‘Testigo de Otro Mundo’, una historia real de encuentro OVNI y un llamado guaraní

Testigo de Otro Mundo es un emotivo documental que busca hincar en el corazón del espectador con una historia muy peculiar, pero lo que la hace triunfar es la intención noble del director Alan Stivelman, un hombre que está más interesado en la eterna búsqueda y no tanto en las resoluciones simples. Esa visión del realizador hace de esta historia un viaje muy particular que cala profundo porque no intenta imponer ninguna clase de respuesta, algo que muchos otros cineastas hubieran aprovechado sin dudar, ya que el trasfondo del relato es muy espiritual en esencia. La película se centra en la historia de Juan Pérez, un gaucho de ascendencia guaraní que, cuando tenía 12 años, experimentó un encuentro cercano con un OVNI, lo que le dejó con un trauma que no pudo resolver durante toda su vida. El proyecto nació como una secuela de su primer trabajo, Humano, con el cual consiguió éxito de crítica a nivel internacional en el 2013, y donde también se concentró más en las preguntas que en las respuestas.

Tuve la oportunidad de conocer al director para una entrevista que le hice hace unos años cuando pasó por el país para continuar con su investigación. Su optimismo con respecto a la exploración de la vida es genuino, y así también su interés por acceder a la historia a través de cuestionamientos que normalmente no nos detenemos a formular. Ese anhelo de aventura está perfectamente plasmado en el documental, que encara la intriga de Juan a través de varias aristas, que van desde lo espiritual, hasta lo antropológico, y pasando también por lo astrofísico. Stivelman se acerca a Juan con humildad, aceptándolo tal como este se presentó, creyendo su historia sin ninguna intención aparente de engaño. Juan es una persona solitaria, que vive alejado del bullicio de la ciudad, cuidando de sus animales, y durmiendo todos los días con un miedo que lo viene acompañando desde hace más de cuatro décadas.

El relato se toma su tiempo, y esa seriedad con la que el director toma las palabras de su sujeto demuestran el respeto y la admiración que siente por el tema. Las preguntas que se plantean son sumamente interesantes y tienen relación con esa búsqueda existencial que muy pocos se atreven a hacer y que, por lo general, lleva a más preguntas que respuestas. Evitando lo fácil, Stivelman prefiere centrarse en las emociones y sentimientos del gaucho, y el sufrimiento que tuvo que atravesar durante toda su vida, habiendo experimentado algo inexplicable que lo hizo sentirse más diferente de lo normal. Si bien puede parecer efectista la forma en la que el documental presenta todo el recorrido, la dirección solo acompaña a Juan, que fácilmente echa lágrimas mientras comparte sus memorias y vuelve a recordar aquel suceso que le cambió la vida a temprana edad. Las melodías sentimentalistas de fondo son apropiadas.

El viaje se torna mucho más interesante cuando el equipo se adentra en lo profundo de las localidades paraguayas de Canindeyú y Amambay, donde conversan con los líderes de las comunidades guaraníes Mbyá y Avá, quienes exponen acerca del llamado especial que recibió Juan, y cómo su vida podría haber seguido un camino más esclarecedor de haber contado con el apoyo y la guía de sus ancestros guaraníes. El documental se convierte así en un poderoso y emocionante relato de sanación tanto espiritual como psicológica que va mucho más allá del escepticismo porque también habla acerca de la indiferencia del «hombre blanco» con la naturaleza y sus pueblos originarios. Investigando al respecto me topo con un documental paraguayo titulado palabras-almas, dirigido por la antropóloga Gloria Scappini, quien también conversó con los miembros de la comunidad Mbýa Guaraní años atrás, recibiendo la misma advertencia que es lógica pura, pero que igualmente se siente como un presagio portentoso.

Sin embargo, Stivelman continúa su propia odisea con respecto a la historia de Juan, pidiendo ayuda al astrofísico Jacques Vallée (quien sirvió de inspiración a Spielberg para Encuentros Cercanos del Tercer Tipo), que ya estuvo en Argentina hace varias décadas cuando ocurrió el encuentro OVNI. En ese entonces, su caso ya fue documentado y se convirtió en un evento que atrajo a muchas partes interesadas en el área de la ufología. Vallée aporta desde su óptica más cercana a la ciencia menos ortodoxa, aunque su colaboración solamente confirma que este es uno de esos temas que no llegarán pronto a una conclusión racional. A pesar de eso, resalta en que hay que darle importancia a estos relatos y los testigos que sobreviven, en especial el caso de Juan, cuyo estilo de vida sensible debería servir como modelo a seguir en una era donde los humanos cada vez más se desconectan de sus sentimientos, sus antepasados y sus tierras. El trabajo de campo realizado es encomiable, aunque se presta para una investigación más profunda debido a la urgencia de los augurios expuestos por los líderes guaraníes.

Acompañando con una dramatización del encuentro cercano, y así también animaciones que describen otros casos ocurridos ese mismo día en zonas aledañas, se agrega más sustancia a la narración, además de una banda sonora entre tribal y mística que eleva la historia para convertirse en uno de los mejores documentales de los últimos años.

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Total: 8 Promedio: 4.9
Acerca de Emmanuel Báez 2652 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz. Primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, miembro de la asociación Cinema23 del Premio Iberoamericano de Cine Fénix.

3 Comentarios

  1. Me voló la cabeza, de verdad te hace cuestionarte y replantear muchas cosas aparte de sanar con respecto a nuestros ancestros, los guaraníes de quienes estamos tan cerca pero a la vez muy muy lejos en cuanto a sus enseñanzas y sabiduria. La historia de Juan es bellisima

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