‘El Repostero de Berlín’, un delicioso retrato del amor, la pérdida y la religión

Tim Kalkhof in The Cakemaker (2017)

Con un minimalismo narrativo sincero y afectuoso, el director israelí Ofir Raul Graizer sella su ópera prima, El Repostero de Berlín, un largometraje en el que las miradas, caricias, sabores y texturas valen más que mil palabras. La cinta sigue a Thomas (Tim Kalkhof), un introvertido repostero alemán que comienza una relación afectiva con Oren (Roy Miller), un ingeniero casado que visita la ciudad de Berlín habitualmente. Cuando Oren muere trágicamente en un accidente automovilístico, Thomas se muda a Jerusalén, donde se infiltra en la vida de Anat (Sarah Adler), la viuda de Oren, quien lo contrata como limpiador de su cafetería.

Graizer hace un espléndido trabajo en llevar su película a lugares frescos e inesperados, con una dulzura que acompaña, pero no empalaga. Cada escena se toma el tiempo necesario para componer las características de los distintos personajes, donde la ausencia de diálogos es imperceptible. En lugar de eso, Graizer deja que los silencios, las miradas y los movimientos hablen por sí solos. Como espectadores, vemos situaciones moralmente debatibles, pero que están unidas al intenso dolor de la pérdida sufrida por ambas partes. Los dos actores protagónicos, Kalkhof y Adler, se complementan con una naturalidad espléndida en donde incluso su apariencia física genera tensión en cada escena que se encuentran.

La comida también es un personaje más en la película. Ya sean las deliciosas galletas de Thomas que Oren acostumbraba a obsequiar a su esposa tras cada viaje a Berlín, o el pastel de Selva Negra que Oren y Anat disfrutaron en tiempos muy distintos, cada postre representa un elemento distinto en la relación entre Oren y Thomas, y la de éste con Anat, aunque siempre están acompañados del recuerdo y la nostalgia.

Así mismo, la religión juega un papel muy importante en la historia. La nacionalidad de Thomas no es muy bien vista por la familia de Anat, considerando que no es judío y no prepara comida kosher. Estas son solo algunas de las dificultades que Thomas y Anat enfrentan en la cafetería, pero funcionan como un medio para unirlos hasta un punto sin retorno.

Si bien la gran interrogante planteada al inicio aumenta a medida que la historia avanza (¿Cómo descubrirá Anat de que su esposo y Thomas eran amantes, y que hará?), la cinta retrata vívidamente todo lo que se experimenta durante la tragedia, el duelo y la pérdida, y la única manera de sobrellevarlo: en compañía de alguien más. El Repostero de Berlín, al igual que las galletas de Thomas, está cocinada con unos pocos ingredientes sencillos, pero su esencia y sabor están en la preparación.

Acerca de Maximiliano Núñez 107 Articles
Estudiante de comunicación. Escritor ocasional, aficionado al arte y amante del cine independiente.

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