‘Felices Los Que Lloran’, tristes los que la ven

Estoy contento porque el cine paraguayo está empezando a explorar géneros varios mientras va creciendo, y es de esperarse que el experimento vaya produciendo resultados buenos y malos, según como se lo mire. Felices los que Lloran es una propuesta sobre la cual es un tanto difícil hablar porque se trata de un proyecto con un público bastante específico a quien probablemente no le interesa en absoluto hablar de técnicas de cine siempre y cuando encuentren en la pantalla exactamente lo que buscan.

La película sigue en tiempo fracturado a un joven que no está nada satisfecho con su vida, y termina siendo arrastrado por las malas influencias que de alguna u otra forma llegaron a cruzarse en su camino ofreciéndole una salida más fácil a sus problemas. Una historia acerca de la esperanza, la redención, las segundas oportunidades, y por sobre todas las cosas, una historia acerca de las maravillas de creer en Dios. Si están interesados en eso, es probable que encuentren la obra bien completa; si no, quizás terminen sufriendo como quien escribe.

Yo fui a misa una buena parte de mi adolescencia y también a retiros espirituales un par de veces, donde abrí mi corazón a lo superior y lloré porque mi existencia era un pecado y porque tendría que pedir perdón por el resto de mi vida por disfrutar de los placeres naturales de la vida. Si la película la hubiese visto mi yo de doce años, seguramente la hubiera encontrado enriquecedora, pero como decidí abrir la mente a la par que el corazón, no caí en el engaño.

Porque es eso lo que describe a películas como estas, con dudosos argumentos morales y simbolismos baratos que apelan al pienso limitado de una ideología que sobrevive en este siglo a base de excusas y escapes arcaicos, con denuncias sociales cada vez más inevitables. Pero aún si dejamos de lado todo lo risible de ir por la vida diciéndole a todo el mundo que deje de lado sus problemas porque un ser invisible se encargará de ellos, hablamos de una película que no se sostiene por sí misma.

Vale admitir que estamos hablando de una producción impecable como poquísimas veces se vio en el cine paraguayo, algo que ya es mucho decir porque sigue siendo una industria mayormente pre-cinematográfica. Es palpable el dinero invertido en algunos planos realmente hermosos, una fotografía impoluta a largos ratos, y un trabajo de sonido admirable.

Algunos actores pueden (y necesitan) ser rescatados para ser trabajados para mejores propósitos, y otros es mejor que sigan orando. Me gusta pensar que Fátima Fernández y Juanma Rojas tienen madera para obras más dignas de un talento en desarrollo, aunque me encantaría poder decir lo mismo del resto del elenco. Hasta el actor español Carlos Cabra, que se rescata del resto, tiene una mirada que parece esconder una risa burlona como si estuviera demasiado consciente de la propaganda en la que está metido.

El guion hace aguas por todos lados y tampoco ayuda a su base espiritual o religiosa. El cura que ayuda al protagonista se la pasa predicando el amor y la tolerancia, pero cuando el padre del chico secuestrado titubea sobre sus intenciones, su primera reacción es insultarlo y darle la espalda. Énfasis en el hecho de que el padre le da la espalda a quien vino a su iglesia a aclarar su mente, y no al revés. Posteriormente, luego de insistir en que Dios solucionará todo, solicita la ayuda de un «judío», que por alguna razón es millonario y un tanto amante de las armas.

Por supuesto, una película de esta clase no puede estar completa sin las alegorías que tienen que ver con drogas, y es por eso que el personaje descarriado es un rockero, y su vida da vueltas porque no soporta a su padre. Me parece a mí que lo que esta familia necesitaba era una buena sesión semanal de terapia y nada más que eso, y unas cuantas sesiones de clases de actuación tampoco estarían mal, al menos para salvar.

El realizador Marcelo Torcida demuestra que quizás pueda hacer algo bueno en el futuro, porque tampoco estoy hablando de una obra detestable a nivel narrativo. Con algunos ajustes, hasta se podría haber disfrutado, pero una cosa es reír con una película, y otra muy diferente es reírse de ella. El público target de Felices los que Lloran quizás no vea fallas sustanciales. Los demás, nos seguiremos preguntando cómo existe una película como esta. Supongo que solo Dios sabrá.

Acerca de Emmanuel Báez 2662 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz. Primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, miembro de la asociación Cinema23 del Premio Iberoamericano de Cine Fénix.

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