‘Sputnik’ es un decente film ruso de terror que se siente muy derivado

Hay varios temas políticos interesantes escondidos bajo la superficie de este film ruso de terror, pero solo funcionan como la base para una historia genérica que no logra despegar a pesar de coquetear con los engaños del régimen de la época. La primera película del director Egor Abramenko funciona mejor cuando es un homenaje a clásicos del género como Alien, y cuando busca aportar a la galería de monstruos del tipo B, apuntando al pavor y la conmoción con una ejecución efectiva. El trasfondo de la Guerra Fría le agrega un aura sombría a la atmósfera, pero casi todo lo demás recuerda a otros títulos del género.

La trama sigue a un cosmonauta que sobrevive a un terrible accidente al reingresar a la órbita terrestre, y se encuentra encerrado en un complejo militar. Allí es visitado por una doctora poco ortodoxa, quien recibe la orden de ayudar a comprender a la criatura extraterrestre que volvió dentro del cuerpo del cosmonauta, y que todas las noches abandona a su huésped, buscando adaptarse al planeta. Por supuesto, cuando se trata de monstruos alienígenas, hay caos asegurado a la vuelta de la esquina, aunque el conflicto acá nace a causa de una atracción entre paciente y doctora que me resultó poco verosímil.

Las actuaciones de Oksana Akinshina y Pyotr Fyodorov son suficientes para perdonar las convenciones del guion firmado por Oleg Malovichko y Andrei Zolotarev, que apuesta mucho a que uno no haya visto películas similares. La dinámica entre ambos protagonistas mantiene la tensión, aunque es el desarrollo de los mismos lo que no convence por ser demasiado tradicional en medio del acercamiento cinematográfico más realista que propone la obra. Esto tiene sentido teniendo en cuenta la búsqueda del director, que admite haber crecido con el cine norteamericano de ciencia ficción y terror, citando películas como Alien, Blade Runner, y The Thing como fuentes de inspiración.

El problema está en que se recuesta mucho en esos conocimientos, y no le dedica lo suficiente a sus propios personajes como para que se sientan más reales, profundos, e interesantes. Una cosa es que los escenarios estén retratados con una frialdad propia de la época, evocando una sensación clara de opresión y misterio que fácilmente se relacionan con la mentalidad gubernamental. Otra cosa es que los protagonistas sean igual de fríos, ya que le despojan de humanidad a una obra que requiere un poco más de calidez por parte de sus héroes. Eso no es problema para Akinshina y Fyodorov, que son sumamente atractivos y conquistan fácilmente la pantalla con sus interpretaciones.

El diseño de producción eleva el material, así como la criatura en sí, que parece una mezcla entre el xenomorfo y Clover. Eso hace que la película sea visualmente sobrecogedora, con algunas escenas sangrientas bien trabajadas para el susto y la impresión. La banda sonora también suma para la inquietante atmósfera, aunque finalmente solo acompaña. Sputnik junta los mejores elementos para ser una gran adición al género, y considerando que no parece haber mucho precedente en el cine ruso más comercial, cumple con su objetivo básico de entretener sin fijarse en sus pretensiones. Le juega en contra que sí tiene ambiciones un poco más trascendentes que no logra consumar, y que se siente muy derivada de otras películas que están demasiado insertadas en la cultura popular.

Acerca de Emmanuel Báez 2731 Articles
Editor en Jefe y Crítico de Cine. Primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society. Miembro de la asociación Cinema23 del Premio Iberoamericano de Cine Fénix. Jurado Festival Internacional de Cine de Mar del Plata 2018.

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