‘Pecado Original’ explora una relación disfuncional con resultados hilarantes

El tema de los matrimonios disfuncionales en el cine generalmente cae en la categoría de dramas románticos, pero Pecado Original encuentra el lado divertido en la premisa y, a través del humor, inserta un comentario social sobre la opresión femenina y las imposiciones sociales que se interponen en el camino a la felicidad. Eva (Maia Nikiphoroff) es una ama de casa atrapada en un matrimonio aparentemente infeliz. Su esposo Adrián (César Di Bello) es un hombre tieso cuyo máximo interés es el ascenso que está por recibir en el trabajo, lo que lo convertiría en un diplomático de renombre. Una de las primeras escenas que comparten es el de Adrián preparándose para ir a una importante reunión donde deberían anunciar su nombramiento. Adrián apenas reconoce la existencia de Eva, mientras ella lo ayuda a alistarse para el gran día. Ella intenta darle un beso de buena suerte, pero él se apresura a salir de la casa.

El guion, firmado por Nikiphoroff y la directora Jean Lee presenta un desarrollo a trompicones, en donde el espectador debe rellenar muchos espacios en blanco. Algunas preguntas necesitan una respuesta para que el conflicto inminente tenga más peso, como por ejemplo, qué es lo que llevó a los dos a estar juntos. Ambos lucen muy jóvenes e inexpertos en la vida, dominados por las reglas del entorno, que exige de ellos un comportamiento adecuado y bien moderado. Tras una llamada telefónica de la cocinera de la casa, se entiende que Eva teme a los padres de Adrián, quienes esperan como cena un verdadero manjar para celebrar la promoción de su hijo. Se deduce, a través de diálogos bien ubicados, que la madre de Adrián no tiene la mejor impresión de su nuera. Lo que no queda claro es por qué ambos están casados. Solo vale suponer que la relación tuvo un pasado más convincente.

Por la tarde llega Luis (Alejandro Torres), un pintor a quien Eva compró un cuadro una semana atrás. El cuadro en cuestión, una obra abstracta con trazos sexuales, hace bastante contraste con los cuadros religiosos que adornan la enorme casa en la que viven. Es obvio que Eva se sintió atraída por el trabajo y por el pintor, que suponen una luz de liberación para contrarrestar la vida de sumisión que está sufriendo. Una cosa lleva a la otra y los dos empiezan a besarse apasionadamente, pero son interrumpidos por Adrián, que vuelve a casa con malas noticias: el ascenso laboral se lo llevó alguien más, así que la olla a presión está a punto de explotar. Sin embargo, ni siquiera esa situación puede socavar a Adrián, cuya reacción es invitar a Luis a quedarse para comer y practicar deportes.

El absurdo de la comedia funciona gracias al trío actoral, que se presta para un vaivén de situaciones ridículas que no están pensadas en favor de la verosimilitud, sino de la crítica social sobre las expectativas del matrimonio y la liberación sexual. Luis, que se queda porque desea cobrar por su trabajo, toma el rol de terapeuta y busca la manera de reconciliar a la pareja, descubriendo que hay muy poca empatía por parte de Adrián, que es incapaz de reconocer las emociones y sentimientos de su mujer. Eva, por su parte, ni siquiera pide mucho poder equitativo sobre toda la relación, sino algo de control por sobre su esposo, en forma de una felación, algo que él jamás aceptó por razones que no están del todo claras. Ella explica por qué es tan importante que pueda tener ese control, pero Adrián no puede derrumbar su propia fachada.

La visión de Jean Lee -que debuta como directora- es ligera y pausada, y sabe perfectamente que el atractivo principal son sus actores, siguiéndolos como si se tratase de una obra de teatro. Toda la historia se lleva a cabo en la casa, y aprovechan bien las distintas locaciones interiores, por lo que no aburre en ningún momento, ni siquiera cuando el guion va perdiendo fuerza hacia los últimos veinte minutos, cuando el absurdo va desinflándose y el chiste repetitivo pierde su gracia. Eso se debe más que nada a la interpretación de Nikiphoroff, que convence con sus frustraciones y deseos reprimidos, pero también con su mirada esperanzada y una sonrisa afable, que marca uno de los últimos planos de la película. Si tan solo se hubiese desarrollado más la relación de la pareja -algo que jamás resulta creíble- la película podría haber funcionado hasta el final.

Acerca de Emmanuel Báez 2668 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz. Primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, miembro de la asociación Cinema23 del Premio Iberoamericano de Cine Fénix.

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