‘Pienso En El Final’ conquista y confunde como todo fascinante cine Kaufmaniano

Un hombre y una mujer toman un largo viaje en automóvil para conocer a los padres de él. Ella se llama Lucy, aunque también podría ser Louisa, o Lucía. Tampoco está claro a qué se dedica. Puede ser física, o poeta, o pintora, y es bastante habilidosa en lo que hace y en cómo se expresa. Sin embargo, como lo indica el título de la película, ella piensa en el final, y es un pensamiento que no tiene origen aparente. Tiene la mirada perdida a causa de las ideas que se forman en su mente y la obligan a cuestionarse todo lo que está haciendo: el tiempo que lleva con su novio, qué tanto lo conoce, qué tanto lo quiere, qué tanto espera de la relación. Él se llama Jake, y parece un tipo normal, si bien ella admira su curiosidad y su intelecto, y no se desprende de la noción de que hay algo extraño en su persona.

La tercera película de Charlie Kaufman como director es otro desafío cerebral que se presta a múltiples interpretaciones y requiere de varios visionados para ir más allá de la superficie. No es acerca de lo que es, y al mismo tiempo, sí lo es. Es tan sutil como es obvio, y se defiende a sí misma con muy buenos argumentos. En un punto del viaje, ambos empiezan a hablar sobre la película A Woman Under the Influence de John Cassavetes, y Lucy comienza a recitar la crítica completa de Pauline Kael, donde la reconocida escritora desarma por completo el film de 1974 que fue aclamado por la mayoría de los académicos. Es la forma de Kaufman de protegerse ante las críticas que puedan llegar a desarmar su obra, buscando colocarse más arriba de cualquier escrutinio, lo que es sumamente ingenioso.

El humor sardónico impregnado en el largometraje se extiende también a la presencia de un señor que aparece en paralelo. Lo vemos levantarse, desayunar, y prepararse para ir al trabajo. Durante un descanso, se sienta a ver una película acerca de una pareja que pelea y luego se reconcilia, confirmando el amor que se tienen. De forma abrupta e inexplicable, la película termina, revelando que fue dirigida por Robert Zemeckis. Es hilarante por lo inesperado, ya que no es del tipo de trabajos que haría el director, aunque la banda sonora se asemeja al de Forrest Gump. En otro momento, Kaufman da un golpe bajo a A Beautiful Mind de Ron Howard, burlándose de uno de los aspectos estéticos de la película, y hasta copiando diálogos. Sin embargo, ambos absurdos poseen cierta lógica, ya que estamos presenciando la historia de una pareja que tal vez ya deje de serlo muy pronto, y todo el relato se lleva a cabo a través de la mente de Lucy… o quizás es la mente de Jake.

Los primeros veinte minutos de la película suceden dentro del automóvil, con un escenario frío cada vez más sobrecogedor. La clara intención de Kaufman y del director de fotografía Lukasz Zal (Cold War) es generar claustrofobia, reforzando con un aspect ratio académico de 1.33:1. No hay nada más allá de los pensamientos de Lucy, de su mirada, de su experiencia, de lo que ella percibe. Cuando finalmente llegan a la casa, la sensación de agobio y confusión solo se acrecienta con una puesta en escena diseñada para ese propósito. Los colores se pierden entre los objetos, los cuerpos, la vestimenta, y la comida sobre la mesa, y la cámara parece flotar como si de un sueño se tratase. La mayoría de las veces, se acerca más a una pesadilla. En ocasiones parece que pasó demasiado tiempo desde que empezó el viaje, y la misma Lucy no logra definir si está en la relación hace cuatro o hace siete semanas.

La exploración del tiempo y su influencia vuelven a tomar protagonismo como en Synecdoche, New York, y las películas escritas por Kaufman, como Eternal Sunshine of the Spotless Mind o Adaptation. Su fascinación también se extiende hacia el concepto de identidad, como lo postula en Being John Malkovich o Anomalisa. Lo inusual es que hay elementos cercanos al terror en esta oportunidad, desde personajes que aparecen y desaparecen, y situaciones incómodas que se tornan inquietantes. El desconcierto recuerda también a mother! de Darren Aronofsky, que también seguía a una pareja que representaba mucho más que dos seres humanos. Durante la cena con los padres de Jake, estos constantemente cambian de aspecto, de ropa, y de edad, y nada de esto es particularmente extraño para Lucy ni para él. Ambos son mucho más que dos personas, son ideas y experiencias en el tiempo y el espacio que retan el concepto de la vida, la muerte, y todo lo que hay en el medio.

El elenco es sencillamente perfecto. Jessie Buckley es una actriz relativamente nueva que no es fácil de descifrar, y su voz ligeramente áspera y sosegada tiene un atractivo singular, como si estuviera escondiendo sus verdaderos pensamientos. Su voz resulta igualmente tranquilizadora mientras relata lo que se le viene a la mente, y eso solo aporta a que la película se sienta por momentos más larga de lo que es, y en otras escenas, más breve. Jesse Plemons es uno de los actores más intrigantes que trabajan ahora mismo. Presenta una figura misteriosa e imponente, pero al mismo tiempo hay introversión y represión en su mirada. Hasta me atrevería a teorizar que el director buscó adrede dos actores con nombres similares. Hay detalles que indican que tanto Lucy como Jake son, en realidad, la misma persona, y la metaficción no es nada ajena al cine de Kaufman.

Los padres son interpretados por Toni Collete y David Thewlis, y simplemente son llamados Madre y Padre en los créditos. Podría argumentar que Jake no se parece tanto a ninguno de los dos, sino que ambos se parecen entre sí, pero creo que eso sería ir más allá de lo que la película misma propone. La tercera parte de la enrevesada trama es el viaje de vuelta, y es todavía más extensa y más confusa, incluyendo animación, ballet, y un musical. La línea entre la fantasía y la realidad se difumina por completo -si alguna vez fue algo visible-, obligando a que uno se deje llevar por el delirio narrativo, si es que anteriormente ya no quedó ofuscado por las decisiones típicas del cine Kaufmaniano.

Acerca de Emmanuel Báez 2705 Articles
Editor en Jefe y Crítico de Cine. Primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society. Miembro de la asociación Cinema23 del Premio Iberoamericano de Cine Fénix. Jurado Festival Internacional de Cine de Mar del Plata 2018.

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