‘Terminator 2’: el día que las máquinas decidieron el futuro de la humanidad

(“La lupa” es un espacio en donde analizamos las películas con obsesión, indagando en las decisiones narrativas y creativas que, en conjunto, forman la obra cinematográfica. Todo esto con el fin de contagiarles de nuestra pasión por el cine.)

Después de haber fallado en su intento de asesinar a Sarah Connor, madre del líder de la resistencia, John Connor; Skynet, una inteligencia artificial que ha iniciado una guerra nuclear contra los humanos, envía a un exterminador al pasado para matar a John cuando aún es joven. Este exterminador es un letal androide que no se detendrá hasta cumplir con su objetivo. Sin embargo, John logra enviar, al mismo momento en el tiempo, a otro exterminador, pero con la misión de proteger a su yo más joven. Ambos robots inician entonces una búsqueda desesperada por el futuro líder y salvador de la humanidad.

En 1984, James Cameron conseguía un éxito y reconocimiento rotundo con su película The Terminator, la cual fue elogiada por su guión; sus efectos avanzados para la época y por haber conseguido un producto tan increíble, pese a ser catalogada como una película de clase «B». Obviamente la cinta se convirtió en una película de culto de la ciencia ficción. Siete años más tarde, ya con mucha más experiencia y presupuesto, Cameron decide tirar la casa por la ventana y dirige una historia que, si bien algunos sostienen que posee varias incongruencias de guión, por sus méritos se ha convertido en una joya del género e indiscutible referente de la acción y la ciencia ficción por igual.

Terminator 2 es una película que admiro más allá de sus diálogos con remates, su estructura clásica y sus fantásticos efectos especiales. Tiene mi admiración porque es un ejemplo claro de una serie de decisiones e ideas, impregnadas con algo mucho mayor que el ingenio, el talento y la creatividad, algo que es igual a lo que me incentiva a escribir estas líneas: La pasión. James Cameron imprime pasión a cada escena de su obra y construye toda una diégesis que se disfruta de principio a fin. Como toda buena película de los noventa, Terminator 2 posee una estructura y puesta en escena clásica, pero bien pensada y planificada, creando así una obra que no palidece ante los años, sino que sigue siendo un gran exponente del cine de entretenimiento. Y aún a pesar de ser un producto bien comercial, se toma sus licencias para terminar de dar forma a una identidad única y un estilo que lo diferencia de cualquier otra superproducción.

Y sobre esa identidad, mucho le debe a la banda sonora de la película, tanto al Soundtrack como a los distintos efectos de sonido. Desde los efectos sonoros más conocidos, como balas o choques, hasta los más complejos como el sonido del metal líquido al cambiar de forma, el ambiente que se crea alrededor de la imagen es de una precisión milimétrica y nos permite como espectadores una inmersión total en el relato. Así también, los Leit Motiv de personajes han quedado registrados en la mente de muchos espectadores, al punto de ser temas musicales icónicos, en especial para las dos máquinas del futuro. A su vez, todo este acierto sonoro trabaja en perfecta sincronía con la imagen, cuya fotografía está planteada para progresar de acuerdo a la historia. Adam Greemberg firma un trabajo que acompaña todas las decisiones creativas e impregna un estilo propio que va evolucionando, siguiendo una línea lógica trazada desde el guión y que fue proyectada para reforzar el contexto y lo que está en juego dentro de la película. En las escenas del presente, y durante el día, podemos apreciar una iluminación y unos colores muy parecidos a los de la vida «real», a diferencia de la noche y sus tonalidades más frías y azuladas. Pero es a partir de las escenas que ocurren en las instalaciones de Cyberdyne Systems en donde esa iluminación fría y metálica con tonalidades azules, predomina hasta la escena final en la fundición. Y que justamente es la misma tonalidad y tipo de iluminación que el Director de Fotografía construye para la escena inicial en el futuro. Tal como si en Cyberdyne se estuviese construyendo ese futuro oscuro (que así es), por lo que desde la fotografía refuerzan esa idea, estableciendo un ambiente que el espectador inconscientemente identifica o relaciona con lo decisivo del momento y su posible repercusión en el futuro.

