‘Shin Godzilla’, entre la sátira y la locura en la mejor película del monstruo desde 1954

Shin Godzilla es una de las películas más locas en la historia del monstruo japonés, y eso es decir algo de una figura que peleó contra Kong, enseñó a su propio hijo a usar sus poderes, y realizó un baile de la victora al derrotar a King Ghidora. Esta vez la locura pasa por otro lado, uno bastante insólito para una película de monstruos gigantescos que destruyen toda la ciudad a su paso.

Imaginen una escena con veinte hombres trajeados sentados en un gran salón discutiendo los pasos a seguir para hacer frente a la catástrofe. Imaginen que la escena se extiende durante diez minutos y se repite durante toda la película mientras Godzilla resurge y vuelve a atacar. No es fácil, puesto que ninguna película lo había hecho de esta manera, pero así como la original de 1954 de Ishirô Honda usaba la figura del monstruo para explorar el miedo del pueblo japonés a los horrores nucleares, esta versión encara la burocracia y las relaciones entre Japón y EE.UU. con una mirada mordaz.

Dirigida por Hideaki Anno y Shinji Higuchi, esta nueva versión del clásico kaiju funciona como un completo reinicio de la historia. Gojira aparece por primera vez en tiempo actual, y la película se concentra en mostrar la cara oculta de la crisis, la que jamás se ve en películas de desastres naturales o similares, siguiendo a todos los políticos mientras deciden cómo reaccionar ante tamaña revelación. La dirección y el guion de Anno elevan la sátira con interminables diálogos de cortes rápidos que se interrumpen con breves planos del monstruo devastando la ciudad. Es sumamente brillante porque logra sentirse realista a pesar del humor implícito, además de la propia crítica política que resulta relevante, especialmente cuando los gobernantes de turno meten a EE.UU. en las discusiones.

Ahí es donde yace la belleza de esta nueva versión del monstruo, que siempre fue una colosal bestia que existió gracias a la radiación y no dejó de evolucionar, sin mostrar miedo a cualquier tipo de defensa terrestre. Es una respuesta perfecta a la catástrofe nuclear del 2011, poniendo al frente y en ridículo a los líderes japoneses, honrando los reclamos del pueblo oriental sobre la lenta reacción gubernamental. Una de las tantas escenas geniales que representan esta hipocresía política se da después de la primera vez que Godzilla llega a la ciudad. Los políticos se encuentran en la zona principal del desastre y se lamentan haber tardado más de una hora en actuar. Escenas después, todo vuelve a la normalidad y es como si nada hubiera ocurrido, hasta que ocurre de nuevo.

Sin embargo, a pesar de tomar al monstruo y ubicarlo en un contexto relativamente diferente, con un enfoque cinematográfico alejado de la parafernalia barata de occidente, no deja de ser una fantástica película de monstruos. Las secuencias de devastación son realmente impresionantes, en especial luego de la primera mitad cuando la ofensiva terrestre (la cual se da con apoyo de EE.UU.), provocan que Gojira libere su máximo poder, causando estragos indescriptibles. Cuando el kaiju ataca también con su tradicional aliento de fuego azul y la cámara muestra los efectos, parecen cuadros salidos de un anime, lo cual tiene todo el sentido del mundo ya que Anno fue el creador de Neon Genesis Evangelion, uno de los animes más populares de la historia.

Shin Godzilla es una experiencia especial, y mucho no se la puede describir porque merece ser vista. Cae en el extremo opuesto a las películas más tontas en su historia, volviendo a su primera encarnación, más simbólica y secundaria, pero no por eso menos entretenida. Es también la versión más grande del monstruo, con 118.5m de altura, superando a la versión norteamericana que se había convertido en la más imponente en el 2014 con 108m., detalle que me parece entre arrogante y justo, porque realmente nadie más que los japoneses entienden la verdadera naturaleza de Godzilla.

Acerca de Emmanuel Báez 2655 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz. Primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, miembro de la asociación Cinema23 del Premio Iberoamericano de Cine Fénix.

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