‘Mission: Impossible’, un antes y un después para el cine de espías

“La lupa” es un espacio en donde analizamos las películas con obsesión, indagando en las decisiones narrativas y creativas que, en conjunto, forman la obra cinematográfica. Todo esto con el fin de contagiarlos de nuestra pasión por el cine.

Un equipo de agentes de espionaje debe evitar el robo de una lista de agentes encubiertos (y atrapar al mismo tiempo al ladrón), pero casi todo el equipo sucumbe a una trampa. Ethan Hunt, uno de los miembros del equipo, sobrevive, pero es acusado de haber robado la lista y matado a sus compañeros, por lo que tendrá que recuperar el disco con los nombres de los agentes encubiertos y al mismo tiempo descubrir a los verdaderos traidores y demostrar su inocencia.

Mission: Impossible se ha convertido en toda una saga cinematográfica que promete éxito (y lo cumple) en cada nueva entrega. Pero lo verdaderamente sorprendente es la evolución de dicha saga, a través de una puesta bien pensada, y ejecutada de manera aún mejor, que tiene sus inicios en una increíble película que aparecía en el año 1996 y que nos presentaba a un espía cuya característica principal es su gran determinación.

Brian de Palma es un director con una extensa filmografía que destaca por el compromiso del mismo con las historias que cuenta. A cada película le imprime su sello particular sin que eso impida que cada obra posea una identidad propia, además de lograr que sus películas (por sobre todo aquellas enmarcadas entre las últimas décadas del siglo XX) ocupen un lugar privilegiado en la memoria colectiva cinéfila. Obras como Carrie, Phantom of the Paradise, Scarface o Los Intocables, son un claro ejemplo de la maestría de este director para apropiarse de una historia e impregnarla con su estilo y su pasión. Pero en el caso de Mission: Impossible, hay un ingrediente especial que en conjunto con el talento del director, permite que la obra final se convierta en una película memorable: Tom Cruise.

En aquel entonces, un joven actor (que posee además el rol de productor en este film); que hasta ese momento llevaba varias películas exitosas en su bolsillo, pero que con esta película afianzaba completamente su rol de figura de acción, pese a ser un film en donde no se dispara una sola bala. Hablar de Cruise a día de hoy es decir una obviedad enorme, en lo que se refiere a su entrega como actor para sus papeles. Y cuando decimos entrega, nos referimos a un compromiso total, casi suicida incluso, con el único fin de lograr una verosimilitud a nivel interpretación que logra que sus películas suban varios enteros. Pero en aquel momento, el actor era más que nada un rostro del momento, conocido por su porte y por el creciente nivel actoral que demostraba. Quien iba a pensar que 22 años después, Ethan Hunt se convertiría en su personaje más memorable y querido por el público. Pero sobre esto hablaremos más adelante.

Mission: Impossible fue originariamente una serie de televisión que apareció entre los años 66 al 73, y que luego de más de una década, tuvo un segundo periodo de emisión, entre el 88 al 90. Las particularidades de la serie son varias, pero destacan elementos que luego aparecen en la película de 1996, tales como las máscaras, los gadgets de última generación y la presencia de una tensión climática muy relacionada con la guerra fría. Y por supuesto, la mítica composición de Lalo Schifrin, sello indiscutible del universo de Mission: Impossible. Todos estos elementos fueron aprovechados por la producción, creando una película que sin problemas se convirtió en un referente del cine de espías, obligando a otras creaciones del género a tener que perfeccionarse y buscar una identidad propia tal como lo consiguió M.I.

