‘Orsai’, comedia paraguaya que termina en un gol en contra

La comedia es uno de los géneros más subjetivos. Un diálogo o gag, que puede causar mucha gracia a una persona, puede resultar aburrida para otra. Sin embargo, una cuestión que escapa de la subjetividad y que funciona más de acuerdo a una serie de reglas básicas preestablecidas es el guion, y, teniendo en cuenta ese aspecto, Orsai entra en la lista de películas paraguayas que fallan en contar una historia coherente con una lógica interna que se pueda sostener al escrutinio. Esa lista es bastante larga, pero esta película tiene a su favor que se aleja en género y estilo de la mayoría de los títulos que llegaron al cine nacional: es una comedia romántica con toques de slapstick argentino de los noventa y el típico sketch paraguayo que tanto agrada a cierto rango etario acostumbrado al humor costumbrista de la televisión de aire.

La trama sigue a Rafa, un despensero de barrio que descubre que su hermano hipotecó el negocio de la familia para poder sacar un préstamo y concretar un fichaje prometedor. La esperanza está puesta en un joven que viene del interior, pero todo se complica más cuando es diagnosticado con un síndrome que le dificulta distinguir entre izquierda y derecha, por lo que deben buscar una solución inmediata a la deuda millonaria que está recayendo sobre la familia. Tomando el consejo de un amigo, Rafa acude a un actor veterano que le entrenará para hacerse pasar por un abogado, ya que no tienen los recursos para pagar a uno de verdad. Ellos no saben qué exactamente buscan conseguir con el show, y tampoco lo sabe la película, que solamente salta de una situación a otra buscando insertar algunos gags en medio de escenas sin desarrollo.

El debut como director de Emiliano Gómez es un producto de otra época, y si se hubiese estrenado un par de décadas atrás, la discusión sería diferente. Todos los personajes son estereotipos que no se escapan en ningún momento de lo unidimensional, y, en definitiva, no culpo a los actores, que se desempeñan bastante bien teniendo en cuenta las limitaciones. El protagonista es un zopenco en lo que respecta al amor, aunque al menos atraviesa una especie de introspección con los obstáculos que se presentan y el guion le permite un pequeño crecimiento. Ninguno de los demás personajes tienen esa mínima suerte, ya que pueden describirse en pocas palabras: el hermano con tendencias homosexuales, el amigo con dos neuronas y consejos ridículos, la vecina con dificultad para hablar, la hermana menor obsesionada con las redes sociales, y el chico con una discapacidad que se quedó a trabajar en la despensa. Todos están presentados y retratados para la comedia, y de nadie se puede agregar más información que tenga algún efecto en la trama. Hasta la mamá es solamente la mamá, y ya.

El guion parece haber sido escrito con dos o tres ideas interesantes, pero ninguna de ellas está aprovechada. Por un lado, tenemos el fanatismo por el fútbol de clubes, que podría jugar un papel importante en los conflictos cuando Rafa, que es del Club Olimpia como el resto de su familia, se empieza a enamorar de Claudia, la abogada que representa a la financiera que lo está demandando, y que resulta ser fanática del Club Cerro Porteño. Esa diferencia, que puede ser contundente, es apenas anecdótica y solamente existe para rematar en un enfrentamiento físico que se da entre dos familias, lo que sucede completamente en negro después de un montaje videoclipero para apurar la trama hacia el desenlace. El tipo de comedia física al que recurren es uno de los aspectos que pertenecen a otra era y que no tiene cabida en el cine contemporáneo, y resulta más incómodo teniendo en cuenta la realidad social en la que vivimos, donde la violencia entre fanáticos del fútbol es moneda corriente.

Otra idea interesante es el de las despensas de barrio, tan típicas en los rincones paraguayos desde tiempos inmemoriales, y que se presta para un relato nostálgico acerca de cómo el paso del tiempo afecta a este tipo de legado familiar. De hecho, la película empieza con un breve monólogo de Rafa haciendo alusión a esa problemática, lo que instantáneamente me llevó a pensar que se trataba de un augurio narrativo, pero ninguno de los conflictos tienen relación con eso. Simplemente es algo que dice. ¿Y qué tal si hubiera sido una historia sobre el dueño de una despensa que se mete en aprietos intentando resistir a la aparición de una cadena de supermercados? ¿Una versión de You’ve Got Mail adaptada a la idiosincrasia local? Me paseaba entre escenarios más atractivos mientras la película me perdía con gags repetitivos.

Tampoco voy a negar que algunos de los chistes me sacaron risas. Los espectadores presentes en la función a la que asistí se estaban desternillando en varias ocasiones y, cuando el humor no recurría a la burla, aterrizaba muy bien. Ahí es donde hago hincapié en el casting, que es lo que evita que la película se estrelle, en especial Rafael Alfaro, que tiene madera para la comedia y es una presencia fresca y agradable en la escueta cinematografía nacional, que usualmente presenta elencos conformados por los mismos rostros. Lastimosamente, el guion sigue siendo una materia pendiente, lo que creo que ya ni tendría que ser un problema después de tantas obras audiovisuales paraguayas que solo existen para ser malos ejemplos. Orsai llega a los noventa minutos, como un partido de fútbol entero, y, al final, agradecí que no hayan pasado a tiempo extra.

Acerca de Emmanuel Báez 2655 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz. Primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, miembro de la asociación Cinema23 del Premio Iberoamericano de Cine Fénix.

3 Comentarios

  1. El típico sketch paraguayo que tanto agrada a cierto rango etario acostumbrado al humor costumbrista de la televisión de aire. O sea, sos un snob. Pará mí, este párrafo arruina tu crítica.

  2. Considero que fuiste muy benévolo con la crítica, especialmente con Alfaro, no le queda el papel. No es simpática, ni entretenida, ni mucho menos recomendable la película. Coincido plenamente con la repetición de humor costumbrista de la tv de aire, pero por sobre todas las cosas, me parece que le diste en el clavo con la crítica relacionada al »guion», ya no debería ser tan pobre.

    Copiamos y copiamos mal.

    Qué hacía el sr. Barriga ahí? Actuó un par de minutos y su presencia fue totalmente irrelevante y prescindible.

    En fin, entre las últimas películas paraguayas que vi, sin dudas, esta es la peor. Es una pena escribir esto, sería hermoso poder recomendar la película a algunos compatriotas y amigos extranjeros que viven acá.

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