‘Lake Mungo’, un turbulento retrato del duelo y la pérdida

Flashbacks de Terror es un rincón en donde recordamos a las películas más memorables que marcaron un antes y un después en el cine de terror.

Lake Mungo. Si existe algo conocido de esta peculiar cinta independiente del 2008 es, extrañamente, el hecho de que muy pocas personas conocen de su existencia. Pasó desapercibida con el correr de los años, sin ninguna mención especial en los festivales y tuvo un estreno limitado en algunos países de América, Europa y su país de origen, Australia. Encuentro sumamente desconcertante su escasa popularidad, dado que la primera y única película del director australiano Joel Anderson es simplemente la película más escalofriante que vi en mi vida.

Este mockumentary o falso documental se desliga de todo lo anteriormente realizado en este subgénero del terror, que tuvo su apogeo tras el estreno de The Blair Witch Project y seguiría años más tarde con la franquicia de Paranormal Activity.

La cinta coloca entrevistas de la familia Palmer (tal vez un guiño a Twin Peaks en el nombre), así como sus allegados y amigos cercanos, todos ellos tratando de sobrellevar la muerte de Alice Palmer, la hija menor de los Palmer, que murió ahogada en un río. El documental narra los hechos posteriores a la muerte de Alice, cuando la familia comienza a experimentar verdaderos momentos de terror al notar una extraña presencia en la casa.

La razón por la que Lake Mungo no es como nada que había visto antes, es la bruta realidad con la que el espectador se encuentra al escuchar los testimonios de los testigos que vivieron la experiencia más inolvidable de sus vidas. Aquí no hay efectos producidos o jumpscares baratos; el terror proviene de las palabras, de las historias y de las imágenes. Pero la cinta en ningún momento intenta asustarnos a través de la recreación de estos hechos, más bien nos sugiere cómo algunos miembros de la familia empiezan a actuar de forma rara, producto de la muerte de Alice.

Lake Mungo comienza acompañando a la familia Palmer hacia lo que se convertiría en la peor tragedia de sus vidas hasta el momento. Luego de la muerte de Alice, sus padres June y Russell y su hermano Matthew describen sensaciones que son increíblemente familiares a cualquier persona que haya sufrido el dolor de perder a alguien querido a una edad prematura.

El director Joel Anderson no duda en sacarle hasta la última gota de talento a sus desconocidos actores – estatus que ayudó a la atmósfera de la cinta –, los responsables en gran parte de que la película adquiera un tono tan realista y despreocupado. La cinta no contó con un guion escrito, así que los actores debieron improvisar sus escenas, en las que el mismo director sirvió de moderador para obtener las respuestas que buscaba.

Semanas después de la muerte de Alice, la familia Palmer comienza a experimentar situaciones de verdadero pavor. En este punto, la película comienza a mostrar imágenes, y lo que muestra es perturbador. El uso de las cámaras de bajo presupuesto tiene un efecto escalofriante cuando vemos los videos y fotografías de Alice, que aparentemente no está lista para dejar a su familia después de su muerte. A medida que los Palmer indagan en la vida de su hija, descubren que ella no es quién ellos creían que era, y que su muerte está relacionada con un lugar llamado Lake Mungo.

Por el documental desfilan todos los tópicos de las películas de fantasmas y a la vez evita los lugares comunes. Por ejemplo, Russell cuenta cómo vio al fantasma de su hija, pero cinematográficamente no se recrea el suceso, como haría cualquier documental de televisión en busca del miedo o la sorpresa; Anderson deja la cámara fija para que el padre cuente cómo fue esa experiencia. Se logra un efecto diferente, menos de temor y más perturbador.

Más que un turbulento retrato de la pérdida, Lake Mungo explora el duelo de una manera tan peculiar como aterradora. El fantasma de Alice parece estar presente en cada escena y en cada mirada de la gente que conoció en vida, y no hay momentos en los que la película deje de embrujarnos con su presencia. Este recurso de sugerir, de mostrar un ser que pueda dar miedo sin atacar, que su mera presencia logre incomodarnos, no es tan usado en el cine de terror. Y cuando se hace, por desgracia, pasa sin ser reconocido, puesto que las grandes audiencias prefieren ser asustados con los infinitos jumpscares de las películas comerciales.

Hacernos sentir miedo no solo de la muerte de alguien cercano, sino de lo que podamos descubrir de esa persona una vez fallecida, es uno de los grandes temas que nos presenta Lake Mungo. Además, cuando la cinta se aleja de lo paranormal nos hace sentir más sobrecogidos: nuestros mayores miedos no tienen por qué estar relacionados con fantasmas, solo es necesario desconocer algo para temerlo.

De hecho, cuando terminé de ver Lake Mungo sentí un inexplicable vacío. No tenía mucho que ver con los fantasmas (aunque pasará mucho tiempo antes de que pueda olvidar por completo esas imágenes), sino con la realización de como la muerte de alguien cambia la manera de ver las cosas. Sentir la muerte de alguien querido es una de las cosas más difíciles de sobrellevar, más aún cuando sentimos que no conocíamos demasiado de él o ella. Ver esta película fue una experiencia sobrecogedora pero también me hizo reflexionar como ninguna otra película de terror en mucho tiempo. Espero con ansias a que más directores de cine de terror se animen a contar historias de esta forma.

Acerca de Maximiliano Núñez 102 Articles
Escritor ocasional, aficionado al arte y amante del cine independiente.

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