado también por Bill Camp como el impasible conserje; Moses Ingram como su confidente y amiga Jolene en el orfanato; y Marielle Heller como su madre adoptiva, Alma Wheatly. De todo el sólido elenco, es la presencia de Heller una de las más importantes, ya que se trata de una mujer ignorada por su marido, que descubre en Beth la posibilidad de rehacer su vida, al mismo tiempo que la apoya como nadie en el camino al éxito.

El resto del elenco es igualmente fascinante; Harry Melling es el jugador Harry Beltik, el primer maestro estatal a quien Beth vence; Thomas Brodie-Sangster es Benny Wats, otro jugador más avanzado que le enseña otras técnicas y estilos; y Jacob Fortune-Lloyd interpreta a D.L. Townes, de quien Beth se enamora profundamente, aunque el cariño no es correspondido puesto que Townes resulta ser gay. De alguna u otra manera, todos los hombres (y también mujeres) quedan encantados por la enigmática y magnética presencia de Beth, empezando a orbitar alrededor de ella luego de partidos y encuentros sociales. Taylor-Joy seduce con una poderosa mirada que resalta su genio, así como sus conflictos, y ofrece un balance perfecto entre vulnerabilidad y determinación sin ser jamás evidente ni descuidada en su caracterización. Desde The Witch viene demostrando que la cámara tiene una conexión especial con ella, y en esta ocasión se muestra madura y decidida, lo que traslada a su personaje en todas las fases que atraviesa.

Por supuesto, el mayor atractivo de la miniserie es el mundo del ajedrez, y es notable como la dirección de Scott Frank, junto con la fotografía de Steven Meizler, y el montaje comandado por Michelle Tesoro, resultan en espectáculos dignos de audiencia y aplausos. Cada partido tiene algo especial, por más que a los ojos de la protagonista puedan llegar a ser encuentros poco memorables o fáciles de superar, y tanto Frank como Tesoro saben que no siempre es el juego en sí lo que interesa, sino las emociones de Beth mientras imagina y calcula cada jugada. En otras ocasiones, los partidos son interrumpidos por la narración posterior de la niña, o de algún otro testigo o comentarista que relata lo acontecido con asombro con un montaje paralelo, y eso le da todavía más energía a cada juego.

Por si eso fuera poco, es imposible no sentirse fascinado por el trabajo de diseño de producción, lo que se eleva con el acompañamiento del vestuario de Beth, que aprovecha sus victorias para conquistar no solamente con su talento, sino también con su figura, siempre destacándose. La vestuarista Gabriele Binder logra evocar los sentimientos y emociones de la ajedrecista, desde la primera compra que hace con su propio dinero, hasta el último conjunto que porta mientras atraviesa las frías calles de Moscú, donde se parece a una dama blanca. El trabajo fue tan cautivador que Netflix preparó una exhibición virtual para el show en compañía del trabajo de vestuario de la serie The Crown.

Gambito de Dama es una historia que encara todos sus temas con profundidad, consideración, y elegancia. El guion evita caer en el melodrama, aun cuando la trama pueda justificarlo, y se mantiene moderada en sus conflictos, a pesar de que la protagonista atraviesa toda clase de luchas, tanto psicológicas como sociales. Desde los traumas de su infancia a causa del abandono y la salud mental de su madre biológica, hasta su adicción con sustancias, lo que lleva a causarle problemas con amigos y amores, Beth Harmon es uno de los personajes más memorables de la ficción de este año, y el ajedrez nunca fue tan entretenido y emocionante como cada vez que ella se sienta frente a un tablero.

Acerca de Emmanuel Báez 2717 Articles
Editor en Jefe y Crítico de Cine. Primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society. Miembro de la asociación Cinema23 del Premio Iberoamericano de Cine Fénix. Jurado Festival Internacional de Cine de Mar del Plata 2018.

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