‘Ready Player One’, una nueva fantástica realidad

La obra cumbre de la Era de la Nostalgia se llama Ready Player One, y no podría haber sido dirigida por nadie más que Steven Spielberg, uno de los directores más importantes de la infancia y adolescencia de muchos en lo que respecta al cine de aventuras y escapismo puro. Durante la presentación de la película en el Festival SXSW, Spielberg hizo una aclaración muy peculiar que confundió a muchos, aunque su comentario es tan claro como el optimismo resplandeciente de la historia. El director dijo que no se trata para nada de un «film», sino de una «película», delimitando sus intenciones con este trabajo con el cual solamente busca entretener a través de un amor sincero al legado del cine de décadas pasadas, lo que alcanza acá su apogeo con una aventura futurista que evoca una sensación de asombro muy particular que se asocia a muchos títulos del género que ahora forman parte del imaginario colectivo.

La adaptación de la exitosa novela de Ernest Cline, que viene amasando fanáticos desde su lanzamiento en el 2011, realmente se toma las libertades necesarias con respecto al libro y, con un guion firmado por Zak Penn, con la colaboración del propio Cline, entrega una historia emocionante y muy divertida, aunque es la mano de Spielberg la que eleva el material más allá del simple compendio de referencias y la convierte en una verdadera odisea que toca los botones correctos para que un espectador avezado y susceptible convulsione de las constantes regresiones nostálgicas que podría provocarle la obra. Sin embargo, el mayor logro de la película se evidencia de inmediato: hay un buen balance entre la historia y los incontables guiños a los videojuegos, las películas, y las canciones que se escuchan y se mencionan, y una cosa no solapa a la otra, por lo que no interrumpe el desarrollo de la trama.

Al frente está Wade Watts (Tye Sheridan), que vive con su tía en Las Torres, una serie de edificaciones formadas a partir de trailers apilados en el que viven numerosas familias en este futuro distópico donde el planeta está sumido en un caos por culpa de problemas de energía y combustible. Para escapar a las dificultades diarias y encontrar otra forma de subsistir, la gente vive inmersa en el OASIS, una realidad virtual que fue concebida como un simple pero revolucionario videojuego por James Halliday (Mark Rylance), hace veinte años. Tras su fallecimiento, Halliday reveló que está escondido en algún lugar del OASIS un «huevo de Pascua» que le otorgará a quien lo encuentre toda su fortuna, además de control total del mundo virtual, lo que supone básicamente un control del futuro de la humanidad. Sin embargo, cinco años después de su muerte, todavía nadie consiguió encontrar la primera de tres llaves que llevarán a su portador a la gloria absoluta.

El concepto del OASIS no es para nada uno descabellado en pleno 2018 en que la fuerza de internet es cada vez más relevante en la toma de decisiones que pueden llegar a alterar el rumbo del planeta. A través de una narración introductoria por parte del héroe, uno va conociendo los puntos más importantes de esta creación digital que tiene a todo el mundo viviendo una segunda vida, o una principal, dependiendo de cómo se lo mire. Para Watts, se trata de un lugar donde puede compartir con otras personas su amor por la cultura pop de los ochenta y otras eras, más específicamente con su mejor amigo Hache, a quien no conoce en persona. De hecho, el mayor atractivo del OASIS es que uno puede ser lo que quiera, ya sea un humano de distinto sexo o una figura de una especie inventada, y ocultar así su verdadera identidad. El avatar de Watts se llama Parzival, y puedo describirlo como una mezcla joven de Keanu Reeves y Michael J. Fox con un maquillaje punk, mientras que su mejor amigo es una especie de orco cyborg con una voz claramente alterada para esconder cualquier rasgo real.

A los dos se les une luego Art3mis, que usa una figura humana con pequeños rasgos alienígenas de tinte púrpura, lo que queda simplemente «cool» con cada traje que se pone en el OASIS. El trío empieza a colaborar para encontrar las llaves restantes, luego de que Wade descubra, después de cinco años de una carrera sin victoria, la locación de la primera llave, lo que desata un frenesí tanto en el mundo real como el virtual, revelando así la importancia del desenlace del concurso y como este puede llegar a impactar considerablemente en aspectos socioeconómicos en el mundo real. Claro que eso está implícito y no tiene desarrollo alguno. El mayor placer está en dejarse llevar por la seguidilla de referencias a la cultura popular que van desde los más obvios como Back to the Future, Jurassic Park, King Kong, entre otros, a los más disimulados que hacen que la película merezca un segundo y tercer visionado totalmente desconectado de la trama. Tanto la música como los videojuegos también forman parte de esta danza de guiños, pero es la mezcla de películas lo que nunca se vio de manera tan prominente e ingeniosa.

