‘Shirley’, un inquietante retrato semi biográfico que se pierde en la ejecución

Las novelas de Shirley Jackson han sido adaptadas constantemente por el cine y la televisión. Desde la cinta noir Lizzie (1957) hasta la miniserie de Netflix La Maldición de Hill House (2018), las historias de Jackson trascienden los elementos sobrenaturales que la autora escribió con esmero durante los años más difíciles de su vida. Detrás de toda la parafernalia que caracteriza el terror gótico, pueden encontrarse aspectos sicológicos y espirituales muy bien logrados, que la novelista plasmó desde su ingeniosa mente. No es sorpresa que la vida de Jackson haya cautivado a Josephine Decker, la directora de este drama semi biográfico que explora varios momentos de la vida de la célebre escritora de terror gótico.

Shirley arranca con un enfoque interesante: la conocida escritora Shirley Jackson (Elisabeth Moss) y su esposo, el profesor universitario Stanley Edgar Hyman (Michael Stulhbarg), acogen en su hogar a un joven matrimonio conformado por el recién graduado Fred (Logan Lerman) y a su esposa Rose (Odessa Young). Shirley se encuentra en medio de una crisis artística, pero encuentra cierto interés en la joven Rose, con quien comienza a desarrollar una extraña amistad. Bajo el mismo techo, ambos matrimonios se ven obligados a enfrentar las penurias de las vidas que eligieron durante el tiempo que pasan juntos, mientras Shirley se inspira en su relación con sus invitados para crear una nueva historia.  

Desde las primeras escenas salta a la vista que Shirley no es un drama biográfico convencional; las tomas son casi intrusivas, como si el espectador estuviera observando la película a escondidas. Hay una sensación de injerencia en el ambiente, al menos durante la primera mitad de la cinta, y el comportamiento de la pareja anfitriona – burdo, atrevido y casi grosero – acentúa esta tensión entre los personajes que progresa a medida que la historia avanza. La interpretación de Elisabeth Moss es soberbia, captura a la perfección el carácter ambivalente e impredecible de Jackson, y no tiene miedo de mostrar su rango actoral al mostrarse vulnerable, ansiosa y perversa en una misma escena. Michael Stulhbarg y Odessa Young brindan notables interpretaciones secundarias, mientras sus personajes fracasan en el desesperado intento de comprender el genio de Shirley y todo lo conlleva estar relacionado con ella.

Pero ahí se terminan los elogios. A poco más de la mitad de la película, este sentido de intromisión e inseguridad que la cámara proporcionó a la audiencia se desvanece, y da lugar a un desligue de la tensión en el relato: de pronto, las conversaciones parecen ser menos interesantes, los personajes dejan de desarrollarse y se estancan, llegando así al final; un triunfo para un par de personajes que se pierden en algún momento de la historia. El matrimonio más joven es denigrado a un final indigno en comparación al interesante inicio con el que fueron presentados, llevando consigo todas sus ambiciones y aparentes intereses que vimos durante el filme.

Hay mucho más que conocer en la corta pero intrigante vida de Shirley Jackson que lo que vemos en Shirley. El porqué de la elección de este momento en particular de su trayectoria para retratarlo en un filme nunca queda claro, pues las respuestas tampoco se encuentran en la película misma. Decker ya demostró que controla en lenguaje cinematográfico y su propia narrativa de manera sublime con Madeline’s Madeline (2018), solo espero que con un guion más solido y una historia más completa pueda seguir urdiendo a la audiencia a descifrar la complejidad de sus ideas. Irritante y fascinante en partes iguales, Shirley ofrece una experiencia cautivadora y enervante con una sola condición: olvidar los hechos reales y meterse de lleno en la ficción.

Acerca de Maximiliano Núñez 134 Articles
Redactor y crítico de cine. Amante del cine independiente.

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