Cameron desarrolla una precisa y elegante coreografía de personajes y cámara, en busca de transmitir con mayor profundidad las emociones de los protagonistas a nosotros los espectadores. Pero si hay algo que admiro profundamente de James Cameron, es su respeto por la tecnología y la forma en que se vale de la misma para relatar una historia de la mejor manera posible. Y este punto en particular termina siendo fascinante en mi persona, ya que, y dejando de lado Avatar y todo lo que la misma simboliza para el cine en lo que a tecnología se refiere, es increíble como Cameron supo aprovechar lo mejor en efectos especiales de su época y exprimió al máximo los efectos prácticos (o reales, por decirlo de otra forma) para reforzar la credibilidad de la imagen. El director esconde hábilmente sus herramientas y efectos prácticos a simple vista, y sabe cómo dirigir la mirada del espectador lejos de los evidentes efectos. Los más avispados recordarán el brazo izquierdo de Schwarzenegger perfectamente visible mientras el actor se separa de su brazo robótico destruido por un engranaje industrial, pero el espectador previsiblemente observa atónito el desmembramiento mecánico antes que el brazo real oculto por un atuendo negro.

De la misma manera, la película se vale de marionetas robóticas a tamaño real para varias situaciones. Desde las primitivas animaciones de stop motion, pasando por el fantástico abanico de personajes de Star Wars hasta las marionetas o muñecos robotizados, esta técnica de utilizar modelos robóticos, muñecos o títeres mecánicos se ha convertido en un arte único al que lastimosamente los efectos por computadora actuales han desplazado. Irónicamente, es justamente T2 una película pionera en utilizar animaciones CGI para los personajes. Pero volviendo a las marionetas, Cameron ya había utilizado esta técnica en la primera Terminator, pero en T2 la llevó al límite y pulió todos aquellos detalles que provocaban que dicha técnica no se sienta tan verosímil en la anterior película. Y, por ende, disfruté aún más con esta técnica en T2, en especial en el último tramo, en donde el T-800 es salvajemente violentado por el T-1000. Y es justamente un buen acompañamiento a la decisión de usar estos robots «reales» lo que contribuye a que se sientan verosímiles y no nos desplacen de la diégesis de la película. Además, Cameron también decidió que muchos momentos sean grabados con mucha fidelidad a como se verían realmente. Y no puedo dejar de comentar la persecución en helicóptero, pasando por debajo de puentes o bien esquivándolas al último segundo. Como curiosidad, el piloto profesional encargado de estas piruetas, Charles A. Tamburro, es el mismo piloto que salta del helicóptero cuando el T-1000 ingresa por un agujero en la ventana del mismo. Toda la secuencia fue tan arriesgada que el equipo de cámara se negó a grabarla, así que fue el mismo Cameron quien se encargó de rodar desde distintos vehículos.

Persecución en Helicóptero.

Si bien algunas veces lamento que el CGI haya desplazado a muchos efectos especiales prácticos en la actualidad, en T2 debo contradecirme y decir que fueron una pieza clave en la identidad de la película y responsable en gran medida del impacto que provocó en su tiempo (y que sigue provocando) ya que fueron aquí que las animaciones computarizadas demostraron su enorme valía y su capacidad de crear nuevas soluciones narrativas que serían difíciles o directamente imposibles de hacer de otras maneras. Y estoy hablando justamente del T-1000 y su increíble diseño. En su momento fue todo un logro de la animación, pero en retrospectiva sigue siendo una señal inequívoca de una buena decisión llevada igual de bien a la práctica. Las animaciones del T-1000, lejos de envejecer como otras animaciones de la época, se ha mantenido firme en el tiempo y luce tan bien como hace 27 años. Ver en pantalla las distintas transformaciones y situaciones del personaje interpretado por Robert Patrick son un deleite visual, y se han convertido en el sello característico de un antagónico que perdurará por muchos años más en la memoria colectiva.

