‘The Rider’ es un devastador drama que maravilla por su realismo

Hay un sentido de realismo fortuito cuando me adentro en The Rider. Los dramas íntimos suelen evocar una sensación similar, pero siempre limitada a la ficción del cine. Los paisajes rurales cantan alguna balada clásica estadounidense sobre vaqueros y caballos, y el cielo dibuja emociones calladas. Es un ambiente etéreo y masculino, más sorprende que provenga de la mente de Chloé Zhao, una directora china radicada en los Estados Unidos. Desde el primer momento en que ponemos los ojos en esta cinta, el naturalismo se desenvuelve frente a la cámara y nos deja entrever una historia extraordinaria.

Tal vez el logro más significativo de este largometraje independiente es que la realidad y la ficción no se distinguen una vez que comienza. Los personajes de esta historia existen fuera de la ficción, e interpretan unas versiones idénticas de ellos mismos. Brady Jandreu era un ordinario jinete de rodeo cuando Zhao decidió que él mismo se convertiría en Brady, el personaje titular de la película. Al igual que Jandreu, Brady vive con su hermana Lilly, una adorable niña con problemas de aprendizaje, y su padre Tim, un alcohólico adicto a las apuestas (ambos personajes también son interpretados por sus versiones verídicas, Lilly y Tim Jandreu) en Dakota del Sur. Brady se recupera de un grave accidente en la cabeza que le imposibilita volver al rodeo por el momento – o es lo que él cree – y pasa los días con sus amigos vaqueros, añorando el momento en el que pueda volver a montar un caballo de rodeo.

Hay otro personaje cuya relevancia está muy clara desde el principio, y ése es Lane Scott (interpretado por él mismo), el mejor amigo de Brady. Scott quedó severamente discapacitado luego de una caída, y su único método de comunicación consiste en hacer señales con una mano. Brady lo visita con regularidad, pues una parte de él parece recordarle lo afortunado que fue al seguir ileso, en comparación con Scott, después de su accidente. La monotonía de su vida cotidiana amenaza con sumirlo en una intensa depresión, y poco a poco Brady vuelve a entrenar caballos y montarlos, con la esperanza de que su lesión no sea más que un peñasco en el camino de vuelta a los rodeos.

No hay un solo momento en The Rider que se sienta forzado o fuera de lugar. La cámara de Zhao sabe con exactitud donde ubicarse para no ser intrusiva, de modo que nos sumergimos por completo la historia de Brady, su familia y sus amigos. Con un estilo que roza el formato documental, entramos y salimos de la película intactos, pero con los sentimientos que evoca marcados en lo profundo del corazón.

Con Brady, Zhao nos entrega una nueva forma de masculinidad, una que fue criada con los rasgos más conservadores del machismo, pero que siente, piensa y evoluciona en un contexto cerrado. Es la vulnerabilidad del protagonista ante la que caigo rendido, que solo es concebible al recordar que Jandreu no es un actor, y por lo tanto no está actuando; está viviendo su propia historia ante nuestros ojos. Quedé maravillado ante las escenas en las que Brady entrenaba a los caballos para montarlos (vi la película sin conocer ningún detalle previo) y realiza todas sus tomas con una naturalidad insólita. Lo mismo puede decirse de los demás integrantes de esta historia.

«Creo que Dios nos da a cada uno un propósito» dice Brady en un momento decisivo de la película. «Para el caballo, es correr por la pradera. Para el vaquero, es montar». Todos tenemos algo que nos apasiona en la vida, algo que sentimos que estamos destinados a lograr. Chloé Zhao no pretende mostrarnos una historia orientada a ‘los sueños se hacen realidad si te esfuerzas lo suficiente’. En lugar de eso, observamos la singularidad de las vueltas de la vida en un película que, sencillamente, es la máxima experiencia cinematográfica. Aunque no puedo identificarme por completo con la historia de Brady, el dolor, la pérdida y la belleza de The Rider se quedaron conmigo, y permanecerán allí por un largo tiempo.

Acerca de Maximiliano Núñez 129 Articles
Redactor y crítico de cine. Amante del cine independiente.

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