Intros de las distintas temporadas de Mission: Impossible

Y sobre esa identidad, la diégesis construida para la película es milimétrica y se sustenta por sobre todo en la modalidad de espionaje de la que hace gala la IMF (Impossible Mission Force). Esta diégesis marca el espíritu de la película ya desde la primera escena, estableciendo el modus operandi de los agentes: El montaje de toda una escenografía y la realización de un guión (dentro de la película) para poder obtener información vital sin ser detectados. Es justamente esa primera escena con una especie de interrogatorio y una aparente muerte accidental la que nos ofrece las señas de identidad del resto del filme. Y destaca aún más que los agentes sean maestros del disfraz y de la actuación, dando incluso la impresión de que esos elementos ganan importancia por sobre la utilización de armamentos y/o violencia, lo cual no digo que no utilicen, sino que me fascina el hecho de que prioricen esas habilidades y dejen los disparos como último recurso (hecho que me encantó disfrutar en la sexta película de la saga, a modo de diálogo, cuando la directora de la CIA hace referencia a que ella prefiere utilizar un martillo antes que un bisturí, en relación a los métodos de infiltración y sigilo característicos de la IMF).

Escena de Apertura

Aquí también se establece un soundtrack que marca presencia, y del cual disfruto bastante (pese a que varios estudiosos de la materia concuerdan en que no es el mejor trabajo del compositor), dotándole a la escena de un aire curioso, de tensión afable, como si invitara al espectador a ser cómplice de las diversas situaciones que se presentan en la película. Las composiciones fueron concebidas por Danny Elfman, quien entrega unos temas hechos a medida para la historia, y por supuesto, regala una genial adaptación del tema original de Schifrin, que particularmente creo es la mejor versión de todas las que han salido hasta ahora, sin desmeritar obviamente los trabajos siguientes hechos por distintos artistas. Pero lo que si me gustaría recalcar es la perfecta utilización de este mítico tema y la forma en que aparece en el momento justo para dotar de fuerza a la escena, especialmente en la escena del tren cuando Ethan logra saltar al helicóptero. Mediante la inclusión de ese tema musical en ese instante preciso, sabemos que el personaje va a ganar, y mantiene al mismo tiempo la tensión y las ansias de que logre su cometido, por lo que nos tiene enganchados hasta ese climático momento en que parece que las cuchillas del helicóptero acabarán con la vida del agente.

Soundtrack compuesto por Danny Elfman

De la misma forma, la mano de Brian de Palma es responsable de que la película funcione de manera fluida y coherente. Suelo realizar un ejercicio mental que consiste en imaginar cómo hubiese sido tal película si lo hubiese dirigido otro director. Esto suele terminar más en un divague que otra cosa por el hecho de que cada director puede entregar excelentes obras basadas en una misma historia. Pero menciono esto porque Mission: Impossible es una de las pocas películas que no puedo imaginar ser realizadas por otro director que no sea de Palma. Primeramente, el director posee una formidable habilidad para mostrar arquitectura y locaciones, por lo que el escenario europeo en el que acontece gran parte de la película es perfecto, y en cierta forma vital para reforzar la idea del cine de espías. Y ya que hablamos de arquitectura, el director hace gala de un gran ingenio para rodar en sitios aparentemente imposibles, como los cortes transversales del ascensor de la embajada, para mostrar en conjunto la oficina de las computadoras donde se encuentra la lista NOC. Son puestas muy originales que en cierta forma recuerdan a los recursos de pantalla partida que son propias del estilo del director.

Además, De Palma demuestra una mano experta para la composición de sus planos, particularmente en aquellos planos con ángulos raros para reforzar la tensión del momento, como también la decisión de utilizar primeros planos en momentos clave y primerísimos primeros planos (o también conocidos como PPP) para momentos críticos, como la invasión al ordenador de la CIA. Estas decisiones artísticas logran transmitir fuertes sensaciones que como espectadores disfrutamos sin obstáculos, y construyen el ideal de que estamos ante una buena película de inicio a fin. Como mencioné más arriba, hay que ser verdaderamente hábil para rodar una película en donde no se efectúe ningún disparo, y sin embargo logre posicionarse como un referente del cine de aventura y acción más puro. Y al mismo tiempo estableciendo un estilo de cine de espías único en su especie. Se disfruta además de los juegos del director para los flashbacks, como por ejemplo la escena del restaurante con un acuario, en que Ethan pregunta el porqué había un segundo equipo de la IMF en la embajada. Cuando su superior le pregunta a qué se refiere, Ethan empieza a explicar que aquellos individuos del restaurante estaban a su vez en la embajada, y en ese momento se nos muestra escenas anteriores en donde comprobamos que efectivamente había otro equipo, y que parecían centrar su atención en Ethan. Esto se disfruta aún más en un visionado posterior en donde podemos comprobar que durante toda la escena de la embajada, el segundo equipo está muy presente y efectivamente con la atención puesta en Ethan, pero muy bien disimulado tanto para los protagonistas como para nosotros, los espectadores.

