‘Suspiria’, un inmortal mundo onírico de danza, sangre y brujas

Flashbacks de Terror es un rincón en donde recordamos a las películas más memorables que marcaron un antes y un después en el cine de terror.

Afirmar que el cine de terror no se preocupa por su estética es un delito tan grave, que valdría lo mismo dar por sentado que los premios Óscar premian a las mejores películas del año. Dado que ninguna de estas declaraciones nos ofrecen veracidad, siempre existe la posibilidad de extraer un hecho verdadero de cualquier escenario, y en este caso, es que ciertos autores del género carecen o simplemente no tiene interés de crear un trasfondo artístico y visual, ya sea a través de la fotografía o los simbolismos, pero eso no significa que no hayan excepciones.

Oriundo de la capital italiana, Dario Argento (1940) fue introducido por su padre, un reconocido productor de cine a nivel nacional, a la industria del cine europeo, que en un fuerte contraste con la industria americana, desarrollaría intensas corrientes ideológicas, utilizando el arte como un medio de manifestación y expresión de opiniones mucho más que mero entretenimiento, y que resultaron en películas temperamentales e introspectivas. Argento dio sus primeros pasos como crítico de cine para varias revistas y con la colaboración de su compatriota Bernardo Bertolucci (The Last Emperor, The Dreamers) para la historia del western C’era una volta il West (1968), hasta que en los años 70 debutó como director, década que nos dejaría sus más grandes obras: Profondo Rosso (1975) y por supuesto, Suspiria.

La célebre segunda parte de la autobiografía del autor británico Thomas De Quincey, Suspiria de Profundis (1845) sirvió de inspiración para que más de un siglo después, Argento construyera su propio mundo de ocultismo. Si bien Suspiria de Profundis poco o nada tiene que ver con el mundo de la brujería, la interpretación de Argento es más superficial en la compleja mitología de De Quincey, pues se centra más en una historia de narrativa clásica y una gran cantidad de grotescas escenas sangrientas impecablemente grabadas.

Suspiria nos presenta a Susie Bannion, la típica girl-next-door americana que llega a la prestigiosa Academia Tanz en Alemania. Una vez allí, extraños sucesos acompañan a Susie mientras las estudiantes de la Academia desaparecen misteriosamente. Cintas de culto como Rosemary’s Baby (1968) y The Wicker Man (1973) habían explorado exitosamente el mundo de lo pagano y las creencias orientadas opuestas a la religión cristiana que contrastaban mucho con el contexto histórico en ese entonces. Sin embargo, como ya mencioné, el cine europeo tenía una visión distinta de cada género y adaptaba las reglas hollywoodenses a su conveniencia.

El director no escatima en explorar el lado más mórbido de las sangrientas muertes ocurridas durante la película, uno de sus característicos más distintivos. La angustiosa e inquietante muerte de uno de las estudiantes en medio de alambres de espino o la puñalada del asesino en el medio del corazón palpitante son algunas de las escenas más impactantes de toda su obra. Suspiria es un ejercicio de cine orgánico y vital, muy potente, que se destaca en la filmografía del director y en la historia del cine por dos factores esenciales del cine de terror: el diseño de producción y la música.

Argento hace uso de una gama de colores vibrante y llamativa, a través del Technicolor, para darle un look deslumbrante a cada fotograma. El diseño arquitectónico nos lleva de vuelta a la Metrópolis (1925) de Fritz Lang, con sus modernos acabados que le confieren al lugar un aspecto sobrenatural y casi onírico. Pero no solo la fotografía juega un papel importante en el legado de Suspiria. La música compuesta por la banda de rock progresivo Goblin es única en su tipo, considerada por muchos músicos y críticos como una de las mejores bandas sonoras del cine. Las psicodélicas e intensas melodías de los temas ‘Witch’, ‘Markos’ y la homónima ‘Suspiria’ acompañan a la historia en sus momentos más fuertes, haciendo de la cinta una experiencia agobiante y sobrecogedora para todos los sentidos.

A pesar del excesivo estilo y el final casi apocalíptico sugerían que la historia había terminado, Argento continuó inspirándose en De Quincey para crear La Trilogía de las Madres, conformada por Inferno (1980) y la problemática Mother of Tears (2007) que cerró por completo la historia. Por muchos años David Gordon Green fue rumoreado como posible director de un remake hasta que el compatriota de Argento, el aclamado cineasta indie Luca Guadagnino tomó cartas al asunto y creó un homenaje a la obra del escritor del romanticismo y a la cinta original en 2018, protagonizado por Dakota Johnson y Tilda Swinton.

Sin importar las secuelas o remakes, Suspiria es una experiencia cinematográfica única. Para los fanáticos del terror, como yo, se siente como una tradición que pasará de generación en generación a lo largo de la historia. A diferencia de muchas películas de su época, no ha envejecido para nada y su narrativa visual pone en vergüenza a muchas cintas actuales que nacen en un cine que poco o nada le interesa poseer un legado cultural y artístico. Suspiria es un clásico de horror definitivo y cualquiera que se denomine fanático o estudiante de cine debe darse la oportunidad de disfrutarla en todo su esplendor.

Acerca de Maximiliano Núñez 109 Articles
Estudiante de comunicación. Escritor ocasional, aficionado al arte y amante del cine independiente.

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