Y aprovechando que hablamos del T-1000, en lo que al reparto de actores se refiere, me gustaría comenzar justamente con Patrick y su icónica representación de este letal robot. El T-1000 es uno de los mejores villanos de la historia; como ya dije antes por su diseño y su construcción en sí, pero más por la perseverancia y sus intenciones de lograr el éxito de su misión.  No hace falta avanzar mucho en la historia para darnos cuenta que este impresionante robot no se detendrá ante nada ni nadie para cumplir sus objetivos. Eso, unido a su fría expresión y a su mirada llena de determinación, construyen un ícono del cine que no da descanso ni a los protagonistas ni a los espectadores. Los distintos detalles que el actor aporta logran que quedemos admirados ante tal creación, y al mismo tiempo, horrorizados por su eficacia como máquina asesina. Sin embargo, creo que lo que hace más aterrador al personaje de Patrick es la forma en que logra ocultar, bajo su interpretación, un verdadero odio hacia los humanos. En un primer visionado de la película podemos apreciar una capa inicial de su personaje que trabaja en conjunto con esa imagen de robot sin sentimientos y máquina de matar. Pero a medida que avanza la historia, y así como el T-800 es capaz de aprender, el T-1000 también aprende a disfrutar de cada muerte. Este odio es casi imperceptible, pero es en varias escenas y sobre todo en los últimos tramos de la película, en donde si prestamos atención vemos como el robot ha adoptado una personalidad mucho más oscura y siniestra que al inicio de su misión. Evidencia de esto es como decide acechar a los personajes entre las maquinarias de la fundición. Quizá Patrick no haya destacado en sus siguientes películas, pero en T2 demostró que es un actor con mayúsculas, cuyo compromiso se ve reflejado en un personaje que, en cierta forma, se roba gran parte de la película. ¡Y que por cierto corre muy rápido!

Pero el querido Arnold Schwarzenegger tampoco se queda atrás. Si la primera Terminator lo puso en boca de todos, fue con T2 que el actor logró su personaje más icónico hasta la fecha, sobre todo con su espectacular «Hasta la Vista, Baby». Pero esta no es solamente una elección de casting de temporada o de estrellas. Cameron logró crear un personaje igual de icónico que el T-1000, pero con un estilo propio que lo diferencia del anterior y que trabaja en contexto con la historia. Es difícil imaginar a otro actor en el papel del exterminador. Y Schwarzenegger se luce como un imponente robot con unas expresiones muy creíbles a los que, añadido su presencia y enorme tamaño, terminan por definir un personaje muy sólido. La escena de presentación del T-800; desnudo y buscando ropa en el bar, está muy bien pensada para que congeniemos inmediatamente con él. En esta escena se hace hincapié en su estilo y en ciertos toques jocosos que terminan por detallar su personalidad. Y en relación con el T-1000, se aprecia el diseño de ambos como némesis respectivos: El T-800 es un mastodonte, usa la fuerza bruta, dispara armas pesadas y tiende mucho al caos, mientras que el personaje de Patrick tiene un diseño más estilizado, casi como un ninja y que en cierta forma prefiere el sigilo para asesinar y una presencia casi imperceptible, sumado además a su habilidad de copiar idénticamente a cualquier persona. Además, el T-800 es un rebelde. En motocicleta y con lentes oscuros es todo un «Badass» (o dicho de otra forma, es una especie de renegado de Skynet, por más que haya sido reprogramado), mientras que el T-1000 es un policía, y cuya misión se relaciona en cierta forma con la frase escrita en la puerta de su patrulla: «Para proteger y servir» (a Skynet). Este tipo de decisiones de diseño son las que trabajan por debajo de todo, pero son cuestiones de peso que forman parte del conjunto responsable de que la diégesis funcione tan bien.

