‘Paddleton’, la amistad más tierna y sincera del año

A los pocos segundos de empezar la película, Michael recibe la noticia de que tiene cáncer de estómago en estado terminal. En cualquier otra película, la escena se daría a los diez o quince minutos, después de una introducción del personaje, seguido de algunas escenas donde se van presentando los primeros síntomas y las visitas al médico. Con Paddleton, el director Alex Lehmann se salta muchas de las situaciones tradicionales de las comedias dramáticas porque tiene otras cartas más interesantes en su haber. Por un lado está el dúo actoral de Mark Duplass y Ray Romano y, en segundo lugar, las características propias del mumblecore, un subgénero del cine indie que se destaca por la naturalidad de las relaciones y, a veces, una serie de riesgos en la estructura de la narrativa. Luego de darles la trágica noticia, la doctora le pregunta cual es la relación entre los dos hombres, a lo que Andy responde que son vecinos, y luego agrega que «vive encima de él». Es incómodo, pero tierno, y encapsula el tipo de conexión que tienen.

Se entiende que Andy y Michael son vecinos, además de amigos, desde hace mucho tiempo, pero la película no expone la relación de forma superficial con ninguna clase de explicación o recurso innecesario, simplemente los muestra disfrutando de ciertas actividades que dan a entender que la amistad que comparten ya tiene su tiempo. Los dos pasan algunas tardes practicando un juego al que bautizaron «paddleton», que consiste en hacer rebotar una pelota por una pared y tratar de que caiga adentro de un barril de metal. Por las noches, se reúnen para ver una película ficticia llamada Death Punch, la cual ya vieron muchísimas veces, pero la disfrutan como si fuera el estreno. Ambos odian las conversaciones triviales que empiezan con preguntas sobre el fin de semana o el clima, aunque las conversaciones que ellos mismos tienen no son necesariamente relevantes para la trama. De hecho, es propio del mumblecore, que muchas veces contiene diálogos improvisados, sin la presión de que tengan que mover la historia para adelante.

Sin embargo, hay un conflicto que impulsa el viaje que ambos toman, y no es la noticia del cáncer terminal, sino la decisión de Michael de terminar con su propia vida antes de que la enfermedad lo haga. Andy procura darle una charla acerca de los milagros y no rendirse, pero no es esa clase de película. La decisión está tomada, y ahora solo se trata de probar la amistad que tienen llevándola a un nuevo nivel. Los dos hacen un viaje de diez horas para llegar a la farmacia más cercana donde sí aceptan la receta especial que le dieron los doctores a Michael, la cual consiste en una serie de pastillas que deberá tomar para quitarse la vida. Todo es acerca de la dinámica entre ambos, la cual puede ser incómoda, pero es honesta y bastante verosímil. Duplass entrega una actuación fenomenal como Michael, de esas que se pueden confundir por desabrida y neutra en un género más comercial, pero acá responde al estilo narrativo. Romano está sencillamente genial, interpretando a un tipo todavía más introvertido, aunque bastante afable y simpático. Se comporta como si estuviera adentro del espectro, pero el guion jamás lo juzga ni se aprovecha de su actuar. No hay brotes de nervios o escenas pensadas para el Óscar, es casi un documental.

La química que tienen es lo que hace que la historia sea muy agradable, hasta cuando parece que puede llegar a perder el rumbo, o a traicionar un poco su propia naturaleza indie. Se repiten las escenas en la que ven la misma película o hablan tan bajo que apenas se les entiende, pero siempre hay un nuevo detalle que va aumentando la tensión porque se siente la llegada de ese momento que Andy quiere evitar. No hay discusiones morales evidentes, aunque el tema se desprende orgánicamente de la trama porque es inusual y sincera en su representación. Como Andy no puede lidiar directamente con el hecho de que su mejor amigo va a morir dentro de poco, decide comprar una caja fuerte de juguete donde guarda las pastillas que compraron. Es una decisión infantil con un trasfondo complejo porque revela su incapacidad por expresar sus emociones, algo que lo atormenta sutilmente. Sin embargo, al final del día, los dos siguen sentados en el mismo sofá, viendo la misma película, y compartiendo momentos sencillos que para los dos conforman la amistad que tanto atesoran, y ese bromance es uno de los más tiernos y sinceros del año.

Acerca de Emmanuel Báez 2662 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz. Primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, miembro de la asociación Cinema23 del Premio Iberoamericano de Cine Fénix.

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