‘The Nightingale’ es un cuento de horror brutal y sangriento

Durante la historia de la humanidad, siempre han existido dos lados o versiones de cada acontecimiento, y generalmente uno de ellos favorece a un bando determinado que se ha establecido en el tiempo y el espacio como ‘el lado bueno’, y otro relato menos favorecedor que, tal vez porque no sea tan agradable de escuchar, es menos conocido, pero no por eso menos importante. En la cronología histórica de las grandes naciones del mundo, esta ambigüedad en la narración de los sucesos es casi inexistente, pues la gente tiende a hacer la vista gorda a ciertas acciones o decisiones que tomaron – o siguen tomando – sus líderes, a cambio de seguir admirando o dependiendo de innumerables aspectos de su cultura, sociedad, política y economía. El segundo filme de la australiana Jennifer Kent pinta un despiadado y angustioso retrato que se dibuja del otro lado de la brutal colonización británica que tuvo lugar en Van Damien’s Land (actual isla de Tasmania) durante la Guerra Negra, un sangriento conflicto guerrillero desatado por los colonizadores británicos que casi acabó con la población indígena de la isla.

The Nightingale sigue a Clare Carroll (Aisling Franciosi) una convicta irlandesa que sirve a una unidad varada del ejército británico comandada por el teniente Hakwins (Sam Claffin), quien abusa y maltrata de ella, pero al mismo tiempo es la única persona que puede anular su condena.  Decidida a encontrar libertad por su cuenta, Clare planea un escape junto a su esposo Aidan (Michael Sheasby) y su hija recién nacida, pero Hakwins, al enterarse de esto, pierde los estribos y junto un par de camaradas, violan a Clare y asesinan a su familia en una de las escenas más brutales filmadas en el cine en los últimos años. Tomada por muerta, Clare contrata a un nativo llamado Billy (Baykali Ganambarr) para que la guíe a través de la impenetrable jungla australiana y vengarse de los responsables de su pérdida.

Bien parecida a The Babadook (2014), la meritoria ópera prima de Kent, la cinta también persigue a un par de protagonistas que buscan escapar de las horribles situaciones en las que parecen encontrarse atrapados. Sin embargo, The Nightingale exhibe un tipo de horror distinto, más visceral, duro e inhumano, pero no por eso menos efectivo y ciertamente, no menos real. Kent despliega sus hábiles dotes cinematográficos para ejecutar con escalofriante claridad los horrores de la colonización británica, y, con la misma intensidad, el recorrido de los personajes a través de la vasta selva, cuya lóbrega atmósfera logra el mismo efecto claustrofóbico y agobiante que las fachadas expresionistas en The Babadook.

Este horror es plasmado a través de las magníficas interpretaciones de Franciosi y Ganambarr, quiénes interpretan a Clare y Billy. Enfrentados a ceder a una relación más cercana por distintos motivos – el racismo de ella y los prejuicios de él – eventualmente se encuentran del mismo lado, unidos por el sentimiento de venganza proveniente del sufrimiento que ambos vivieron a mano de los hombres blancos.  Y si bien la venganza pocas veces tiene los resultados esperados, la cinta se guarda varias sorpresas para el final. Sam Claffin y Damon Herriman también realizan una labor loable al dibujar sus despreciables personajes, pero la parte más notoria del elenco tal vez sean los verdaderos aborígenes que supervisaron y participaron de la cinta, en la que se habla Palawa Kani, un dialecto reconstruido de las lenguas nativas casi extintas en Tasmania, siendo la primera película en la historia en hacerlo.

Pero Kent no se limita a contar un simple cuento de venganza, y por eso The Nightingale es una película mucho más difícil de digerir. No solo por las horrorosas escenas de violencia sexual, que son plasmadas con mucha crudeza y que causaron una que otra controversia para la película, sino también por la conmoción que produce la existencia de una ficción tan cercana a la realidad. Australia es solo uno de los numerosos países cuya población nativa sufrió a manos de conquistadores y colonizadores europeos, que dejaron distintos niveles de bajas, desde el mestizaje a través de violaciones hasta su aniquilación total. Y si bien la cinta se desarrolla a principios del siglo XIX, la discriminación a los aborígenes y la violencia contra la mujer no están para nada lejos de nuestros tiempos. The Nightingale tal vez sea una película violenta y fuerte, pero es más que necesaria en una sociedad que parece haber olvidado donde están sus orígenes.

Acerca de Maximiliano Núñez 110 Articles
Estudiante de comunicación. Escritor ocasional, aficionado al arte y amante del cine independiente.

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