‘Buenos Vecinos’, tan humanos como nosotros

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Me quejo de las comedias americanas más de lo que debería, porque la verdad es que las disfruto más de lo que admito. Por lo general se debe a que simplemente no soy el target de esta clase de propuestas, pero con Buenos Vecinos estoy bastante contento de admitir que se trata de una apuesta ganada desde el principio, por factores que valen la pena resaltar y tener en cuenta, porque aunque se trata de una película con cierto público en mente, se evidencia una intención de abarcar más de lo que las bromas juveniles les podrían llegar a permitir, y el resultado es una historia que parece creada en favor de sus protagonistas, y no de los chistes que tienen para hacer.

Seguimos a unos padres primerizos, Mac (Seth Rogen) y Kelly (Rose Byrne), que están más que felices por su nueva vida con la pequeña Stella, pero que no pueden ocultar el peso del cambio que supone traer un hijo al mundo. Ser padres es algo difícil, y hay un montón de películas buenas que encaran el tema de muchas formas distintas, aunque me gusta pensar que las comedias tienen un toque extra de optimismo que hacen que la empatía sea más natural y llegue con una emotividad más ligera y fácil de disfrutar. Esta película en particular, toma como excusa la premisa de una fraternidad que se muda a la casa de al lado, comenzando a armar grandes fiestas, para contar una historia acerca de lo difícil de asimilar los cambios bruscos de la vida.

Siendo el género más subjetivo de todos, esperaba esbozar sonrisas al menos la mitad de las veces, pero me encontré desternillándome la mayor parte del tiempo. Sin duda alguna se debe a que los protagonistas no están dibujados simplemente para escupir improperios o chistes sin razón alguna, sino porque se siente que realmente son personajes reales, con un sentido del humor real, con una personalidad verosímil, que verdaderamente podrían ser vecinos de cualquiera. Es raro ver tanta sinceridad en una comedia, donde además las escenas no terminan en los remates, sino en las reacciones posteriores de los involucrados. Y nuevamente, las respuestas son honestas en todo sentido.

Me gusta Seth Rogen porque realmente no parece que actúa, sino que es él mismo, como despidiendo una cordialidad natural que no puede ocultar ni cuando debe tener un semblante serio. Uno solo quiere abrazarlo, y es mucho más agradable tener esa sensación sabiendo que acabo de verlo llevar adelante una gran obra, y que es uno de los principales responsables de que el resultado final sea algo que pase de lo sencillamente memorable a lo hilarante. Con él, no es lo que dice sino cómo lo hace, y aún en los momentos más tranquilos de la película, se vislumbra una mueca cómplice como anunciando que algo simpático se viene al terminar la escena.

Hay otras cosas buenas en la película, pero más que nada me alegra seguir afirmando que Zac Efron salió disparado hacia arriba, lejos de la imagen Disney que podría haber mantenido unos años atrás. Recuerdo haberlo visto en Liberal Arts en el 2012, donde tiene un papel muy breve, pero significante, y terminó siendo casi lo más resaltante de la película, que de por sí ya estaba bastante interesante hasta ese punto. No pude evitar sentir que su mejor forma está por llegar, que va por un camino sólido, y si decide inclinarse por este género en el futuro, está formándose un gran currículo.

Estoy con un poco de conflicto con el personaje de Rose Byrne. Ella probó sus dotes cómicos en Bridesmaids, y las caras les salen sin esfuerzo alguno, pero no puedo evitar pensar en lo negativo de que su personaje sea una ama de casa sin mucha actividad más que ir al centro comercial y echar cizaña entre unos jóvenes para sembrar discordia. Es el tipo de actriz que también puede interpretar a una mujer decidida, y que sus decisiones no tengan que ver con hombres o relaciones de pareja o quedarse en casa a cuidar de la niña mientras el papá trabaja. Sin embargo, es maravillosa, y se roba el espectáculo.

Claro que hay sucesiones de gags sin tiempo para contemplarlos, pero están muy bien organizados, distribuidos, y por lo general, ejecutados. Es la cuarta película de Nicholas Stoller, que se dio a conocer con Forgetting Sarah Marshall, que también estuvo conformada por momentos de plena sinceridad. Sus dos siguientes trabajos, Get Him to The Greek y The Five-Year Engagement no tuvieron la misma recepción, pero se afirma igual como un cineasta que sabe trasladar un humor más realista, que no tiene que ver con un ping pong de líneas jocosas sino con personajes que atraviesan situaciones enteramente posibles y no saben de qué otra forma responder sino con sarcasmo.

Buenos Vecinos se consagra como una gran comedia cuando, al final de los chistes, se preocupa por la situación real de sus protagonistas y los convierte en algo más que cartones prescindibles, y al final del último chiste, continúa para que uno pase algo más de tiempo con ellos, reafirmando que son tan humanos como nosotros.

Acerca de Emmanuel Báez 2662 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz. Primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, miembro de la asociación Cinema23 del Premio Iberoamericano de Cine Fénix.

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