‘Un Viaje en el Tiempo’, una aventura insípida

Tenía muchas ganas de leer la novela original de Madeleine L’Engle antes de que llegara la adaptación de Disney porque todo lo que alcanzaba a leer acerca del material es que es considerado uno de los libros más difíciles de adaptar. La película dirigida por Ava DuVernay tal vez sea testamento de eso, ya que es una obra inconsistente con un cimiento de conceptos muy interesantes pero una ejecución que carece de fuerza en todos los sentidos. Un Viaje en el Tiempo es el Tomorrowland del 2018: una película con mucho potencial, pero que no concreta ninguna idea porque no logra conectar entre sus partes más memorables, y es una verdadera pena, porque podría haber sido fácilmente una buena adición en el cine familiar.

Le voy a dar crédito donde lo merece: no creo que sea una película de sencilla digestión para los más chicos, a pesar de que no es narrativamente atractiva, sí tiene una belleza visual que no es típica en este tipo de obras de aventura y fantasía, donde la odisea del héroe de turno es, por lo general, bastante lineal, y hay un villano bien definido y unidimensional que sirve al protagonista simplemente para que este descubra sus capacidades y aprenda a usarlos. Acá hay un mensaje acerca del poder del mal sobre el ser humano, pero el mal de forma abstracta, la maldad misma, y como esta puede presentarse de muchas maneras, ya sea un sentimiento negativo o un padre abandonando a su familia. Se presta a conversaciones relevantes, pero sus temas son universales, así que es fácil dejar de lado el producto final.

La trama sigue a Meg (Storm Reid), una adolescente que, tras cuatro años de la desaparición de su padre, sigue enfrentando el fantasma de su ausencia con actitud rebelde e indiferente. Una vez una niña aplicada y responsable, Meg ahora deambula por los pasillos de su escuela soportando el bullying de las «chicas populares» y a su hermano adoptivo Charles Wallace (Deric McCabe), que demuestra una madurez emocional atípica para su edad. En casa, su madre (Gugu Mbatha-Raw) maneja la familia con cariño y devoción, a pesar de que la partida de su marido también la acosa constantemente por la falta de resolución. Todo eso cambia cuando aparece en la casa la Sra. Qué (Reese Witherspoon), que revela de a poco la posibilidad de viajar a través del tiempo y el espacio, con lo cual Meg, su nuevo amigo Calvin (Levi Miller), y Charles, se embarcan en un viaje a través del universo para encontrarse de vuelta con su padre.

A partir de entonces la película está compuesta por una serie de secuencias que prometen un desarrollo fantástico, pero todas quedan a medias en emoción y, después de media hora, ya son bastante repetitivas. DuVernay es buena estableciendo situaciones, pero la forma en la que lleva adelante su historia es decepcionante, resultando en escenas inconexas que tienen poco o nada de progreso como para que algo sustancial las vaya uniendo. Hay una secuencia genial en el que los tres chicos se encuentran en una calle suburbana rodeados de niños que hacen rebotar una pelota al unísono, y luego son recibidos por sus madres, que también hablan al mismo tiempo, invitándolos a pasar. Es como la apertura de un episodio de Twilight Zone, pero tiene un desenlace anticlimático que se roba al espectador la tensión mucho antes de que este empiece a embargarlo. Cuando los tres chicos se meten en lo más profundo de la odisea, son advertidos de que estarán en un lugar engañoso, pero el concepto jamás es aprovechado y el viaje se termina antes de haber empezado.

Los personajes tampoco son los más memorables como para que al menos estos carguen con la aventura a pesar de sus falencias. Mindy Kaling interpreta a la Sra. Quién, que solamente se comunica a través de frases de personas famosas como Buda o Gandi, lo que se vuelve rápidamente cansino por lo evidente del remate: en algún momento de la película, reacciona con frases o exclamaciones de artistas pop contemporáneos. Oprah Winfrey interpreta a la Sra. Cuál, supuestamente la más poderosa de las tres entidades (que no recuerdo exactamente si llegaron a explicar su procedencia o su propósito, más allá de que «escucharon un llamado de auxilio»), pero que no demuestra ninguna habilidad superior a las otras dos, aparte de poder aparecerse con un tamaño descomunal en el patio trasero de la casa de Meg. Todos sabemos que su personaje se presenta de esa manera simplemente por ser Oprah. Más allá de eso, es tan insípida como las demás.

Chris Pine interpreta al padre de Meg, y es una adición bienvenida al elenco porque encaja perfectamente con el rol del padre desesperado, con un porte cada vez más clásico y una interpretación convincentemente moderada. Al contrario, el chico McCabe cae en lo irritante intentando ser el típico niño superdotado, sobre expresivo, y con una personalidad bien distinguida al resto, lo cual no sé por qué se traduce en un ademán semi afeminado demasiado obvio como para tomarlo en serio. Esto es particularmente problemático porque es un personaje vital en la trama, y su actuación es simplemente amateur.

Como dije, Un Viaje en el Tiempo tiene ideas visuales que resultan impresionantes de forma aislada. El viaje de Meg a través del universo está conformado por algunos setpieces grandiosos y muy ingeniosos, especialmente cuando ingresan a Camazotz, el planeta donde habita toda la maldad y oscuridad del universo. El problema es que la trama salta de un lugar a otro con muy poca sensación de progreso o crecimiento para los personajes, y lo que queda son imágenes hermosas sobrecargadas de efectos especiales sin mucha emoción. Aplaudo la intención de DuVernay de introducir una guerrera afroamericana adolescente capaz de resolver los conflictos por sí sola, y cuya determinación y valentía pueden ser una inspiración. Sin embargo, la película no deja de sentirse genérica y la suma de sus partes no equivale a una aventura que valga la pena recordar.

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Acerca de Emmanuel Báez 2668 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz. Primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, miembro de la asociación Cinema23 del Premio Iberoamericano de Cine Fénix.

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