‘Parasite’, Joon-ho Bong firma una angustiante obra maestra

En el corazón del cine de Joon-ho Bong hay una discusión muy actual sobre las brechas entre las clases sociales, con protagonistas que generalmente se encuentran en el lado menos favorecido del espectro. Podemos hablar sobre esos temas y otros relacionados viendo Snowpiercer, Okja, y The Host, pero su más reciente trabajo, Parasite, es la película que encara esta problemática de forma más compleja, y constituye uno de esos casos donde resulta fácil usar el calificativo de «obra maestra».

La película sigue a una familia coreana de cuatro miembros que apenas sobrevive aceptando trabajos miserables que pagan poco o nada, pero cuyo destino parece encontrar una luz de esperanza cuando Kim Ki-woo (Choi Woo-sik), el hijo menor, acepta trabajar como tutor de inglés de la hija adolescente de la adinerada familia Park. Demostrando una gran habilidad para el engaño, Ki-woo se aprovecha de las necesidades de la familia para meter a su hermana Ki-jung (So-dam Park), quien se hace pasar por especialista en terapia de arte. La colaboración entre ambos hace que sea más fácil después conseguir que su padre, Ki-taek (Kang-ho Song), y su madre, Chung-sook (Hye-jin Jang), sean contratados como chofer y ama de llaves, respectivamente.

La historia empieza con una comedia ligera acerca de las vicisitudes de una familia, con cuestiones mundanas como la conexión de internet que roban de una señora que vive en el piso de arriba y un hombre que orina cerca de la ventana del semisótano donde se alojan. Hay un comentario social que va tomando fuerza cuando discuten con la dueña de una pizzería para la cual trabajan armando las cajas, pero el crescendo del tono es tan sutil que uno no se entera el momento en que el humor va tornándose negro, antes de pasar a un drama y, posteriormente, a un thriller oscuro con dosis de terror social. No recuerdo un giro tan insólito desde Audition de Takashi Miike en el cine oriental, aunque espero que me corrijan en esta nota.

El retrato inicial de la familia no ofrece ningún indicio de que son expertos en esta clase de engaños, por lo que puede parecer que el guion de Jin Won Han y Bong presenta sus giros con una construcción débil. Sin embargo, hay una lectura satírica que refuerza las acciones de los protagonistas, inclusive cuando no está claro el por qué de sus decisiones. Así es como el hecho de que Ki-woo se desenvuelva como un timador profesional de un momento a otro, aun cuando el guion no estableció esa habilidad previamente, tiene todo el sentido del mundo en el contexto de las motivaciones y anhelos más profundos del personaje, a través del cual el director empieza a encaminar su historia hacia un camino sin salida. Es la única forma en la que la familia Kim puede llegar a experimentar algo similar a una vida de lujos, ya que el sistema no está hecho como para que puedan conseguirlo con honestidad.

Por su parte, la presentación de la familia Park es el de una familia millonaria con preocupaciones que están muy por encima del dinero, y tienen que ver con cuestiones específicas de educación u ocio, que generalmente son utopías para personas de bajos recursos. El contraste que se va generando entre ambos espectros no es fuerte al principio, ya que la película mantiene un tono jocoso durante la primera hora, presentando las situaciones en modo comedia, pero escondiendo siempre una verdad pesimista. Debajo de la familia rica, hay una pelea entre un mismo grupo de personas de bajos ingresos, mientras los de arriba ni se inmutan de la existencia de estos, que deben recurrir a las garras para poder recibir solo lo suficiente como parar vivir un poco mejor. Joon-ho Bong recurre constantemente a esta alegoría, ya de forma más evidente desde la segunda mitad de la película, cuando la trama toma una curva pronunciada.

Lo bueno es que no se olvida de entretener, presentando una trama que pasa al thriller con buenas dosis de suspenso, dejando casi por completo fuera del panorama a la familia Park, y enfocándose -como en la mayoría de sus mejores obras- en los conflictos que se acrecientan solamente entre los menos pudientes. Los diálogos y las actuaciones elevan el material con sus pensamientos punzantes sobre las clases sociales (ahí se destaca Song, regular colaborador del director), hasta un enfrentamiento apoteósico en el que los muros entre ambos estratos se difumina generando caos y confusión. Bong utiliza sus mejores recursos para generar desesperación, angustia, y desasosiego, aunque dejando una tenue luz de esperanza como una nota al pie. El cuidado en los detalles y simbolismos mantiene la película abierta a múltiples lecturas, con un efecto que se mantiene latente mucho después de terminada la historia.

Acerca de Emmanuel Báez 2655 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz. Primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, miembro de la asociación Cinema23 del Premio Iberoamericano de Cine Fénix.

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