‘Toy Story 4’ es la más divertida, extraña, y existencial de la saga

Desde el inicio de Toy Story 4 se hace evidente que esta es una película muy diferente a las demás de la saga. Mientras que las tres películas anteriores iniciaban con Andy disfrutando de sus juguetes, esta empieza con un flaskback donde vemos a Woody despedirse de Bo Peep antes de que ella sea llevada por un extraño sujeto recogiendo juguetes para alguien más. Durante un breve momento, Woody duda sobre si quedarse con Andy o escaparse con ella, pero luego escucha la voz de su niño buscándolo en medio de una fuerte tormenta, y entiende que su tiempo con el pequeño todavía está lejos de terminar. La sola idea de vivir sin un niño a quien pertenecer y cuidar es algo que Woody nunca había imaginado, pero casi una década después, las cosas son muy distintas.

En la habitación de Bonnie -a quien Woody y sus amigos pertenecen ahora que Andy fue a la Universidad- no hay tanto juego como él recordaba. Bonnie prefiere jugar con Jessie, y las aventuras que ella fantasea son diferentes a las odiseas de Andy, por lo que las habilidades del comisario no son necesitadas. A pesar del notable miedo que empieza a dibujarse en su tierno rostro, Woody se muestra despreocupado, y se mantiene ocupado ayudando a alguien más o asegurándose de que Bonnie esté bien. A veces olvida que ya no es el líder del grupo completo, sino que es parte de los nuevos juguetes de Bonnie, los cuales ya tenían a alguien más como encargado. Después de mucho tiempo, parece que su propósito está llegando a su final, y no sabe exactamente cómo reaccionar.

Si bien las películas anteriores de Toy Story ya encararon el tema de la función del juguete de distintas maneras, esta cuarta aventura -escrita por Stephany Folsom y Andrew Stanton y dirigida por Josh Cooley– se pone más existencial, preguntándose qué ocurre cuando se llega al final de un ciclo y cuando los deseos internos no coinciden con los designios impuestos por terceros, ya sea la fabricación o la presión social. Para hablar sobre estas cuestiones se introduce a un nuevo juguete llamado Forky, el cual es creado por Bonnie en su primer día de jardín de infantes. Elaborado con un utensilio de plástico, un par de ojos saltones de juguete, un palito de helado, y otros elementos mundanos, Forky cobra vida luego de que Bonnie juegue con él y lo lleve a su casa. Sin embargo, la primera reacción de Forky es exclamar que él es basura y que es ahí donde pertenece, ya que su función es servir para comer y nada más. Durante una serie de escenas simpáticas al son de una nueva profunda canción firmada por Randy Newman, Woody no descansa para evitar que Forky se tire a la basura.

Por supuesto, como en la mayoría de las películas de Pixar, hay mucho subtexto debajo del texto. La angustia existencial se da de distintas formas en esta cuarta aventura. Por un lado tenemos a Forky, que apenas empieza a existir y está convencido de que ya cumplió su propósito, por lo que no le encuentra razón a su repentina conciencia, y por el otro lado está Woody, que ya vivió demasiado y no es capaz de aceptar que llegó al final de su camino porque cree que no hay nada más después de esa gran historia. La dinámica que se da entre ambos da para un montón de situaciones hilarantes, pero también introspectivas. Una secuencia más que entrañable pone a ambos personajes a caminar durante largo rato en la carretera y la película no tiene miedo de quedarse con ellos el tiempo suficiente mientras dialogan sobre sus naturalezas y motivaciones.

El punto de inflexión llega de la mano de Bo Beep (Annie Potts), a quien Woody encuentra en un parque en un viaje de la familia de Bonnie. El comisario se sorprende al ver que la pastorcita que alguna vez conoció ahora es una aventurera empoderada que se deleita con la vida en libertad, sin albergar ninguna clase de rencor por las dificultades del pasado. Primeramente solicita su ayuda para recuperar a Forky de las manos de Gabby Gabby, una muñeca antigua que vive encerrada en una tienda de antigüedades, y que no descansará hasta conseguir lo que desea. Sin embargo, reencontrarse con Bo Beep le abrirá a la posibilidad de que todavía hay vida después de haber cumplido su propósito, despertando más conflictos internos con los cuales no podrá descansar, teniendo que aceptar que, aunque esta aventura es sobre su transformación, no siempre puede ser el líder de la misión.

Otro de los puntos que hacen que esta cuarta entrega se sienta fresca es la figura de Gabby Gabby (Christina Hendricks), que al principio es presentada como la nueva villana (los niños saltarán de sus butacas con sus secuaces, unos aterradores muñecos de ventrílocuo), pero luego se toma su tiempo para ofrecer su argumento, dejando ver que es una antagonista cuyas motivaciones son igual de nobles que las de Woody. Es cierto que aprovecha alguna que otra situación para manipular al vaquero, pero su trágica historia no alteró demasiado su esencia (a diferencia de Lotso en Toy Story 3), y después de más de cincuenta años de existir, sigue alojando la esperanza de que alguna niña juegue con ella.

Todos los personajes que intervienen tienen algo que decir acerca de los ciclos de la vida, incluyendo los más secundarios como el temerario Duke Kaboom (Keanu Reeves), un motociclista de riesgo que fue abandonado apenas salió de su caja, además de los geniales Bunny (Jordan Peele) y Ducky (Keegan-Michael Key), dos peluches unidos que solo desean conocer el tierno calor de un humano. Después de casi veinticinco años, escuchar a Woody con la voz de Tom Hanks y a Buzz con la voz de Tim Allen es como escuchar a dos viejos amigos que jamás se cansan de pasear juntos. Si bien Toy Story 3 funciona como la culminación de la historia de Andy y los juguetes en general, esta cuarta película es la despedida de Woody y Buzz, un homenaje a la amistad de ambos, y un faro de esperanza que nos recuerda que siempre hay más luz al final del túnel.

Acerca de Emmanuel Báez 2655 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz. Primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, miembro de la asociación Cinema23 del Premio Iberoamericano de Cine Fénix.

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