‘Perdí Mi Cuerpo’ es una travesía animada catártica e inspiradora

Lo mínimo que se puede decir de Perdí Mi Cuerpo es que es una película como ninguna otra que hayan visto y, aunque la historia tiene que ver con una mano amputada con vida propia, Los Locos Addams no cuenta. La ópera prima de Jérémy Clapin adapta la novela Happy Hand, de Guillaume Laurant, que también firma el guion de la película. Laurant fue el guionista del clásico francés Amélie, así que ya pueden darse una idea del tono de la obra, la cual básicamente se divide en dos tramas: una concierne a una mano amputada que escapa de un congelador y se embarca en la aventura de regresar a su dueño y; la otra, sigue a Naoufel (Hakim Faris), un joven que encuentra un propósito en su vida después de mucho tiempo cuando siente una conexión con una muchacha a través de un intercomunicador.

Ambas tramas se desarrollan en tiempos distintos, ya que es evidente que la mano amputada es de Naoufel. Eso no es spoiler puesto que la película empieza con un plano donde vemos al joven tirado en el suelo con gotas de sangre y una mirada perdida de dolor y tristeza. El deleite está en desentrañar el misterio de cómo sucedió el accidente y qué llevó al joven a ese estado de tristeza profunda y, gracias a una dirección que mezcla elementos de fantasía y realidad, llevando la odisea por un sendero surrealista, cada minuto se disfruta con una sensación de melancolía y esperanza que emocionan sobremanera. La trama de la mano amputada es la más intensa y emocionante, ya que ahí está la acción. La misma puede ver todo lo que ocurre a su alrededor, y la cámara se posiciona muchas veces desde su punto de vista, lo que aumenta la tensión cuando el peligro es inminente.

La trama en el tiempo del joven Naoufel no es emocionante en el sentido más activo de la palabra, pero sí posee una fuerza melancólica y nostálgica que remueve las entrañas por la forma en la que se cuenta, la vulnerabilidad de su voz, y el diseño del personaje, cuyas líneas se alejan por completo de la pulcritud típica de las animaciones occidentales más comerciales. La banda sonora de Dan Levy acompaña ambos viajes con una melodía que profundiza en los mismos sentimientos que se dibujan tanto en el rostro del protagonista como en la mano amputada, a quien en ningún momento se le reprocha la incógnita de cómo está viva porque se siente su tenacidad y astucia. Resulta difícil creer que algunas de las escenas más intensas y palpitantes se dan entre una mano y dos ratas de alcantarillados, pero es así, y la perseverancia es tan palpable que por respeto no terminé comiéndome las uñas.

Mientras las dos tramas van encontrándose de a poco, la película presenta flashbacks que van relatando la vida de Naoufel, desde su infancia, hasta su adolescencia, formando una historia que habla sobre los caminos sinuosos de la vida, y cómo uno puede encontrar una razón para luchar a pesar de las adversidades más dolorosas (tanto en el sentido literal como metafórico). El carácter resiliente de Naoufel, mezclado con su personalidad idealista y romántica, lo convierten en uno de los personajes más ricos que vi en mucho tiempo, y la inspiración que provoca, a pesar de la congoja que también puede suscitar, no dejará a nadie indiferente. La aventura de la mano puede parecer inconexa al principio, pero ayuda a ahondar en el mensaje de no mantenerse atado al pasado, a pesar de que este a veces lucha por mantenerse pegado a uno. Además, consigue que uno crea en las posibilidades mágicas de la vida, que a veces golpea duramente pero recompensa todavía más.

Acerca de Emmanuel Báez 2668 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz. Primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, miembro de la asociación Cinema23 del Premio Iberoamericano de Cine Fénix.

Sé el primero en comentar!

Deja un comentario :D