‘Pequeña Gran Vida’, una nueva perspectiva

Pequeña Gran Vida, lo nuevo de Alexander Payne, es un poco de lo que necesitamos ahora mismo. Una historia acerca de la importancia del altruismo en una era donde la indiferencia carcome rápidamente la sociedad, realizada sin la menor sutileza porque se trata de un mensaje que necesita ser contado cada vez con más fuerza. No es en absoluto una película perfecta y como ciencia ficción realmente desaprovecha su premisa, pero teniendo en cuenta que después de salir de ver la película me tuve que sentar a leer los mismos titulares penosos de todos los días, voy a tomarla con ganas y recomendarla con todo el buen corazón que tiene en el medio de su existencia.

La trama se ambienta en un futuro en el que se descubre la solución a los problemas de sobrepoblación del planeta: la reducción de las personas a un tamaño de aproximadamente 10cm de altura. Con esto, los habitantes podrán vivir tranquilamente en ciudades perfectas construidas en gigantescos domos, y ya no estarían ocupando un espacio considerable que podría poner en riesgo el mundo, pero el proceso no solamente ayudará al medio ambiente sino también a las sociedades de forma económica. La historia se enfoca en Paul Safranek (Matt Damon) y Audrey Safranek (Kristen Wiig), una pareja de clase media con aspiraciones de una mejor vida, la cual solamente pueden conseguir sometiéndose al proceso de reducción y mudándose a la comunidad de Leisureland, donde el capital familiar valdrá diez veces más y alcanzarán el sueño de vivir como reyes.

Sin embargo, esto no ocurre hasta media hora de empezada la película. En el camino conocemos un poco acerca de Paul, un tipo agradable, promedio, y bastante devoto. Al principio lo vemos cuidando de su madre, a pesar de las quejas de esta con respecto a su salud y la ridiculez del descubrimiento científico de la «reducción», mientras ella sufre de fibromialgia. Paul es un terapeuta ocupacional, un oficio bastante honrado, pero que en un principio se presenta como algo vergonzoso para él, ya que se revela que bien podría haber sido un gran cirujano, pero que tuvo que abandonar sus estudios para cuidar de su madre. Varios años después, lo vemos repitiendo casi la misma rutina, pero esta vez con su esposa, con quien parece tener una relación sólida, aunque se vislumbran grietas de una relación destinada al fracaso como base de una odisea inminente de aquellas que cambian puntos de vista. Lo simpático es que esta vez, el cambio de perspectiva es algo muy literal en la película, ya que todo sucede cuando Paul se reduce de tamaño y su esposa cambia de opinión en el último momento, abandonándolo para siempre.

Por un lado, esto significa que Wiig abandona la película, lo cual es una pena porque ella es una genial adición de forma automática en cualquier obra. Sin embargo, a pesar de lo predecible que se torna el guion de Payne y Jim Taylor (fiel colaborador del director), la historia se inunda de ternura y gran corazón. Por un lado, la intervención de Christoph Waltz con su típico estilo cuando quiere hacer comedia, algo medio repetitivo pero simpático porque su fisonomía es tan peculiar que no llega a aburrir, al menos por ahora. Waltz interpreta a Dusan, el vecino de arriba que invita a Paul a divertirse un poco más en este nuevo mundo que se supone es un paraíso hasta para los de clase media que en el exterior estarían viviendo moderadamente, siempre al borde de cumplir objetivos de una vida mejor, pero nunca consiguiéndolo.

A través de Dusan, Paul conoce a Ngoc Lan Tran (Hong Chau), una vietnamita que llegó al país de forma reducida en una caja de contrabando en el que perdió una pierna cuando un televisor se le cayó encima, provocando un escándalo internacional en el que se revelaron los problemas de las sociedades reducidas, que son básicamente los mismos problemas de cualquier sociedad actual: pobreza, discriminación, indiferencia política, y todo lo malo que ya tenemos en el mundo ahora mismo. Ngoc Lan interpreta a una empleada doméstica mandona pero muy tierna que, tras una serie de accidentes, arrastra a Paul a un submundo que él no había imaginado hasta ahora, pero que estuvo siempre a la vista. Así Paul va descubriendo su verdadero llamado luego de unas cuantas desventuras que paulatinamente le abren los ojos y revelan el patetismo de sus preocupaciones mundanas. El problema principal de la película yace en la relación que se va formando entre ellos porque Chau literalmente se come vivo a Damon con una interpretación increíble que se balancea a la perfección entre cómica y trágica. A pesar de ser el protagonista principal, Matt simplemente no se salva en pantalla cada vez que están juntos y lo mediocre de su personaje se traslada visiblemente a su interpretación.

A veces un cambio de perspectiva ayuda a una persona a entender mejor el mundo, y Pequeña Gran Vida lo hace literal. Payne arroja las sutilezas por la ventana y entiendo que eso resulte problemático porque a nadie le gusta una propaganda tan evidente, por más que sea un mensaje altruista, pero creo sinceramente que hay películas para ser exigentes y hay películas para tomarlas como llegan. Sin prestigiar a Matt Damon, que es un actor sólido, un creíble héroe de acción, y un gran astronauta, pero esta película se hubiera beneficiado mucho más de alguien como Paul Giamatti, a quien le sale mucho mejor el pape de tipo común y corriente. A pesar de eso -y mayormente gracias a la maravillosa Hong Chau-, es una odisea conmovedora con un mensaje muy relevante que es más apropiado que nunca.

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Total: 2 Promedio: 3
Acerca de Emmanuel Báez 2662 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz. Primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, miembro de la asociación Cinema23 del Premio Iberoamericano de Cine Fénix.

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