‘The Outsider’, una de yakuzas con Jared Leto que aburre desde el principio

Tras veinte minutos de The Outsider, me seguía preguntando por qué razón debería importarme lo que hacía el personaje de Jared Leto, o por qué estaba dónde estaba. Hasta ese entonces, Nick apenas tiene dos o tres líneas de diálogo, y Leto se la pasa mirando hacia el horizonte con los ojos bien abiertos pretendiendo lucir misterioso con una fotografía rojo neón bien fuerte que brilla en su mirada. La segunda vez que dice algo, hace un chiste acerca de un pingüino que entra a un bar, y uno de los yakuza que está en el grupo traduce el chiste para los demás, diciéndoles que se rían a pesar de no haberlo entendido. Esa escena resume perfectamente la película dirigida por Martin Zandvliet y producida por Netflix, que sigue sumando títulos insulsos en lo que parece ser un juego de azar cada vez más soporífero. Solo hace unos días estrenaban Mute, de Duncan Jones, y esa película resultó ser tan mala que ni siquiera pude juntar el coraje para escribir sobre la misma. Esta propuesta de mafiosos japoneses tiene una sola intención, ser «cool», y es algo que no lo logra ni por asomo.

Dejando de lado el hecho de que es otra película acerca de un «americano blanco» que se mete en una organización internacional y va subiendo peldaños siendo mejor que todos, es una obra que simplemente no tiene por dónde sostenerse porque es una historia de yakuzas y legados de familia que ya se vio en mejores trabajos, y que no ofrece nada más aparte de eso para destacarse. Y si vamos a tener en cuenta a Leto, tiene un protagonista blando, que no genera ningún interés, y que por alguna razón decide esconder su pasado, lo cual no ayuda con un actor que quiere generar algo con una única expresión y una entrega neutra, apagada, demasiado alienígena como para encontrarle algo en la mirada que no sea simple aburrimiento. Cada vez se hace más difícil creer que hace unos años le dieron un Óscar por su magnífica interpretación en Dallas Buyers Club.

Los fanáticos del cine de mafiosos tendrán alguno que otro premio. Hay algunas escenas de acción bien sangrientas e impactantes, como una donde Nick entrega un mensaje al jefe del puerto en Osaka, en la forma de una máquina de escribir que usa para aplastarle la cabeza cuatro o cinco veces. Momentos después el diálogo arruina por completo el impacto porque Nick le dice a su jefe «que sobrevivirá». El guion está repleto de situaciones absurdas que parecen escritas por alguien que vio una sola película de gángsters en su vida, y apenas mantiene un desarrollo coherente como para generar el más mínimo interés en lo que ocurre. Si aceptamos por un momento la historia del «salvador blanco», que por alguna razón decide meterse de lleno en el mundo de los yakuza, igualmente resulta anodino porque pasa de una escena a otra de hablar poco o nada en japonés a defenderse perfectamente en una conversación larga, así como de ser un soldado desertor a pelear con gran destreza con una katana.

Por cierto, de la misma forma que revelé en el tercer párrafo que Nick es un desertor norteamericano de la Segunda Guerra Mundial, la película también lo revela después de una hora. El problema es que no ofrece en ningún momento alguna razón para ese misterio, probablemente uno de los más insípidos desde que Charlize Theron reveló que era hija de Peter Weyland en el tercer acto de Prometheus. No es como que su personaje haya cometido algún crimen insólito en las filas militares y esté buscando redención o que, a través de su conocimiento de la cultura japonesa, comprenda acerca de los horrores de la guerra cometidos por su propia nación. La idea es simplemente hacerlo «cool», enigmático, con el objetivo de resaltar el hecho de que es un forastero, un gaijin que no tiene cabida en la familia japonesa que acaba de adoptarlo sin pensarlo mejor.

Esta pandilla oriental tiene una trama mucho más interesante que podría haber funcionado por sí sola sin necesidad de un personaje occidental. Básicamente hay dos familias luchando por el poder en Osaka, y Nick termina en el grupo Shiramatsu, liderado por Akihiro (Min Tanaka), un anciano que no acepta el progreso, y rápidamente va perdiendo terreno en una ciudad que va abrazando la tecnología. El genial Tadanobu Asano (Ichi The Killer, Zatoichi) interpreta a Kiyoshi, quien es el responsable de haber traído a Nick a la familia y se convierte en su mentor, y cuya hermana Miyu (Shioli Kutsuna) lo enamora casi instantáneamente, siendo la damisela en apuros de la historia. Veo en estos hermanos un relato mucho más interesante de familia en medio de una irremediable debacle, pero los dos no son más que figuras unidimensionales en una producción que seguramente existe porque fue vendida como «una de mafiosos japoneses con Jared Leto».

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Total: 5 Promedio: 3.2
Acerca de Emmanuel Báez 2662 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz. Primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, miembro de la asociación Cinema23 del Premio Iberoamericano de Cine Fénix.

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