Siguiendo con el trabajo de Palma, es obligatorio destacar las dos secuencias más memorables de toda la película, y que le deben mucho a la excelente coreografía y puesta en escena del director: estamos hablando de la ya mítica escena de infiltración al ordenador de la CIA, así como también de toda la secuencia que sucede en el tren bala, hacia el final de la película. Ambos set-pieces son unas obras de arte, muy diferentes entre sí, pero que dotan a la película con ese espíritu de una misión realmente imposible. Y es que las misiones, más allá de ser imposibles en el sentido de que no hay posibilidad de resolverlas, son resueltas de una manera verdaderamente imposible, pero que al fin y al cabo, funcionan (tanto a nivel diegético dentro de la historia, como para el espectador). De ahí el espíritu del título haciendo referencia a situaciones extremadamente complicadas y con resoluciones difíciles de creer, pero que han sido resueltas tal cual, de forma imposible. Gran ejemplo de esto es la escena de la bóveda de la CIA. Desde su concepción como plan hasta su ejecución, dicha escena es una obra exquisita del cine, especialmente por su sencillez (en lo que respecta a la idea y al decorado), eficiencia y la manera en que se vale de los recursos cinematográficos.

Particularmente pienso que toda la bóveda tiene un aire a 2001: Odisea en el Espacio, ya que con sus líneas simétricas y su estilo minimalista, recuerda con mucha fuerza a la obra de Kubrick. Así también, los gadgets se lucen en esta escena, partiendo desde el lápiz que inyecta una especie de líquido en el café del operador, pasando por el reflector de rayos laser y el sistema de poleas que sostiene a Hunt, hasta llegar al destornillador que hace girar a los tornillos aparentemente por magnetismo. Debo confesar que la primera vez que vi ese destornillador quise uno así (y sigo queriendo). Si bien en toda la película hay gadgets variados y bien presentados, y ni que decir de las máscaras, es en esta escena en particular donde podemos apreciar un uso exhaustivo de esos elementos de trabajo.

Ahora, un elemento fundamental que hace que la escena funcione tan bien es el silencio. De Palma se vale de este recurso para transmitir tensión en mayor medida, y que explota sin límites en el momento en que Ethan queda a centímetros del suelo. Aquí como espectadores soltamos una exclamación (también en silencio, estoy seguro) y nos quedamos aguantando la respiración hasta que Ethan vuelve a tener el control de la situación. Me gusta mucho cuando el silencio (o la ausencia de músicas o efectos de sonido) es bien utilizado en una película. Y Mission: Impossible es uno de mis ejemplos favoritos de cómo utilizar este recurso. Complementando el trabajo de los puntos anteriormente mencionados, tenemos la excelente coreografía de Tom Cruise, quien se vale de un gran estado físico y una preparación acorde para protagonizar esta escena. Sus movimientos son verosímiles a lo que se podría esperar de un espía (de una película), pero que se refuerza bajo una expresión de concentración total por parte de Hunt. Tampoco queda atrás un buen trabajo de montaje cinematográfico que desde un inicio establece un ritmo clave para la escena, alternando las escenas tanto dentro como fuera de la bóveda. Así también disfruté de la inclusión del cuchillo, como un elemento que hará las veces de elemento conductor para que Ethan descubra las traiciones que costaron las vidas de su equipo inicial.

