‘Rosemary’s Baby’, la insuperable obra maestra del cine de terror

Flashbacks de Terror es un rincón en donde recordamos a las películas más memorables que marcaron un antes y un después en el cine de terror.

El género de terror ha cultivado una diversa gama de subgéneros y temáticas a través de los años. Cada generación teme a algo distinto, y los directores intentan canalizar esos miedos colectivos en historias que nos persiguen en nuestras más oscuras pesadillas. Sin embargo, de vez en cuando, surge una película de terror que nos detiene por unas horas a reflexionar sobre las imágenes y sonidos que estamos experimentando, y nos lleva a la conclusión de que, detrás de toda la terrorífica parafernalia típica del género, existe una historia cotidiana y simple, que, en los mejores casos, puede ser resumida en pocas palabras. Las mejores películas de terror no son las que nos asustan más, sino las que, en su afán de transmitirnos la sensación de miedo, nos hace creer que lo que estamos viendo podría pasarnos a nosotros.

Y es ahí en donde Rosemary’s Baby se convierte indiscutiblemente en una de las mejores películas de terror de todos los tiempos. Estrenada en 1968 y dirigida por el icónico Roman Polanski, Rosemary’s Baby es una obra maestra en todos los sentidos. Esto se debe a que su esencia funciona en innumerables niveles e interpretaciones, como muy pocas películas lo han hecho en la historia, transformando un relato completamente habitual en una pesadilla sin la utilización de ningún factor sobrenatural. La película es un ejemplo magistral del vívido realismo en el género de terror, impregnado en como Polanski narra visualmente la historia y de lo que ésta se trata.

Adaptada de la novela homónima de Ira Levin, el mismo Polanski admitió que no sabía que podía realizar cambios personales en la historia, dado que Rosemary’s Baby fue su primera película en Hollywood, factor que contribuyó a una adaptación excepcionalmente fiel al material original. La historia sigue a Rosemary Woodhouse (Mia Farrow), una joven mujer que comienza a sospechar que su hijo nonato será víctima de un ritual satánico orquestado por su mismo esposo (John Cassavetes) y sus excéntricos y ancianos vecinos (Ruth Gordon y Sidney Blackmer). Rosemary’s Baby se convirtió en la primera cinta de terror de la historia en ganar un premio Óscar en una categoría principal, Mejor Actriz de Reparto, para Gordon, mientras que Polanski obtuvo una nominación a Mejor Guion Adaptado.

La película hace hincapié en nuestros miedos más profundos sobre la vida urbana, la religión, el cuerpo femenino, el embarazo y, por sobre todo, la pérdida del control de nuestras vidas. En los últimos años, el cine de terror mainstream ha optado por conseguir una audiencia masiva basada en jump scares, gore y un excesivo uso de maquillaje y efectos especiales. No obstante, Rosemary’s Baby inspiró todo un estilo en el que la tensión se construye lentamente, las interpretaciones son precisas, las tomas son más largas y se lanza un comentario sobre la sociedad en un determinado momento de nuestra historia.

Rosemary’s Baby es una historia sobre el control. Polanski utiliza de manera excepcional el punto de vista del personaje para expresar ciertos estados psicológicos de Rosemary, y refuerza la idea de que las situaciones continúan más allá del cuadro, a través de un elemento denominado mise-en-scène, en el que la cámara crea un significado moviéndose a través del espacio, en lugar de hacerlo a través de cortes. Todo para hacernos entender de Rosemary no está en control de la situación, y por extensión, tampoco lo estamos nosotros. La pérdida del control se expresa de distintas situaciones a través de la cinta, como la forma en que su esposo la manipula, la manera en la que le niegan información sobre su propio cuerpo e incluso como es privada de poder mantener a sus vecinos fuera de su espacio. Durante toda la cinta, Rosemary es tratada sumisamente, como a una niña. Asiduamente tolera cosas que no le gustan, y por momentos es algo difícil sentir empatía por Rosemary como un espectador moderno. Pero en ello reside la crítica social hacia el patriarcado en ese entonces hasta hoy en día, notoriamente presente tanto en la forma en la que el doctor Sapirstein le prohíbe leer libros sobre el embarazo –acción que elude a despojar el poder a las mujeres privándolas de educación– como en la relación de Rosemary con su esposo Guy, que en varios momentos ataca y manipula a su esposa. Incluso confiesa que tuvo sexo violento con ella mientras estaba inconsciente como excusa para explicar los rasguños de Rosemary luego de su supuesta pesadilla, como si la violencia sexual es aceptable mientras el agresor sea tu esposo.