Si es que alguna vez fantasearon con tener al DeLorean modificado con el Auto Fantástico y se imaginaron lo que sería la moto de Kaneda con detalles de las motos de luz de Tron, además de participar de una carrera en el que los obstáculos más grandes son el T-Rex y Kong, entonces esta película será una fuente de emoción inagotable. Lo mejor de la adaptación es que no se enfoca solamente en los ochenta, sino que hay elementos que son claramente de otras décadas más viejas y más nuevas, incluyendo del 2000 para arriba, lo que hace que todo sea más verosímil teniendo en cuenta que la película se sitúa en el año 2045, e imagino que la producción de películas siguió mucho después de la década en la que estamos. La fisonomía de Art3mis y Hache bien podrían estar basadas en alguna película o videojuego lanzados posterior al 2020 en este mundo ficticio, y la variedad de referencias hacen que la obra apele a un público más amplio, lo que arregla uno de los tantos defectos de la novela original de Cline.

Sin embargo, el personaje de Halliday era fanático de la década de los ochenta, y algunas de las pistas tienen relación con películas de esa época, en especial una brillante secuencia que hace uso de The Shining de Stanley Kubrick como jamás lo hubiera imaginado, demostrando la fuerza del clásico y mostrándolo desde una nueva perspectiva. No voy a adentrarme en detalles, pero solamente esa secuencia merece otro visionado, y es un uso genial del CGI en un ambiente real. En ese aspecto Spielberg pasa una prueba muy difícil que fácilmente podría haber sido el fracaso de la película, que se lleva a cabo en un 80% dentro del OASIS, por lo que los personajes que llevan adelante la aventura son imitaciones humanas. El diseño de estos apuesta al realismo pero sortea muy bien el valle inquietante con algunos detalles bien trabajados en la mirada y otros aspectos de apariencia que funcionan en el contexto de la historia, por lo que resulta fácil seguirlos en su travesía.

Ready Player One merece ser experimentada en la pantalla más grande posible, aunque vaticino que será más exitoso en formatos hogareños donde los cinéfilos la terminarán en cinco horas de pausas constantes. Es una obra de verdadera magia Spielbergiana, en el que el director no cae en lo vanidoso y realmente se interesa en entretener, sin pretensiones profundas que vayan más allá del tributo a aquello que formó parte del crecimiento de muchos. Con la ayuda de una banda sonora con melodías clásicas de aventura, compuesta por el propio Alan Silvestri (que repite leitmotivs propios de Back to the Future), la historia se ve ensalzada en su homenaje a lo pasado. De hecho, la banda sonora es uno de los grandes aciertos que más felicidad me trajo. Otro compositor habría basado erróneamente la música en la estética futurista de la realidad virtual, y podríamos haber terminado con piezas punk o tecno que no iban a generar la misma sensación que logró Silvestri.

No estoy para nada de acuerdo con las dos últimas líneas de la película (y creo que la mayoría de los gamers también lo desaprobarán), que me parece que malinterpretan por completo la función de una herramienta tan útil como es internet y la realidad virtual para miles de personas, y su mensaje acerca de «vivir la realidad» es también algo arcaico, lo que seguramente parecerá apropiado para alguien como Spielberg, que tiene una buenísima relación con la nostalgia y mucho de su cine más reciente está basado en relatos del pasado. Tampoco creo para nada que Wade Watts se convierta en un personaje memorable, ni nada parecido, por más que Cline lo haya nombrado al estilo Peter Parker o Bruce Wayne, pero es un buen protagonista a quien acompañar en esta aventura. Por su parte, Ben Mendehlson continúa escalando como uno de los actores más geniales, y espero que no se encasille en el rol villanesco, y tanto Olivia Cooke como Lena Waithe hacen lo suficiente, aunque el fantástico ritmo y la acción vertiginosa no dan tiempo para que ellos importen de más, lo cual no afecta para nada el absoluto disfrute que es la película. Estoy seguro de que algunos recibirán mejor que otros la avalancha de nostalgia (no creo que esto interese a quien espere un crossover entre Bergman y Bresson), pero tampoco creo que se pueda negar su comentario acerca del lugar de la cultura popular en nuestras vidas, y como la cualidad transformativa y moldeable del arte puede servir a algo tan importante como el futuro del planeta como también para el más fascinante entretenimiento pasajero.

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Acerca de Emmanuel Báez 2662 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz. Primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, miembro de la asociación Cinema23 del Premio Iberoamericano de Cine Fénix.

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