‘The Lighthouse’, un delirante relato con profuso surrealismo y locura

Tras la Primera Revolución Industrial a mediados del siglo XVIII las artes en general sufrieron un intenso proceso de reconstrucción estructural, en el que se adaptaron a un público menos culto pero mucho más rentable. El cine nace como producto de esta masificación cultural, por lo cual es y siempre ha sido un medio masivo de comunicación. Sin embargo, gracias a los trabajos de Buñuel, Tarkovsky, Bergman y otros cuántos cineastas que rechazaron las convenciones populares, el cine consiguió escapar de la limitada creatividad narrativa establecida en sus inicios hasta escalar en la cima de la denominada alta cultura. Entre el cine de Buñuel y el de, digamos, Steven Spielberg, existe una amplia gama de ideas y desarrollos que van desde lo más artístico hasta lo puramente comercial, y así también existen directores cuyas obras extraen ciertas características propias del cine mainstream –como la participación de actores masificados– sin comprometer la calidad distintiva del cine arte, en donde se refugia una audiencia cada vez más grande ante la palpable monotonía de las películas comerciales.

The Lighthouse cae directamente en medio de esos extremos. Protagonizada por Robert Pattinson, uno de los actores más rentables de Hollywood actualmente, y Willem Dafoe, la segunda película de Robert Eggers está directamente influenciada por David Lynch, pues evidencia, una vez más, que es posible realizar una obra que desafíe la lógica del espectador y ofrezca más preguntas que respuestas, y aun así, complacer y fascinar a una audiencia masiva. La cinta nos transporta a finales del siglo XIX, en un faro construido sobre una remota isla en donde Ephraim Winslow (Pattinson) es contratado como farero durante un mes, bajo la supervisión del irritable Thomas Wake (Dafoe). Ambos hombres se enfrentan a la locura y el aislamiento cuando una larga tormenta les impide que salgan del lugar.

Al igual que su ópera prima, la aclamada The Witch (2015), el diálogo es muy propio de la época, casi poético, pero no existen espacios entre las ideas y las entonaciones, que en manos de cualquier otro director resultarían cómicas, son casi teatrales, pero no recurren al melodrama. Por supuesto, gran parte del crédito lo tienen Pattinson y Dafoe, quiénes brindan las mejores interpretaciones de sus carreras hasta el momento. Ambos personajes están perfectamente caracterizados; desde las incómodas flatulencias de Thomas hasta las surrealistas sesiones de masturbación de Ephraim, los dos hombres son guiados por las supersticiones, los rencores y la necesidad de compañía ante el extenuante desamparo, que desemboca en una inevitable relación afectiva que ambos intentan negar. Y en un escenario cinematográfico en el que directores como Martin Scorsese o Guy Ritchie se empeñan en dar protagonismo a un modelo de masculinidad obsoleto en pleno siglo XXI, aquí Eggers explora la compleja realidad de la masculinidad tóxica, permitiéndose mostrar todos los matices, desde la furia y negación hasta el sentimentalismo y la vulnerabilidad.

La película también exhibe una atemporalidad estética gracias a que fue filmada en la relación de aspecto 1.19:1, característica de la época silente. Junto con la utilización del monocromo, la minimalista puesta en escena y los elocuentes rostros de los protagonistas, Jarin Blaschke realiza uno de los trabajos fotográficos más logrados del año, pues cada toma cobra vida propia y resulta en un espléndido deleite artístico que presta mucho de Bergman y el expresionismo alemán.

Si bien la temática es más relativa que su anterior trabajo, las leyendas marítimas y la compleja metáfora enmascarada de Proteo y Prometeo (figuras mitológicas griegas) dejan rastros evidentes durante toda la película, lo que solo intensifica la prematura pero argüida declaración de que estamos frente a una de las mentes más poderosas del cine de terror actual. The Lighthouse es una extraordinaria pieza de cinematografía y pertenece entre los estándares más altos del cine arte actual. Tal vez sea demasiada presión, pero Robert Eggers lleva la antorcha que lidera el género de terror del cine americano.

Acerca de Maximiliano Núñez 134 Articles
Redactor y crítico de cine. Amante del cine independiente.

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