‘John Wick 3’ supera su audacia con espectacular acción

Viendo John Wick 3 me sentí como Danny Madigan viendo Jack Slater IV en Last Action Hero, específicamente la escena donde el personaje dentro de la película, interpretado por Arnold Schwarzenegger, llega a la casa de su primo segundo y este le cuenta acerca de los planes de la mafia. Cuando la casa explota en miles de pedazos, Danny menciona los clichés del género porque sabe exactamente lo que se viene: a pesar de la destrucción, Slater sobrevive con algunos rasguños y continúa con su misión. Wick es el mismo personaje, sobreviviendo situaciones imposibles, desafiando constantemente al umbral de la credibilidad, pero jamás deja de ser sensacional porque está diseñado para que uno lo apoye en todo momento, sin importar la naturaleza misma del personaje, que es más un antihéroe.

No se podría hablar de la trama de esta tercera película en más de un párrafo. Si bien la mitología recibe una sobrecarga de elementos que expanden las características de este fascinante submundo de asesinos por contrato, el guion está construido de tal manera que la trama importe poco o nada. De la misma forma que las películas de Rápidos y Furiosos, una vez que la acción empieza es demasiado fácil olvidar cuál era el propósito de los protagonistas porque todos están de acuerdo en que uno ya acude a estos eventos para ver a Keanu Reeves despedazar a cualquier contrincante que se le cruce en el camino. Solo basta con decir que la película continúa unos minutos después del final de John Wick 2, y que se da inicio a una cacería internacional para matarlo, ya que violó la regla principal del Hotel Continental al asesinar a Santino.

Su primera parada es la biblioteca pública, donde ya se encuentra con la primera persona que intentará matarlo para ganarse la recompensa de tantos millones de dólares, lo que resulta ser un error ya que Wick es perfectamente capaz de eliminar a alguien con un libro. En los primeros diez minutos, el director Chad Stahelski confirma que su nombre quedará grabado en el museo del cine de acción contemporáneo, entregando una brutal secuencia donde se afianza con ingenio e imaginación desmesurados. Por su parte, Reeves, con 54 años, prueba que todavía tiene energía suficiente como para que sigamos creyendo que es realmente capaz de hacer todo lo que hace. A estas alturas sabemos que no tiene el mejor rango, pero la ira y la desesperación le quedan a la perfección. Es una gran mezcla que sigue funcionando porque la película no necesita de más ingredientes en la fórmula.

Los diferentes set-pieces sí constituyen el punto donde realmente trabajaron para evitar la repetición, y creo que es justo decir que en ninguna otra película de acción similar a esta hubo tantas peleas diferentes entre sí. No solamente agregan el factor global para mostrar peleas en diferentes escenarios, sino que aprovechan los mismos para que formen parte de las escenas, como una pelea dentro de un establo donde Wick aprovecha el susto de los caballos a su favor, u otra dentro de una especie de galería de armas blancas donde Wick y los malos descartables se lanzan toda clase de cuchilllos, y donde los realizadores también demuestran algo de respeto (en forma de guiños al menos) a todo lo que vino antes en el cine. En la escena inicial de la segunda película hacían una clara reverencia a Buster Keaton, pionero de las escenas de riesgo, y acá hay una escena que involucra un cuchillo que fascina y horroriza como Luis Buñuel lo hizo hace casi un siglo con Un Perro Andaluz.

La película también sirve para marcar la diferencia entre originalidad y autenticidad, así como lo señaló el documentalista Kirby Ferguson hace unos años. Muchas de las situaciones vistas tal vez no fueron hechas en el cine anteriormente, pero varias ya fueron hechas en otras películas, como una secuencia de persecución en moto que es tan es particular que es evidente que vieron The Villainess de Byung-gil Jung como inspiración. Con los elementos propios del universo Wick lo remixan para que se sienta fresca, aunque es una de dos secuencias donde se nota que forzaron de más la trama para poder llevarla a cabo. La otra sería con la aparición de Halle Berry, que interpreta a una asesina que se convirtió en gerente del hotel en Casablanca y tiene a su cargo varios perros especialmente entrenados, y los cuales obviamente hacen gala de sus habilidades en una secuencia extendida. La misma es genial y emocionante, pero ya se quedan en evidencia que acomodaron la cámara y los personajes para que los canes puedan demostrar lo suyo, con poco cuidado de la credibilidad narrativa.

Berry, por su parte, también consigue su tiempo para demostrar que la edad no es impedimento y logra convencer (aunque en menor medida) con ímpetu, mientras que la figura del «villano principal» cae en manos de Mark Dacascos como un maestro de artes marciales que es reclutado por la Mesa de Honor para eliminar a Wick y a todos quienes lo ayudaron a escapar del país, haciendo una limpieza de personajes que aparecieron en las películas anteriores. Dacascos, que es realmente un experto en artes marciales, cuenta con discípulos que terminan siendo más habilidosos que él, lo que resulta inverosímil en el climax, pero no por eso menos entretenido porque hasta el último golpe se aseguran de que las alucinantes peleas sean como ninguna que se haya visto antes en el cine occidental.

Lo que fallan en firmar un guion interesante también lo compensan con una fotografía de altos contrastes. Con la mirada de Dan Laustsen, que trabajó con Guillermo del Toro en Crimson Peak y The Shape of Water, las peleas no solamente resultan geniales por la coreografía y la intensidad, sino por los escenarios donde se desarrollan y que tampoco caen en lo monótono, realzando la vehemencia de la acción con una fotografía inspirada y muy variada, que bebe un poco del trabajo del legendario Roger Deakins.

No sé cuánto más podrá continuar Keanu Reeves haciendo esto. Definitivamente no se está volviendo más joven y la película asegura que la historia de John Wick puede seguir al menos durante una entrega más, con lo cual caen en el problema de superarse de vuelta, algo que ya es bastante difícil teniendo en cuenta todo lo que consiguen con la tercera parte. Por lo menos espero que le den espacio y tiempo para descansar, ya que las tres películas se desarrollan en menos de un mes, y Wick realmente ya vio toda clase de sufrimiento, tanto físico como emocional, y merece una siesta reponedora para seguir recordando a su esposa y su perro antes de continuar eliminando a todo aquel que se atreva a desafiarlo.

Acerca de Emmanuel Báez 2660 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz. Primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, miembro de la asociación Cinema23 del Premio Iberoamericano de Cine Fénix.

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