‘Matthias & Maxime’, de amigos y amores platónicos

La amistad puede ser en muchas formas un vínculo más complejo y profundo que las relaciones amorosas, considerando que es un lazo que formamos casi sin esfuerzo, como un reflejo, en nuestros primeros años de vida. A medida que crecemos, la amistad se pone a prueba cuando experimentamos sentimientos más enigmáticos y cedemos involuntariamente a ciertos estándares sociales en nuestro entorno. Es aún más complejo cuando, en ocasiones, de esta amistad comienzan a surgir otras emociones, otros deseos, que nos impulsan a evaluar si deberíamos actuar conforme a ellos o no. Los protagonistas que dan nombre a esta cinta se ven involucrados en una situación análoga cuando participan de un cortometraje en el que comparten un beso. Este contacto físico permite que afloren íntimos sentimientos que hasta entonces habían permanecido ocultos.

Xavier Dolan nos otorga su octavo largometraje tras unos ligeros óbices en sus dos trabajos anteriores, pero si esta pieza reciente evidencia algo, es que el joven cineasta se ha levantado y sacudido todo el polvo del camino para volver a su natal y distinguida Montreal, hogar de sus primeras historias. Una vez más la emblemática ciudad canadiense se convierte en el escenario de los atormentados personajes de Dolan, sus incesantes discusiones, la combinación astral de la música pop y una narrativa de la que ya se adueñó por completo, pero esta vez retratada con una madurez inusitada en su filmografía hasta ahora. Dolan ya no es el enfant terrible de los titulares que se valía de su célebre estilo independiente que refrescó una generación de nuevos cineastas internacionales, pues perfecciona su destreza artística para acentuar su evolución cinematográfica de una manera natural y sosegada que solo se logra con el tiempo.

Matthias y Max son amigos desde la infancia, pero ya no tienen mucho en común. La afable relación que llevan se debe a que pertenecen a un grupo de amigos más grande, con los que beben y se divierten a menudo. Tras perder una apuesta tonta, Matthias se ve obligado a besar a Max para un cortometraje realizado por la hermana de uno de sus amigos. El beso despierta sentimientos encontrados y ambos se distancian intentando ignorarlos, hasta que Max anuncia que viajará a Australia para trabajar y su partida obliga a los dos amigos a enfrentar lo inevitable.

Dolan se coloca frente a la cámara por primera vez desde la lúgubre Tom ala Férme (2013) y al igual que ésta, su personaje Maxime “Max” está cómicamente caracterizado, con una extraña mancha en el rostro y prendas mal combinadas a propósito. Lo acompaña Gabriel D’Almeida Freitas en el rol de Matthias, un actor que desprende un rango actoral al nivel de Dolan, pero con una naturalidad mucho más realista. Ambos actores conjuran una fuerte química sexual y afectiva a través de los eminentes silencios y las elocuentes miradas que comparten. Y al igual que su querida Montreal, Dolan también trajo de vuelta a su musa Anne Dorval en un rol menor que vale la pena mencionar.

Matthias & Maxime no es una película perfecta y tampoco ha de compararse mucho con las magistrales obras del cineasta como Mommy (2014) y I Killed My Mother (2009), pero es un gozo contemplar el retorno de Dolan a sus raíces, sobre todo con una historia fácil de reconocer y que se siente familiar en cada aspecto. Los amores platónicos o no correspondidos pueden ser algo muy difícil de aceptar y más duro de superar. Dolan no pretende retratar esta forma de amor, pues los momentos de romance escasean, sino las consecuencias pragmáticas de éste y en como afectan a los que lo sufren, pero siempre con una luz en alto al final del camino.

Acerca de Maximiliano Núñez 114 Articles
Estudiante de comunicación. Escritor ocasional, aficionado al arte y amante del cine independiente.

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