‘Rampage’, espectacular devastación de monstruos

Un gorila albino gigante, un colosal cocodrilo con púas en la coraza, y un enorme lobo volador entran a un bar. Los tres se sientan a tomar un trago porque acaban de entrar a la galería de las grandes bestias del cine gracias a una película absurdamente entretenida que abraza con orgullo su premisa y la lleva al extremo de lo ridículo. El talento humano tiene la forma de Dwayne Johnson, que cada vez más se convierte en el Chuck Norris de esta generación, excepto que le agrega un poco de humanidad a sus personajes con una presencia afable y convincente, poniendo adelante siempre sus cálidas expresiones y, en segundo lugar, su imponente musculatura. Eso es suficiente en el tipo de cine que está haciendo, y con el cual está dejando su marca para ser la estrella de acción de esta generación.

Rampage es la adaptación del videojuego de Arcade de Midway lanzado en 1986, donde el jugador poseía el control de gigantescos monstruos que debían destruir la ciudad antes de que las fuerzas militares acabasen con ellos. Era un juego bastante simple y lineal, como la mayoría de la época, sin trama de ninguna clase. Pura devastación de monstruos. La película, dirigida por Brad Peyton (San Andreas), es exactamente eso, y lo hace demasiado bien como para que sus puntos negativos obstruyan el disfrute, que se pone intenso y estupendo en los últimos treinta minutos de puro espectáculo parafernálico. Es una sorpresa grata que resulta impresionante porque hasta tiene un par de lecciones básicas para películas de superhéroes, que suelen tener la acción en gigantescas ciudades sin el menor cuidado por los daños colaterales.

La película empieza en el espacio, y me parece hasta tierno que le hayan dedicado tiempo a todo un prólogo bien estructurado para una película que luego no está nada interesada en otra cosa que no sea entretener. Resulta que en una estación espacial se estaban llevando a cabo unos experimentos genéticos claramente ilegales, pero un error en los cálculos llevó a una rata de laboratorio a crecer a una velocidad incontrolable, y luego esta terminó matando a toda la tripulación. La estación explota y las cápsulas que contenían el patógeno terminan cayendo en distintos lugares de los Estados Unidos, afectando a un cocodrilo y un zorro silvestres, además de un gorila albino, que se encuentra en una reserva natural, donde David (Johnson) trabaja como uno de los cuidadores principales.

El guion -producto de cuatro artistas diferentes- establece bien al personaje de Johnson, por más unidimensional que sea, y este trato ayuda a empatizar mejor con él una vez que el caos comienza a caer sobre su vida. No sé si alguna (o ninguna) de sus acciones como cuidador son genuinas, pero realmente se siente como que hay una conexión entre él y George, el gorila albino que rescató cuando era un bebé. Esta relación hace que sea más efectiva la desazón de David una vez que el gorila crece de forma descomunal y se activa un mecanismo en el medio de la ciudad de Chicago que lo atrae a él, y a las otras dos bestias, destruyendo todo a su paso. Ahí es donde Rampage realmente demuestra todo su arsenal, y pasa a ser la película de monstruos que realmente tiene poco o nada que envidiar a otros títulos del género. Esto no es el King Kong de Peter Jackson. No hay poesía alguna, no se busca lo épico, ni lo grandilocuente. Recalco: es pura devastación de monstruos.

Sin embargo, para tratarse de una película enteramente palomitera, me sorprende que hayan tenido en cuenta algunos detalles que le dan un poco más de peso al guion, en especial todo lo que acontece cuando los monstruos empiezan a destruir la ciudad y a todas las fuerzas militares que intentan detenerlos. Hay mucha charla sobre las evacuaciones y los civiles que todavía se encuentran en la zona, y entre escenas de destrucción masiva vemos a fuerzas policiales ayudando a las personas, o básicamente vemos como estas terminan bajo los escombros de los distintos edificios que terminan siendo despedazados. Si Warner hubiera aplicado algo de esto a Man of Steel unos cuantos años atrás, su universo cinematográfico de superhéroes hubiera empezado con algo más de humanidad. En medio de toda la ridiculez de una película donde tres monstruos mutantes destrozan todo, se agradecen las agregados de realismo para evitar la completa superficialidad.

Todo lo que tiene que ver con los villanos de la película sí resulta anodino a más no poder. Malin Akerman interpreta a Claire Wyden, una de las cabezas de la corporación Energyne, que está detrás de los experimentos genéticos. El objetivo es crear fuerzas mutantes para hacer un arma de los ADN a recolectar, o algo por el estilo, y al parecer sacó la idea del propio videojuego, ya que en un momento se puede ver la máquina de Arcade de Rampage en su oficina. Cuando lo de la estación no funciona, ella manda a modificar una antena que emite una señal de baja frecuencia que solo puede ser percibida por las bestias, y su intención es atraerlos hasta el edificio (donde se encuentra en todo momento), y de alguna manera recuperar su experimento de la sangre de los cuerpos de los monstruos. Es un plan tan insensato y estúpido que ya pasa la línea de lo aceptable hasta en el contexto de la película misma. Por suerte, no pasamos mucho tiempo con ella y la resolución de su personaje es exquisito, literalmente.

Después está Jeffrey Dean Morgan que parece que se lo está pasando genial, y entrega cada una de sus líneas arrastrando las palabras con una mueca burlona, como si hubiera filmado todas sus escenas en una mañana después de una noche de juerga y no estuviera nada interesado en las directrices recibidas. Casi puede verse en sus ojos sus ganas de romper a reír en algunos momentos, lo que solamente agrega al humor implícito del guion. Finalmente está Naomie Harris, que sí se toma un poco más seria la tarea, pero solamente porque el trasfondo de su personaje es un poco más trágico, lo que funciona porque se crea un buen balance entre la hilaridad intrínseca de la premisa y sus motivaciones. Jake Lacy, que interpreta al gorila George vía captura de movimiento, hace un buen trabajo, y los efectos especiales están realmente a la altura de las producciones más altas que hayan usado la tecnología.

Por supuesto, la película sabe bien lo que vende y cuando se enfoca en eso es cuando más entretiene. El último tramo es de lo mejor en el género, y el carisma de Johnson lo pone a la altura de las estrellas de acción que hoy son leyenda. Lo vengo diciendo desde Pain & Gain: se convertirá fácilmente en un ícono del cine palomitero, así como hoy lo es Schwarzenegger, aunque «The Rock» trajo consigo algo de dinamismo y mucho de franqueza, lo que siempre se nota en sus interpretaciones, por más básicas o insustanciales que sean las películas donde participa. Fue indudablemente el alma que elevó la secuela de Jumanji, la mejor adición de la saga Fast & Furious para romper con el esquema, y la personalidad de Maui en Moana. En Rampage se mete en situaciones imposibles y sale airoso, como buen héroe de acción, pero lo hace creíble y se nota que lo hace con ganas.

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Total: 3 Promedio: 4.3
Acerca de Emmanuel Báez 2649 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz. Primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, miembro de la asociación Cinema23 del Premio Iberoamericano de Cine Fénix.

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