‘Ronin’, espías de la Guerra Fría al servicio del mejor postor

(«La lupa» es un espacio en donde analizamos las películas con obsesión, indagando en las decisiones narrativas y creativas que, en conjunto, forman la obra cinematográfica. Todo esto con el fin de contagiarles de nuestra pasión por el cine.)

Un grupo de desconocidos entre sí, todos ellos profesionales en sus áreas, son contratados para robar un misterioso maletín cuyo contenido se desconoce. Tendrán que valerse de toda su experiencia y confiar en el otro para poder conseguir aquello por lo que sus patrones están pagando.

John Frankenheimer dirige una trepidante película de acción e intriga por partes iguales ambientada en Paris y en Niza, ciudades más que perfectas para persecuciones en auto y misiones secretas realizadas por ex espías y asesinos a sueldo. Justamente el tipo de personas a los que pertenecen los protagonistas de la historia. A su cargo tiene un reparto muy bien equilibrado y que sorprende en su balance y puesta en escena, encabezado por Robert De Niro, Jean Reno, Sean Bean, Stellan Skarsgård (Thor; Los Vengadores) y Natascha McElhone (The Truman Show; Designated Survivor), acompañados a su vez por el genial Jonathan Pryce (Piratas del Caribe; Game of Thrones).

El director es famoso por varios trabajos, pero es más recordado, y con justa razón, por la película «Grand Prix» del año 1966, ganadora de tres Óscars, la cual había revolucionado la forma en mostrar las carreras en el cine. Tecnología que luego fue implementada y estandarizada para la transmisión de las carreras de Fórmula 1. Cabe resaltar que Frankenheimer también es piloto de carreras, y justamente, Ronin cuenta con algunas de las mejores escenas de persecución que uno puede recordar en la historia del cine. Pero lo que particularmente me parece genial, es el hecho de que Frankenheimer no sólo es hábil para dirigir una persecución, sino que al mismo tiempo nos obsequia una historia sólida y atrapante, sustentada en un excelente reparto, que a su vez está construido con mimo, además de una puesta en escena y una habilidad increíble para colocar la cámara y moverla de acorde a la emoción del momento, con lo que entrega una película redonda y llena de matices que se disfruta en cuada cuadro y en todas sus líneas.

Ronin hace referencia a la historia de los 47 Ronin; Samuráis cuyo amo fue asesinado, por lo que planean y ejecutan la venganza en nombre de su señor, para luego suicidarse. La película trata principalmente sobre el honor y la confianza; y al mismo tiempo de la traición y el temor. Desde el inicio de la película y con ayuda de una excelente banda sonora, se nos contagia de una nostalgia y al mismo tiempo de una especie de sentimiento de que alguna vez todo fue mejor, y que tiene que ver con el hecho de que los personajes son ex espías o ex militares, quienes al terminar la Guerra Fría tuvieron que vender sus servicios al mejor postor, quedándose, justamente, sin amo a quien servir. Y sobre este aspecto, la construcción de los personajes es sublime. Todos ellos son como camaleones, muy precavidos, que manejan conductas y códigos muy ingeniosos para fusionarse con el entorno, así como también para comunicarse con otros igual a ellos. Siempre digo que la obsesión por los detalles es la que permite una construcción creíble de la diégesis de una película. Y en este caso, esa obsesión es al mismo tiempo una genialidad, ya que no tenemos forma de saber (o sí) si son técnicas reales de espionaje las que vemos, pero lo sean o no, son fantásticas y nos atraen por la forma en que son llevadas a cabo.

Técnicamente, el director nos sorprende con una puesta muy bien pensada. La cámara está en constante movimiento y nos ofrece pequeñas genialidades que realzan aún más la experiencia. Planos generales que se convierten en primeros planos o la búsqueda constante de las actividades de los personajes que se encuentran en segundo plano son solo un ejemplo de la precisión y pasión con la que Frankenheimer dirige su obra. Y esto sorprende aún más ya que, si bien De Niro y Reno son los personajes que a la larga se convierten en principales, durante gran parte de la película el protagonista real es el grupo de mercenarios, mientras escuchan a la encargada de llevar a cabo la misión: Deidre. Y digo que esto sorprende, porque parece ser que el director no tiene problemas en meter a los seis actores en el plano y no por esto hacer el que cuadro esté «cargado». Existe una coreografía precisa y un posicionamiento de actores muy bien pensado que en ningún momento nos sentimos mareados ni perdidos sobre dónde mirar. Todos los personajes participan activamente en las distintas situaciones y hacen gala de una actuación cargada de detalles que enriquecen aún más la credibilidad de la historia y su universo. Además, hay una serie de ideas desde el guión cuya inclusión nos permite descubrir un poco más del mundo de los espías de la vieja escuela, aquellos que no tienen gadgets ni habilidades genéticas o cosas por el estilo, sino aquellos que se valían de contactos turbios; de lo que puedan encontrar en su entorno, o de una paciente observación y meditación sobre el siguiente paso. Situaciones como la emboscada con una taza de café; charlas aparentemente monótonas entre desconocidos, pero cargadas de códigos; la planificación del plan a través de fotografías obtenidas a su vez de forma ingeniosa; todas estas situaciones tanto en forma individual como en conjunto son una delicia para aquellos amantes de las historias de espías más «acordes» con la realidad misma y cuyo actuar temerario es una gran fuente de adrenalina y tensión.

