‘Palm Springs’ renueva el concepto del bucle temporal con una historia sensible y divertida

«Hay algo diferente. Cualquier cosa diferente es bueno. Pero esto podría ser muy bueno».

Phil

¿Saben qué es muy bueno y diferente? Palm Springs. Una película más que se agrega a la lista de títulos que beben de la premisa de Groundhog Day. Esa lista cuenta con un montón de títulos, pero no todos logran cautivar la esencia del film de Harold Ramis, que no es solamente una comedia romántica, sino una historia sobre aprender de los errores y elegir el camino más sincero, por más difícil que sea y por más tiempo que tome, para llegar a la felicidad verdadera. ¿Pero qué es felicidad? ¿Qué es vida? ¿Cuál es el sentido de todo? La ópera prima de Max Barbakow, escrita por Andy Siara, no pretende ofrecer una respuesta diferente a esa incógnita atemporal, pero sí entrega una odisea repleta de sorpresas, humor, y una sensible exploración de la soledad y el amor.

El recurso del bucle de tiempo ya fue usado de muchas formas, y mediante varios géneros (Edge of Tomorrow, Russian Doll, Happy Deaths Day, son algunos ejemplos notables), pero es a través de la comedia que se suele llegar a una tesis más interesante porque una buena risa parece ser la mejor compañía para una situación de fantasía tan particular. La resolución de la mayoría de esta clase de películas suele darse a través de un profundo autodescubrimiento que sucede tras repetidas situaciones adversas, lo que siempre empieza con el horror de tener que revivir siempre el mismo evento, pasando luego a la resignación y, finalmente, a la comprensión de la ironía más grande del universo: venimos de la nada, y terminaremos en la nada. El elemento que usualmente aleja la balanza del nihilismo suele ser el amor en muchas de sus formas, ya sea propio o recíproco. En Groundhog Day, el personaje de Bill Murray primero aprende a quererse a sí mismo, antes de querer a los demás, y luego querer con honestidad a Rita. El viaje de Andy Samberg en Palm Springs es similar, con la matiz existencial más dispersa.

La historia empieza en el día de una boda, donde Nyles (Andy Samberg) conoce a Sarah (Cristin Milioti), y esta se ve atraída por su actitud tranquila e indiferente. Luego de una noche interesante en el que ambos terminan enrollados sobre el montículo en un desierto cercano, Nyles es repentinamente atacado por un tipo misterioso llamado Roy (J.K. Simmons), que obliga a Nyle a meterse en una cueva, reseteando el día. El problema inesperado es que Sarah persigue a Nyles, y también ingresa a la cueva, uniéndose así al bucle de tiempo en el que los otros dos están atrapados: el día de la boda de la hermana menor de Sarah. «Es uno de esos bucles temporales sobre los cuales quizás hayas escuchado», le dice Nyles a una desesperada y confundida Sarah. Una mención directa a Groundhog Day no habría estado mal, ya que el guion se presenta consciente de sí mismo con los diálogos escritos por Siara, o improvisados por Samberg. Conociendo al comediante, me inclino a pensar que hay mucho de lo segundo.

Es la dinámica entre Samberg y Milioti lo que hace que Palm Springs sea instantáneamente más divertida que la mayoría de los títulos que usan la misma premisa. Sarah es la oveja negra de la familia, denigrada porque «tiene mucho sexo y bebe demasiado», lo que es técnicamente cierto, según ella misma. Eso la coloca en un estado moralmente ambiguo que hace que la relación entre ambos -y la trama con tono existencialista- sea mucho más atractiva. En cierto sentido, es ella la que tiene mayor influencia en la película, recorriendo un camino del héroe más evidente, a diferencia de Nyles, a quien conocemos habiendo vivido el mismo día durante lo que podría deducirse que fueron muchos años. Tras la resignación, ella se ve imbuida por el espíritu despreocupado de Nyles, lo que es coherente con el estilo de vida que ya llevaba antes de conocerlo, pero a través de eso también logrará conocerse y llegará a comprender que es un estilo de vida que a la larga no le traerá felicidad.

Así es como la mitad de la película es una comedia típica del género. Los dos viven el mismo día, haciendo locuras juntos, y enamorándose en el proceso. Así también es como el mensaje nihilista se ve sobrepasado por el dolor del sufrimiento eterno que deviene de la soledad. y como este se convierte en un llamado a algo más grande y duradero, algo que realmente importa, como el calor y la compañía de otra persona. Pero hay una tercera capa de conversación que es todavía más interesante, y es que se entiende que el amor no lo es todo, y que las relaciones pueden ser tediosas en algunos momentos, y que esos momentos repetitivos forman parte del todo de un vínculo.

La presencia de J.K. Simmons es también muy relevante, además de hilarante. Nyles revela que en una de las tantas noches desenfrenadas, llevó a Roy a la cueva, y este no tomó nada bien el hecho de tener que revivir para siempre el mismo día, perdiéndose por completo en la ira, que en sí mismo es un ciclo repetitivo del cual es muy difícil escapar en situaciones normales. Simmons, con el rango impresionante al cual nos tiene acostumbrados, es el mensajero de que la violencia no es jamás el camino. Su intervención le da un toque agridulce a la trama, lo que ya se siente por momentos con discusiones de violencia y suicidio que apenas son tocados para no ponerse depresivos. Sin embargo, la comedia se ve elevada por las discusiones significativas sobre el propósito de la vida, y la química entre Samberg y Milioti hace que el romance sea verosímil y entrañable.

Acerca de Emmanuel Báez 2709 Articles
Editor en Jefe y Crítico de Cine. Primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society. Miembro de la asociación Cinema23 del Premio Iberoamericano de Cine Fénix. Jurado Festival Internacional de Cine de Mar del Plata 2018.

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