‘White Rabbit’, la dura vida de una artista callejera

Cuando termine el año y se coronen las mejores películas, la comedia Always Be My Maybe debería estar en muchas listas por lo refrescante y simpática que es, aunque la mayoría de los que la vieron no dejaron de hablar del inolvidable cameo de Keanu Reeves, que es su mejor trabajo actoral en décadas. Yo no tengo nada que aportar a esa narrativa, ya que si abren cualquier red social en estos días podrán ver que Reeves aparece cada dos o tres publicaciones (no me quejo para nada), pero sí quiero rescatar a uno de los rostros secundarios de la película, Vivian Bang, quien interpreta a Jenny, la novia de Randall Park. Jenny es una mujer excéntrica con pensamientos bohemios, aunque la película la retrata con cierto cinismo, burlándose de sus decisiones y su estilo de vida. Bang consigue que su papel sea entrañable en su ingenuidad, y parece luchar contra la intención irónica de su personaje, lo que me llevó a buscar otros trabajos de la actriz.

En el 2018, Bang protagonizó la comedia indie White Rabbit, la cual fue toda una sensación en Sundance pero luego de eso pasó mayormente desapercibida. Allí interpreta a Sophia, una mujer que vive realizando acciones artísticas improvisadas en diferentes sitios de Los Angeles. Al inicio de la película la vemos ingresar a un supermercado local vestida con un enterizo de trabajo, una peluca rubia platinada, y equipada con un micrófono y un amplificador portátil. Se ubica en el medio del negocio y empieza a contar una historia acerca de cómo llegó con su marido al país hace muchos años con la promesa de una vida mejor, y todos los sacrificios que tuvo que hacer en el camino para conseguir sus objetivos, aunque luego de llegar a las metas propuestas, siguió trabajando para mantener ese estado. Su monólogo con un inglés quebrado capta la atención de los presentes, aunque la cámara se queda más tiempo con ella, sin mucho interés en las reacciones de los demás. Su performance es para el espectador de la película más que para los clientes del negocio.

Esa historia que cuenta tampoco es suya, pero podría serlo. Sophia habla sobre la dificultad que enfrentan los inmigrantes asiáticos en suelo norteamericano. En otro momento posterior en la película, lleva a cabo su performance en una plaza hablando sobre las injusticias raciales de los Disturbios de la ciudad en 1992, y una mujer afroamericana se le acerca para debatir al respecto. Sophia queda inmediatamente encantada con ella, tal vez por su actitud, o quizás porque es la primera persona que se le acerca después de una performance. En ningún momento al principio de la película se muestra que ella recibe alguna especie de donación por parte de los presentes, así que entendemos que su faceta como artista es el lado menos satisfactorio de su vida. Sin embargo, ella se mantiene fiel a su estilo, sin cambiar el esquema solamente porque no le está funcionando.

Estas situaciones son presentadas con una cámara simple que se enfoca por completo en ella, dejando que la comedia fluya a través de la incomodidad y la extravagancia que ostenta sin disculpas, pero no son las únicas actividades que realiza tratando de surgir de alguna forma. Al regresar a su casa, se quita la peluca, el maquillaje, y hunde su cara en una montaña de Cheetos para hacer un video para su cuenta de YouTube, también con la intención de conseguir su espacio con una actitud difícil de catalogar. Jamás pierde el espíritu y el aire de jovialidad que la acompaña, ni siquiera cuando trabaja como TaskRabbit, una aplicación que se usa para contratar personas habilidosas en tareas específicas, y es solicitada por una mamá para organizar de forma obsesiva los juguetes de su hijo, aunque la señora la obliga a hacer un par de tareas de niñera y empleada doméstica, muy a su pesar.

El director Daryl Wein entiende que la película es, por sobre toda esta historia, un vehículo para la actriz, y Bang realmente consigue que sea fácil adorarla, inclusive cuando la trama no tiene un rumbo fijo y no se compromete con un desarrollo convencional. Hay muy poco de convencional en Sophia, y la actriz aprovecha también no solo para contar una historia sobre lo difícil que es ser una artista independiente, sino también un poco sobre la gastada tendencia hollywoodense de encasillar a actores extranjeros. Luego de subir uno de sus extraños videos, es contactada por un hombre que dice tener la intención de hacer una película con ella, pero termina siendo alguien que solo quiere explotar su herencia cultural, algo que seguramente le habrá pasado a Bang (y al noventa por ciento de los actores y actrices orientales) en algún punto de su carrera. Es un poco irónico viniendo de un director blanco, pero toda la situación se siente sincera por parte de Bang.

White Rabbit no es como ninguna comedia indie comercial que suele llegar a la cartelera local o que se consigue fácilmente en las plataformas de streaming más populares. No sigue una fórmula tradicional, aunque se detecta un progreso en los conflictos que se van sumando a la vida de la protagonista y un final esperanzador dentro del caos que puede ser el estilo de vida que lleva, además del enamoramiento no correspondido que expone su vulnerabilidad y su soledad. La trama puede no ser sólida o profunda, pero Bang es una verdadera joya que conquista con mucha ternura.

Acerca de Emmanuel Báez 2651 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz. Primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, miembro de la asociación Cinema23 del Premio Iberoamericano de Cine Fénix.

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