Tampoco puedo dejar de mencionar a Linda Hamilton y su increíble transformación en una Sarah Connor totalmente opuesta a la de la primera película. Sara ahora es experta en combate y hace gala de una fuerza de voluntad admirable para proteger a su hijo y a la humanidad. Sin embargo, su lucha la ha convertido en un ser moralmente reprochable y hasta carente de la humanidad que ella defiende. Y la película hace énfasis en este punto en varias ocasiones. Pero es en la escena en donde Sarah decide matar al Doctor Miles Dyson el punto de quiebre de sus dos personalidades: la madre y ser humana, frente a la soldado y protectora del líder de la resistencia. Esta escena en particular destaca por resolver la personalidad de Sarah y nos habla de la cuestión principal: ¿qué objeto tiene proteger a la humanidad si nosotros mismos no podemos resolver las cosas sin violencia? Y la puesta en escena se encarga de remarcar aún más esta idea. Sara irrumpe con violencia en la mansión de Dyson y dispara a matar, sin importar la presencia de la familia. Incluso en este mismo momento podemos escuchar el tema musical característico del exterminador cuando, valga la redundancia, extermina a alguien. Por ende, el quiebre emocional de Sarah es como una presa de emociones que se desborda sin control alguno y entiende por las malas que la lucha por la humanidad es algo más allá de simplemente hacer lo que uno tiene que hacer. En líneas generales, Hamilton nos obsequia con una comprometida interpretación, sobre todo en los momentos en los que se encuentra con el T-800 por primera vez, así como en la despedida del mismo, oportunidades en las que destaca por la forma en que interpreta esos momentos dramáticos muy importantes. Un pequeño dato curioso es que Hamilton tiene una hermana gemela y ambas aparecen juntas en la escena en que el T-1000 copia a Sarah y busca a John, hacia el final de la película.

Edward Furlong es el encargado de dar vida al joven e impetuoso John Connor. Si bien podríamos pensar que es difícil resaltar entre un reparto de pesos pesados como lo fueron sus compañeros, Furlong logra destacar y tiene sus momentos, sobre todo aquellos en donde su personaje evoluciona y es consciente de que el futuro le llegó más rápido de lo esperado, y su crecimiento y maduración en alguien más centrado resulta verosímil y natural. Pero en líneas generales su aparición es más modesta y hasta complementaria incluso. Mención aparte a Joe Morton y su genial interpretación como el Dr. Myles Dyson. Disfruté del hecho de que su personaje es el arquetipo del científico con “intenciones nobles”, pero que asume la responsabilidad de lo que sus actos pueden provocar y quien se vuelve consciente de la situación que se puede desencadenar si continúa su trabajo, por lo que decide actuar sin importarle cuán importante era su investigación. Y ese pequeño detalle resulta sublime y le da un toque fresco a lo que sería un científico clásico de las películas. En su momento, la escena de su muerte y posterior explosión del laboratorio me habían impactado. Y años después, al ver la misma escena con otros ojos, esa chispa de su interpretación no se había desvanecido para nada.

Básicamente, Terminator 2 es una película de viajes en el tiempo, pero que funciona en un nivel distinto debido al verdadero conflicto de la historia que es la lucha del hombre contra las máquinas y contra su propia “deshumanización”. Pero antes de hablar de esto, quisiera mencionar que, si bien la mayoría de opiniones están de acuerdo en que, justamente es la cuestión del viaje temporal la que más hace agua en lo que a guión y conceptos se refiere, personalmente creo que T2 presenta muy buenos conceptos temporales que establecen las propias reglas y leyes de su diégesis, por lo que funcionan sin inconvenientes. Evidencia de esto es el nivel de disfrute del relato. A mi parecer, lo genial de las historias de viajes en el tiempo radican en el hecho de que, más allá de crear opiniones enfrentadas, logra crear debates sobre qué puede estar correcto o no, lo que obviamente siempre da como resultado nuevas y novedosas ideas (aunque algunas no tan novedosas). Lo cierto es que el concepto de alguien que envía a una persona al pasado para proteger a su madre antes que nazca, y que éste alguien al final resulte ser su padre (y años más adelante, enviar un exterminador para que proteja a su yo más joven), es un concepto sencillo y genial al mismo tiempo. Y es esa sencillez la que hace que sea un concepto sólido al cual es muy difícil encontrarle grietas y que, como ya mencioné, establece las reglas temporales de su universo. Ahora, “T2” es la batalla de la humanidad contra robots, pero básicamente dicha batalla es entre los personajes de la película y nadie más. Y salvo contadas escenas, nos damos cuenta que, en los momentos cruciales entre protagonistas y antagonista, la humanidad está relegada a un segundo plano, incluso ausente totalmente, como en la fundición, momento clave para el futuro de la humanidad. Y de aquí se descubre que el verdadero valor de John Connor como líder de la resistencia es su lucha en estos momentos clave, siendo joven, ya que su papel como comandante en el futuro está en cierta forma establecido, y desde el inicio se nos da a entender que es alguien duro de vencer, motivo por el cual Skynet utiliza el viaje en el tiempo.

