‘Suspiria’ es una imperfecta y arriesgada obra de arte

La realización del remake de una cinta de terror siempre atrae la atención de un público que está dividido entre la indignación y el escéptico interés de ver una película relativamente antigua tomar una nueva visión que se adapte a una audiencia moderna. Los desastrosos intentos de Hollywood de reimaginar cintas de terror (Carrie, Friday the 13th, The Wicker Man, por solo nombrar algunos) le ha dado una mala fama al remake en la industria, y no es de extrañarse. Por eso, muchos vieron con malos ojos – me incluyo entre ellos – cuando Luca Guadagnino, la sensual mente brillante detrás de las joyas independientes A Bigger Splash y Call Me by Your Name anunció que realizaría su propia versión del alabado clásico de culto dirigido por Dario Argento en 1977.

Suspiria es casi la misma historia que Argento y Daria Nicolodi escribieron hace más de cuarenta años: Susie Bannion (Dakota Johnson) es una bailarina que llega desde Ohio a la Academia Tanz, en una Berlín dividida en los años 70, para enlistarse bajo la dirección de la antigua bailarina Madame Viva Blanc (Tilda Swinton), un lugar que también resulta ser un aquelarre de brujas. Pero mientras que en la cinta original esto permanecía como un misterio, Guadagnino nos revela en las primeras escenas el diabólico secreto que ocultan las profesoras de la Academia a través de Patricia (Chloë Grace Moretz), una perturbada ex alumna que es tratada por el anciano doctor Klemperer (nuevamente Tilda Swinton).

Guadagnino nos encierra en un claustrofóbico escenario impregnado de una gama de colores grisáceos y opacos para ambientar su visión de Suspiria. Lo que quiere mostrarnos está allí, pero la esencia se pierde en las distintas subtramas y tonos políticos que no parecen llegar demasiado lejos. El guion firmado por David Kajganich mantiene a casi todos los personajes en un limbo de la ambigüedad, pues sus intenciones nunca están demasiado claras y sus personalidades son poco interesantes. Los actores hacen su mejor esfuerzo en llevar adelante el frívolo desarrollo de la historia, con Swinton destacándose por sobre el resto, particularmente en el rol del doctor Klemperer, uno de los tres personajes que interpreta en la cinta.

La dirección de Guadagnino es simplemente magistral y un deleite para aquellos familiarizados con el lenguaje cinematográfico. Es su particular estilo – movimientos bruscos, intensos acercamientos y una puesta de escena sencilla y bien cuidada – lo que me convirtió en un acérrimo entusiasta de su trabajo. Suspiria tal vez no sea su mejor película, pero las secuencias de la destrucción de Olga, la embrujante danza Volk y el macabro ritual de las Tres Madres no solo ejemplifican la cumbre de la nueva ola de terror que estamos viviendo, sino también el alcance de la perfección en su labor como director.

Cabe destacar la banda sonora compuesta por el líder de Radiohead, el experimental Thom Yorke, quién ni siquiera intentó imitar el inigualable trabajo que la banda de rock progresivo Goblin realizó para la cinta original. En lugar de eso, llevó la música hacia lugares oscuros y melancólicos, donde destacan el tema del baile ‘Volk’ y la canción ‘Unmade’, sin la cual la secuencia final – una orgía de horror, sangre, danza y sexo con guiños a la original Suspiria – no sería igual.

Más que cualquier otra cosa, se podría decir que Suspiria es un remake feminista que nos habla acerca de la maternidad. Esta aclaración sería la única justificación de la infructuosa intromisión del agitado ambiente político y misógino que respiraba Berlín en ese entonces, como un contraste del poderío femenino que surge en la Academia Tanz. No obstante, la película nunca expone que las mujeres en el poder tienden a contraer un comportamiento perverso, sino que cualquier persona, hombre o mujer, es capaz de ello. En lugar de centrarse en la sexualidad femenina, Guadagnino explora y analiza el poder de la maternidad. Madame Blanc no solo elige a Susie como su favorita, sino que ve más allá de su potencial como un medio para salvaguardar su arte y su legado, que es, más o menos, lo que todas nuestras madres esperan de nosotros.

Pese a todos sus defectos, es innegable que Suspiria es una obra de arte en casi todos los sentidos. En una década en la que el terror ha renacido en el cine independiente, con una visión más artística y menos mainstream, es adecuado que Suspiria haya esperado renacer después de tantos años bajo la dirección correcta. Si es mejor o peor que la original, es cuestión de cada uno – yo me quedo con la versión de Argento – pero la realización de un remake que no solo homenajea de manera excepcional a su antecesora, sino también que encuentra su propio legado como futura película de culto, es algo digno de celebrar.

Acerca de Maximiliano Núñez 99 Articles
Escritor ocasional, aficionado al arte y amante del cine independiente.

2 Comentarios

  1. El remake de Viernes 13 es mejor que todas las peliculas anteriores juntas. Peliculas mediocres tirando a malas en su mayoria salvo alguna excepcion como la 4.

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