Infiltración en la CIA

Por otro lado, toda la secuencia del tren bala es otro momento en donde De Palma vuelve a jugar con el espectador y lo deja con los dedos apretando la butaca. Me gusta poner frente a frente a esta secuencia con la escena de la bóveda de la CIA ya que, si la primera es elegante; se toma además su tiempo; y trabaja el sonido de manera precisa y milimétrica; en la escena del tren el director se vale primeramente de una especie de caos y descontrol por parte de los personajes, o en todo caso, se establece una situación muy riesgosa en donde el nivel de control por parte de los protagonistas es mínimo, muy inferior al robo de la bóveda. Y aquí ya se puede apreciar una marca indiscutible de la saga, y que tiene que ver con que la situación es relativamente desesperada o imposible de resolver, pero aún así, Ethan decide que va a solucionar de una forma u otra la situación, y por ende, prácticamente roza al azar, hecho que construye una tensión increíble que termina con un gran suspiro por parte del espectador.

Volviendo al sonido, y teniendo en cuenta el silencio de la bóveda de la CIA, en esta secuencia el director también trabaja una especie de silencio, en lo que se refiere a la ausencia del soundtrack musical o diálogos, pero a diferencia de la escena anterior, aquí hace presencia el sonido de la violencia del viento como consecuencia de la alta velocidad del tren, cubriendo cualquier otro sonido relevante, lo que de vuelta contribuye a reforzar la tensión del momento. Esta secuencia fue generada en parte con imágenes CGI que en su momento fueron toda una hazaña técnica. Y si bien algunos pensarán lo contrario, para mi han envejecido muy bien. Y esto tiene que ver con aquello que menciono en casi todos mis análisis: que los efectos especiales computarizados de la época estaban pensados en emular la realidad como tal y como acompañamiento a las imágenes reales, valga la redundancia, y no como en la actualidad en donde todo sucede en un ambiente concebido de manera totalmente digital. La velocidad del tren y el entorno que lo rodea resultan muy verosímiles y trabajan en perfecta sincronía con las tomas en que aparecen los actores reales. Extraño esa época en que los efectos servían de esa forma.

Escena del tren

Ahora, me gustaría profundizar en el personaje de Ethan Hunt, quien en cierta forma es el espía perfecto, por su determinación, su carisma y su fuerza de voluntad, que de una manera u otra se relaciona mucho con el compromiso de Tom Cruise como actor. Por las siguientes películas de la saga, sabemos además que Ethan tiene un corazón muy noble y que no piensa intercambiar una vida por otra, o por millones de vidas. Si bien en esta película no hay un mundo que salvar, si que está presente la preocupación y luego el dolor de Hunt por su equipo. Ethan es alguien que comprende a fondo la importancia de un equipo y la confianza en el mismo para que las misiones puedan cumplirse, hecho que es reforzado muy bien en las siguientes entregas. E inconscientemente, es justamente esa característica de Hunt la que permite que tengamos empatía con él, ya que si bien es el protagonista principal, sabemos que sus logros en gran medida se los debe a sus compañeros, quienes preparan el camino para que el personaje de Cruise tenga éxito en su misión.

En esta película sorprende lo joven que es Hunt, con cierto aire soberbio al principio, pero que a medida que la historia se desarrolla, vemos como aparecen los rasgos principales del personaje y que son justamente su concentración y focalización. Parece impetuoso, pero es centrado y capaz de analizar las opciones rápidamente, lo que en cierta manera nos indica que Hunt es una especie de genio. Y para fortalecer esta pequeña teoría me gusta como Max (protagonizada por una excelente Vanessa Redgrave) le dice a Ethan que le agrada “la forma en que juega”, haciendo alusión a que Hunt es un buen jugador de póker, y esto para mi es clave, ya que creo que es la mejor forma de describir a Ethan Hunt: como un excelente jugador de póker quien se vale del engaño y de un rápido pero profundo análisis de la situación para tomar las decisiones correctas. Y creo además que este elemento es la clave para que las distintas secuelas hayan obtenido el éxito con cada nueva entrega, ya que se ha ido desarrollando y trabajando muy bien esta característica de Ethan, que puede dar la sensación de rayar la locura y la desesperación; pero analizando detenidamente, Hunt es una persona muy lógica y práctica, por lo que sus decisiones van más allá de la locura o simplemente del azar.