Para cerrar este extenso análisis, no puedo dejar de comentar sobre la riqueza que posee la versión extendida de esta película. Y tanto ésta como la versión normal, deben su genialidad a acertadas decisiones de montaje, sobre las cuales tengo una curiosidad enorme de saber cómo habrán sido las sesiones de edición, ya que, al ver el corte extendido, uno comprende qué trascendentales fueron las decisiones de montaje. Realmente hay que conocer la historia y manejar el relato de una manera tal que permita, tanto al editor como al director, decidir qué dejar y qué sacar de la historia, sin que se afecte demasiado el espíritu original, o bien potenciarlo hasta encontrar algo totalmente distinto pero que funcione mejor en todos los aspectos. Y eso es lo que sucede con la versión extendida. Es un complemento de peso que permite comprender, primero, gran parte de la naturaleza de los personajes con una profundidad mayor. Y segundo, nos muestra como las decisiones de Cameron en toda la historia, no son decisiones al azar o simples engranajes que mueven la historia, sino que son construcciones establecidas con mucha lógica que cierran todas las situaciones que se dan en pantalla. Por ejemplo, en la versión extendida se descubre cómo John Connor diferencia a su madre verdadera de la copia del T-1000 en la escena final. Mientras que otras escenas aportan situaciones que le dan sentido a la historia normal. Y hay una escena particular, relacionada a esta situación, que resulta increíble que haya sido quitada del corte original. Y al mismo tiempo me hace pensar sobre el nivel de decisión que Cameron debió abordar para decidir qué quedaba y qué no. La escena en cuestión no es otra que aquella en donde el T-800 confiesa que él es capaz de aprender a ser más humano, pero que Skynet bloqueó esa función. Para lo que es posible quitar el bloqueo y, por ende, el robot pueda aprender más de las situaciones que experimenta. Es una secuencia que sorprende y que aclara muchas cuestiones futuras en la historia, y con la que no podemos evitar decir un “ahhhh por eso era”, cuando terminamos de verla. Lo mismo sucede con varias escenas, algunas más acertadas que otras, que fueron eliminadas del corte original.

Removiendo el chip del T-800.

T2 es una película que cumple con lo que promete y más. Explora las posibles relaciones humanas con máquinas avanzadas y ofrece una pequeña posibilidad de cómo podrían darse ese tipo de relaciones. El hecho de que Sarah Connor reconozca que el T-800 es una especie de figura paterna para John, (intención que sorprendentemente es explotada un poco más entre el T-800 y Sarah en la olvidable Terminator: Genisys), habla mucho de las intenciones de la historia de ser más que un espectáculo de efectos especiales. T2 aspiró desde un inicio a ser una historia que trata de la humanidad y su naturaleza violenta. Y es que, en las propias palabras de Sarah sobre que el T-800 podría ser un buen padre para John, encontramos el espíritu de la historia: “En este mundo de locos, era la elección más cuerda”.

Acerca de Cristhian Aguilera 6 Articles
Eterno estudiante de cine y apasionado del cine de los 90. Admirador de David Cronenberg y Fabián Bielinsky.

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