‘Borat, Siguiente Película Documental’ vuelve a exponer la decadencia sociopolítica norteamericana con una mirada tierna y feminista

A pocos días del estreno de la segunda película de Borat, el tema principal de conversación es la entrevista clandestina que hicieron con el exalcalde de New York y actual asesor de ciberseguridad de Donald Trump, Rudy Giuliani. La escena en cuestión se encuentra ya cerca del final, y no creo que realmente califique como spoiler mencionarla solamente, además de que está en los titulares más importantes de los medios de prensa de EE.UU. y el resto del mundo. Sin embargo, vale decir que es una secuencia inquietante, estremecedora, inclusive, e indudablemente uno de los momentos más grandiosos de la carrera de Sacha Baron Cohen, que viene criticando a la sociedad norteamericana desde hace dos décadas. Con la primera entrega de Borat hizo una crítica mayormente social, pero con Borat Subsequent Moviefilm entrega una aguda e increíble sátira sociopolítica que deja numerosas víctimas en su camino.

La secuela fue filmada en secreto en plena emergencia sanitaria y aprovecha el contexto para ejecutar algunos gags osados que se ríen directamente del manejo del gobierno de EE.UU. sobre la pandemia, además de grupos ultraconservadores que relacionan las falencias sociales y políticas a cualquier cosa, menos a lo que realmente es responsable. Uno pensaría que el estado actual de la sociedad norteamericana está más allá de la sátira, pero Baron Cohen encuentra la forma de seguir minando la decadencia social y política, apuntando agresivamente al mandato de Trump, y golpeando a todas las ramas que lo apoyan, desde partidarios supremacistas, hasta negacionistas del Coronavirus. Es un cóctel de corrupción ética y moral que sirve en bandeja de oro a uno de los comediantes más ingeniosos la oportunidad de llevar a cabo la burla máxima, lo que logra exitosamente.

Sin embargo, lo mejor de todo es que consigue su cometido agregando un elemento humano que no estaba del todo presente en sus trabajos anteriores, ni siquiera en la primera entrega de Borat, que no solamente era incómodamente simpática, sino que era extrañamente tierna. En esta continuación, el reportero de Kazajistán recibe la misión de viajar de vuelta a EE.UU. para ofrecer un regalo especial al gobierno, pero al llegar a suelo norteamericano descubre que su hija de quince años viajó de forma ilegal en un contenedor, por lo que se ve obligado a quedarse con ella por el resto de su estadía. En un principio, Borat debe regalar al vicepresidente Mike Pence un mono, pero luego decide que la mejor ofrenda es su hija Tutar, lo que pone en marcha una aventura de ruta que transformará a la adolescente y también al reacio padre, que se enfrentará a sus costumbres arcaicas y descubrirá el amor paternal.

La actriz que encarna a Tutar es Maria Bakalova, una actriz búlgara de 24 años que se mantiene en todo momento a la altura de la intrepidez de Baron Cohen, y responde a la dinámica con delicadeza, convenciendo lo suficiente en los momentos en lo que se desarrolla la trama de la relación entre padre e hija. La filmación tipo guerrilla hace que sea más complicado incluir una especie de historia, y por momentos se pierde el balance entre dicho relato y la sátira que busca el comediante, pero finalmente el efecto es mayor porque la relación entre ambos es palpable en su peculiaridad, y porque las situaciones reales en las que se meten ambos son doblemente embarazosas. La secuencia más incómoda de la primera película es sin duda alguna la persecución que se lleva a cabo entre Borat y su productor, lo que ocurre estando desnudos, pero en esta secuela sorprende por una serie de gags que ni siquiera perdona al mercado de la religión, y que conectan de forma singular a un nivel emocional, especialmente con la joven actriz que toma el mando de la historia en varios momentos.

En cierto modo, se podría decir también que Borat Subsequent Moviefilm es un desesperado llamado de auxilio por parte de un artista que también es un padre fuera de cámaras, y es testigo de cómo el mundo se está destrozando frente a sus ojos, y no desea que sus propias hijas deban crecer en medio de tanta desidia. La mirada feminista que establece con el personaje de Tutar se hace evidente con el trasfondo de la misma y su posterior evolución (también gracias a la intervención de una mujer que le abre los ojos), y es otra de las razones por la cual la continuación funciona tan bien, ya que entiende que muchos de los problemas sociopolíticos actuales tienen una profunda raíz patriarcal que no hace más que destruir todo a su paso, y que una de las formas de recuperar el camino es la autocrítica de los adultos que siguen manejando el mundo.

Acerca de Emmanuel Báez 2731 Articles
Editor en Jefe y Crítico de Cine. Primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society. Miembro de la asociación Cinema23 del Premio Iberoamericano de Cine Fénix. Jurado Festival Internacional de Cine de Mar del Plata 2018.

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