Notablemente, podemos ver a Rosemary’s Baby en distintas maneras, efecto que muy pocas películas de terror son capaces de lograr. El sufrimiento de Rosemary para reclamar su propio cuerpo podría interpretarse como una crítica feminista hacia el patriarcado, y una defensa a ultranza de las opiniones sobre las píldoras anticonceptivas y la necesidad del aborto en casos de embarazos riesgosos, aunque también podríamos interpretar la cinta de manera opuesta: una defensa de los valores conservativos familiares, basándonos en la incapacidad de Rosemary de rechazar a su hijo pese a las terribles condiciones en las que fue concebido. La apariencia de Rosemary a través de la película también lleva a distintas interpretaciones, igual de opuestas. Al inicio, los vestidos y colores que lleva Rosemary exteriorizan su inocencia infantil, pero durante su embarazo, su personaje es alejado de los estándares femeninos, con su complexión débil y su peinado masculino Vidal Sassoon. Esto podría indicar que su apariencia cambia cuando el mal crece en ella, o lo contrario; su cambio radical podría interpretarse como la pérdida de la inocencia, mientras se convierte en una mujer adulta.

Pero más allá de sus mensajes políticos, lo que hace a Rosemary’s Baby una obra maestra es la manera en que dramatiza nuestros miedos. Vemos lo que sentimos. Y para una mujer, probablemente la cinta introduzca cierta paranoia o temor a quedar encinta, pues Rosemary’s Baby exagera el embarazo a un sentido literal, la invasión de un ente ajeno en el cuerpo femenino y, por ende, impresiona el miedo más básico de cualquier mujer embarazada: la sensación de que algo anda mal. Sea feminista o misógina, o un poco de ambas, Rosemary’s Baby captura indudablemente uno de los miedos más profundos y comunes de todo ser humano: el miedo a perder el poder sobre nuestros propios cuerpos.

La película también captura la paranoia urbana. La grotesca apariencia de sus vecinos, los Castevets, personalizan la sensación de la ausencia de privacidad en un lugar atestado de personas. Igualmente, la ambición citadina es retratada de manera realista, y en como los seres humanos fácilmente caemos en el mal hábito de olvidar los valores y la moral tratando de lograr lo que queremos. El esposo de Rosemary, Guy, no piensa dos veces en ofrecer el cuerpo de su esposa a la secta a cambio de obtener fama y notoriedad. Incluso Rosemary es cómplice de esta fantasía, pues su anhelo de una vida feliz en un lujoso apartamento y con un bebé la ciega de lo que su marido realmente es.

Los elementos religiosos son una parte importante de la película, puesto que la secta adora a Satán y creen fervientemente que el hijo de Rosemary es el Anticristo. Estos elementos son plasmados en como la religión moldea nuestro comportamiento y nuestros pensamientos, a veces cegándonos de ciertas realidades de nuestro día a día. La falta de asertividad de Rosemary toma forma en distintas escenas, como cuando le pide la absolución al Papa mientras es violada por Satán, o cuando se rehúsa a ir junto al doctor Sapirstein por miedo a que le diga que necesitará un aborto. Rosemary también es vestida durante casi toda la cinta con los colores tradicionales de la Virgen María, el azul y el blanco, que representan lealtad y pureza, o dicho de otra manera, la pasividad y la sumisión.

Si Rosemary ha sido impregnada o no por el diablo, es a la interpretación del espectador, puesto que nunca vemos al niño, un misterio que se convirtió en uno de los mejores del cine. Sin embargo, Rosemary’s Baby inspiró todo un estilo de películas que narran historias humanas cotidianas representadas de manera terrorífica, como The Exorcist y The Omen, e incluso cintas de terror más recientes como The Witch y Hereditary.

La atmósfera de terror de la película resulta incluso más perturbadora si nos fijamos en los trágicos eventos que sucedieron a la cinta. Un año después del estreno de Rosemary’s Baby, la esposa embarazada del director Roman Polanski y su hijo nonato fueron asesinados por el culto de Charles Manson, y en 1980, John Lennon fue asesinado en el mismo edificio de apartamentos en el que fueron filmadas las escenas de la película. Estos extraños, pero verídicos eventos refuerzan la idea de que, si la idea de tener el hijo del diablo suena algo rocambolesca, el concepto es algo muy familiar. Al igual que Rosemary, todos estamos atrapados en un apartamento, una casa, una sociedad y un cuerpo, que eventualmente se vuelven en nuestra contra y nos arrebatan el poder.

Acerca de Maximiliano Núñez 99 Articles
Escritor ocasional, aficionado al arte y amante del cine independiente.

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