El reparto funciona perfectamente, con Jon Voight como Jim Phelps, líder del equipo de Ethan, y quien más adelante descubrimos es el traidor principal. Destaco por sobre todo su interpretación con cierta ironía y sarcasmo, mientras cree que Ethan no lo ha descubierto aún. Ving Rhames personifica a Luther Stickell y cerrando la película como un valioso aliado, quien luego se convertiría en un compañero leal y fiel a Ethan en todas las películas siguientes. Mención especial a Jean Reno quien hace el papel de un detestable mercenario convertido más adelante en villano. En aquel momento, lo conocía por su papel en León: El Profesional, por lo que fue toda una curiosidad el verle interpretar a uno de los “malos” de la película. Y cierro el reparto con la excelente interpretación de Vanessa Redgrave como Max, encarnando de forma genial a una líder terrorista, pero con elegancia y estilo, que en cierta forma me gusta pensar como la versión femenina de Alan Rickman y su mítico papel de Hans Gruber en Duro de Matar.

Mission: Impossible no es perfecta. Presenta una leve dificultad a la hora de seguir la complicada trama de traiciones así como la forma en que Ethan va descubriendo a los traidores. Si bien entiendo la idea de montaje y de flashbacks que De Palma decide utilizar para ir descubriendo las incógnitas, estas terminan confundiendo rápidamente, y solo son comprensibles en un visionado posterior y con mayor atención a la trama más allá de los momentos clave de acción. Aún así, en momentos específicos estas ideas de montaje sí logran brillar, en especial la forma en que Ethan descubre que Claire también es una traidora. Es un excelente giro que en cierta forma queda opacado por lo mencionado anteriormente, pero que da evidencia de un guión rico que no se conforma con la traición del líder, sino que también juega con la traición de un posible interés amoroso, el cual Ethan en todo momento evita, y que tiene su momento clave en las líneas de Jon Voight cuando dice “No desearás a la mujer de tu prójimo”. Jim Phelps es como un padre para Ethan, por lo que la traición pesa más para el personaje.

De más está decir que las siguientes películas cosecharon el éxito tanto de crítica como de taquilla (en otro momento podemos discutir este punto, en lo que se refiere a la segunda película de la saga), pero lo realmente importante de esta saga es que ha logrado posicionar al personaje de Ethan Hunt como el mejor papel protagonizado por Tom Cruise, y que tiene mucho que ver con el carisma tanto del actor como del personaje mismo. Así también, cada película se ha esforzado en presentar una verdadera misión imposible y en cada entrega nos regalan unos set pieces más increíbles que los anteriores.

Ahora, en lo que se refiere a esta película en particular, me encanta el universo creado por la misma, en donde los espías pueden burlar a cualquiera con unas máscaras y hacer cosas increíbles con unas pocas herramientas muy ingeniosas. Y por supuesto, no podría dejar de mencionar a uno de los elementos más clásicos de la saga, y que en este film abre y cierra la película: los dispositivos para transmitir las distintas misiones. La forma en que fueron concebidas como idea es genial, y resulta muy divertido como cautivante el hecho de que se autodestruyan en cinco segundos, para acto seguido el humo fundirse con el cigarrilo de Jim Phelps. Este elemento que está en constante evolución es también una marca inequívoca del universo de Mission: Impossible, que dentro de su sencillez e ingenio, contiene gran parte del espíritu de la película. Y la verdad que me parece muy interesante y válida la pregunta que Solomon Lane le hace a Ethan en la última película de la saga: “¿Alguna vez has decidido no aceptar la misión?”

Trailer Mission: Impossible 1996

Acerca de Cristhian Aguilera 6 Articles
Eterno estudiante de cine y apasionado del cine de los 90. Admirador de David Cronenberg y Fabián Bielinsky.

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