Con todo esto, Frankenheimer demuestra ser un hábil director. Un artista que ha asimilado y desmenuzado el guión y lo ha convertido en una obra que hace gala de una pasión por el cine más clásico y efectivo. Pero no contento con esto, decide impregnarle su firma personal y nos obsequia con unas secuencias de persecución de autos que son simplemente, perfectas. Hay tres secuencias para ser exactos, y cada una de ellas tiene su propia personalidad y su construcción. Todas estas persecuciones están rodadas de una forma muy realista, sin efectos computarizados, acompañado todo esto de un montaje vertiginoso pero que no opaca al tiempo diegético de la película. Y aquí me sorprende la sincronización de las escenas, ya que aún con el montaje presente con sucesivos cortes, somos capaces de ver una continuidad del entorno entre una y otra cámara. Para ser más claros: En un plano general vemos al auto de los antagonistas adelantar un camión. En una cámara dentro del auto vemos como se adelantan al camión, pero al mismo tiempo, desde el auto que los persigue, también vemos al mismo camión ser adelantado por el primer auto. Y todo esto se mantiene durante todas las persecuciones, lo que particularmente creo tiene su verdadero gozo cada vez que uno repite el visionado de la película. Es más. Fácilmente podemos distinguir a los actores reales conduciendo los automóviles. Y sobre esto, el director los grabó conduciendo en todas las escenas, pero en la mayoría, los pilotos profesionales estaban sentados en el asiento derecho, como dobles y conduciendo desde ese lugar. Otro detalle particular es el hecho de que Frankenheimer mismo condujo en varias escenas, además de que el actor Skipp Sudduth, quien hace el papel del conductor de los mercenarios, es en realidad un piloto de carreras profesional. Dicho esto, en todo momento se siente que cada secuencia posee el tiempo exacto de duración y de carga de situaciones particulares (disparos, choques, maniobras peligrosas) dando la sensación de ser una persecución muy realista cuya planificación está muy bien oculta en su excelente puesta en escena. Sin mencionar además que están presentes todos aquellos elementos clave que no pueden faltar en una persecución: Las tapas de las ruedas que salen girando cuando el automóvil hace una maniobra brusca, o bien la destrucción de los puestos de verduras y frutas cuyos dueños siempre tienen el antojo de hacer sus ferias en medio de las calles.

Otros aspectos técnicos tampoco se quedan atrás, como la excelente fotografía y la dirección de Arte a la hora de construir y representar unos países europeos de cara a un nuevo milenio. Y sobre la fotografía, la escena de la resolución del maletín (genial Macguffin, por cierto) es un homenaje muy particular al cine negro, con sus ángulos extraños y las luces y sombras en perspectiva, que al primer visionado pasan desapercibidas por el clímax del momento, pero que están ahí, aportando a la tensión del momento.

Por último, quisiera dedicarle unas líneas al personaje de Robert de Niro, llamado Sam que, si bien puede parecer el típico espía norteamericano, es mediante una caracterización muy comprometida por parte de De Niro, que logra zafarse de ese cliché. Sam es el espía por excelencia de la Guerra Fría. Él hace las preguntas correctas y en los momentos peligrosos se evidencia su profesionalismo y experiencia (incluso un personaje le hace referencia sobre el campo de batalla y el placer de luchar, que tantas veces ha sido usado en películas y videojuegos, en especial, la serie de juegos «Metal Gear Solid»). Es un personaje perfectamente construido cuya base principal son los detalles de su construcción que pasan siempre desapercibidos, pero que inconscientemente nos están contando quién es él en realidad. Desde la escena del inicio donde lo vemos estudiar a fondo un restaurante hasta detalles como que escribe la información sobre las páginas del periódico, o pide ropa nueva para no dejar rastro, Sam demuestra que es un profesional cuyo carácter y estilo radica en todas las decisiones que tomó en su vida, obviamente, fuera de campo para nosotros, pero que sin embargo se manifiestan en estas pequeñas pistas. Pero es en la relación entre Sam y Vincent (interpretado por Jean Reno) en donde vemos como Sam es consciente de la necesidad de confiar y que a la larga esa confianza resulta en una mayor probabilidad de salir con vida de la misión. Es de ese tipo de relaciones de amistad y compañerismo que nunca sabremos como continúan, ya que la película no tiene una secuela, por lo que es una relación que, como espectadores, valoramos más. Y cómo no valorarla siendo que Vincent siempre comprende el sarcasmo y la ironía de Sam, como buen amigo y camarada, dándonos a entender además que las líneas de De Niro son las mejores que podamos escuchar en mucho tiempo: No todos los días encontramos un diálogo parecido a como cuando le preguntan a Sam «si alguna vez mató a alguien», y éste apaciblemente responde: «Una vez herí los sentimientos de alguien». Toda una genialidad.

Acerca de Cristhian Aguilera 6 Articles
Eterno estudiante de cine y apasionado del cine de los 90. Admirador de David Cronenberg y Fabián Bielinsky.

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