‘Roma’, Alfonso Cuarón entrega su película más personal

Ya pasaron más de dos semanas desde que vi Roma de Alfonso Cuarón en una sala de cine para casi mil personas. No me parece que sea una película para una gran audiencia, pero había algo sumamente especial en la historia y los personajes que hizo que la experiencia se sintiera mucho más cálida y memorable en compañía de un centenar de personas. Se trata de la inmensa humanidad en el relato, que se enfoca en la vida de una o dos personas pero con un trasfondo mucho más amplio que hace que el contraste sea de gran importancia. Es una película íntima que, por su lento desarrollo y por su temática social y política demanda paciencia y, en especial, energía, pero lo recompensa con esperanza. Roma es una de esas películas que, a pesar de su sencilla naturaleza de retrato sin prejuicios, genera una sensación de optimismo sobre el mundo que nos rodea, y creo que por eso, haberla visto con otros espectadores me hizo considerarlos más al terminar la función.

En ese sentido, es el trabajo más personal del director mexicano, que regresa su filmografía a su tierra natal más de quince años después de Y Tu Mamá También y escarba tanto en su propia memoria como la memoria colectiva de su pueblo, explorando un momento en la vida de unos individuos y cómo este se influencia por los cambios sociales y políticos de la época.  La trama gira en torno a Cleo (Yalitza Aparicio), la empleada doméstica de una familia pudiente en el distrito de Roma, Ciudad de México, a principios de los años setenta. Cleo y su compañera Adela (Nancy García García) se encargan de la mayoría de las tareas domésticas, pero también fungen de niñeras. La posición que tienen en la casa es casi familiar, pudiendo sentarse a la noche con todos a ver televisión, como si fueran un miembro más, pero estando siempre pendientes de cualquier pedido. Cleo es la más cercana, lidiando directamente con los niños a la hora de despertarse y la hora de dormir, aunque las decisiones siguen siendo de la Sra. Sofia (Marina de Tavira), y su autoridad no se pone jamás en duda.

Es algo evidente que Cuarón está tocando una fibra sensible que puede despertar preguntas indeseadas sobre los argumentos de su guion. Aunque el trabajo es personal, en el sentido de que el director presenta una historia que tiene mucho que ver con la memoria de su infancia y su crecimiento, lo hace con un ojo casi de documental, posicionando la cámara para captar la mayor cantidad de detalles posibles, como si fuera una cámara de seguridad privada. Lo hace esto para establecer el escenario y los personajes en la casa donde Cleo trabaja, retratando sus actividades diarias sin acercarse a ella cuando cumple con su rutina diaria. Es recién cuando la trama pasa de este retrato general a la historia personal de Cleo donde Cuarón toma una postura un poco más íntima, aunque siempre mantiene una distancia respetuosa, como si la propia mujer lo hubiera invitado a contar su vida con prudencia.

La vida de Cleo se complica cuando descubre que está embarazada de Fermín (Jorge Antonio Guerrero), un chico que la seduce con palabras y luego la abandona, poniéndola en una posición vulnerable sin contar con el apoyo de nadie. Enfrentando el miedo, le cuenta a la Sra. Sofia, quien inmediatamente y con mucha amabilidad decide ayudarla, llevándola a una ginecóloga que revela que ya tiene más de tres meses de embarazo. Sin embargo, a pesar de la buena voluntad de su patrona, la tensión familiar crece cuando el marido de Sofia decide abandonarla, dejándola con los niños y con muchas cuentas que atender para poder mantener la casa. A través de esta situación, Cuarón expone otro contraste muy interesante en la sociedad mexicana, en la que muchas familias de clase media reciben a adolescentes y jóvenes de los pueblos más empobrecidos a desempeñarse como empleadas domésticas para ganar dinero, ya que la mayoría carece de estudios o habilidades laborales más avanzadas.

El maravilloso ojo de Cuarón no se limita a sus decisiones formales con la cámara y la fotografía, sino también en la inteligencia de poner al frente a una actriz primeriza, que trae consigo una inocencia y afabilidad natural que inyecta a la historia de una calidez palpable. Es muy difícil no quedar rendido ante su interpretación, que no cae en exageraciones melodramáticas pero tampoco es lineal. Su mirada esconde detrás del miedo muchas emociones que se avecinan pero no se animan a aflorar, y en su tierna y delicada voz se percibe la pureza de su corazón. Sin duda alguna, una de las protagonistas más entrañables del año.

Si bien en el contexto político, el drama resulta mucho más intenso, en el núcleo es un homenaje a una persona (y, a través de ella, toda una comunidad) que funciona como sustituto materno en muchas familias, ante la ausencia forzada de los progenitores, mayormente por razones laborales. Es una dinámica relativamente común en muchas familias latinoamericanas de clase media, incluyendo nuestro propio país Paraguay, y Cuarón lo expone con mucho cariño y admiración, demostrando una vez más como es uno de los mejores realizadores contemporáneos, para quien el tacto y el respeto son esenciales a la hora de contar historias que pueden llegar a dejar una marca indeleble en el espectador.

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Total: 7 Promedio: 4.7
Acerca de Emmanuel Báez 2648 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz. Primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, miembro de la asociación Cinema23 del Premio Iberoamericano de Cine Fénix.

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