‘Serenity’ es una de las películas más locas del 2019

Hay películas sobre las que uno puede escribir sin necesidad de entrar en detalles que puedan arruinar la trama al lector, y hay películas que simplemente merecen ser discutidas encarando sus puntos más reveladores. Serenity cae en la segunda categoría por ser una de las películas más increíbles del 2019, y no uso el calificativo «increíble» describiendo la experiencia cinematográfica sino el hecho de que exista una película como esta, asumiendo que el proyecto se concretó pasando varias reuniones donde llegaron a la conclusión de que la historia realmente valía la pena. Así que presten atención, que siguen spoilers…

Con la firma de Steven Knight, que escribió obras brillantes como Eastern Promises y también dirigió la interesante Locke con Tom Hardy, la película sigue a Matthew McConaughey como Baker Dill, el solitario capitán de un barco pesquero que pasa sus días obsesionado con un atún que tiene un significado especial para él. Dill vive en la isla de Playmouth y todas las mañanas escucha la misma estación de radio, donde un locutor de voz genérica parece hablarle a él de forma indirecta. Desde el principio está claro que este es uno de esos dramas donde un hombre huye de un evento traumático, y se entiende que tiene alguna relación con un niño, probablemente su propio hijo.

Su comportamiento errático da señales de PTSD y sus habilidades dan indicios de conocimiento militar. El guion de Knight jura una complejidad misteriosa que fácilmente se desentraña, aunque se mantiene a flote gracias a la magnífica actuación de McConaughey. La aparición de Anne Hathaway como Karen, su exesposa, cambia el tono de la película convirtiéndose en un thriller cuando le ofrece diez millones de dólares para asesinar a su nuevo marido (Jason Clarke), que resulta ser un hombre abusador que siempre está al borde de matarla. El pedido de auxilio desesperado tiene una razón especial, y es que ella se había quedado con la custodia del hijo de ambos tras la separación, y el chico se pasa todo el día encerrado en su habitación jugando con su computadora para evitar toparse con su padrastro.

En medio de conversaciones morales (que incluyen al genial pero desaprovechado Djimon Hounsou) y encuentros sexuales casuales (donde entra la sensual y también desaprovechada Diane Lane), todo parece alinearse para terminar siendo una película más del montón acerca de un hombre recuperando su cordura, su familia, y su camino, enfrentando los demonios de su pasado. Podría haber sido un drama decente con crítica a los horrores de la guerra y el daño que causa a las familias, que terminan rompiéndose a causa del dolor, perdiéndose en una vorágine de violencia y abandono generando un ciclo interminable de sufrimiento y desdicha. Esa podría haber sido una película poderosa y emotiva, pero no es la película que hicieron.

En vez de eso, se revela que toda la historia se lleva a cabo adentro de una simulación de computadora inventada por un muchacho genio de 11 años, que resulta ser el hijo del personaje real de McConaughey… y la película deja de tener sentido. También es desconcertante teniendo en cuenta las escenas de sexo, que son varias, y muy intensas, además del comportamiento de Dill con las mujeres. Si bien ese punto en particular tiene lógica con las vivencias del muchacho detrás de la computadora escuchando a través de la puerta como su padrastro abusa de su madre, no deja de ser insólito que se hayan atrevido a desarrollar las escenas de esa manera.

El giro no llega en el tercer acto sino a la mitad de la película, dejando al personaje de Dill el tiempo suficiente para que acepte su destino y decida cumplir su función, aunque la coherencia se haya tirado por la borda. Un misterioso personaje llamado Reid Miller (Jeremy Strong) intenta disuadirlo de seguir buscando al pez y no cometer un asesinato (de fantasía), pero las reglas del programa parecen haber cambiado y Dill acepta llevar a cabo el trabajo. Todo esto se desarrolla como un supuesto simbolismo paralelo a la vida del joven en el mundo real, pero la trama dentro de la simulación está demasiado desarrollada como para aceptar este nuevo escenario.

Obviamente la película bebe un montón de The Truman Show, pero la narrativa tiene varios problemas que hacen que la verdadera naturaleza de la historia (y de los personajes) quede ofuscada, como una voz en off que habla sobre la función de las Inteligencias Artificiales, que parece haber sido agregada en post solamente para explicar un poco las decisiones tomadas en el guion sin haber estructurado bien la historia. Hay una idea muy interesante en el fondo de Serenity, pero se requiere una suspensión de la incredulidad elevada que no está planteada desde un principio y que exige al espectador muy de repente, con muy poca atención a la coherencia. A pesar de eso (y a causa de eso) es una de las películas más locas del 2019.

Acerca de Emmanuel Báez 2662 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz. Primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, miembro de la asociación Cinema23 del Premio Iberoamericano de Cine Fénix.

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