‘Mulán’ es otro remake live-action de Disney que no pasa de ser genérico e insustancial

Disney continúa con su campaña de actualización de clásicos animados en versiones live-action, aunque después de varios productos (algunos mejores que otros), sigue sin estar claro para quién exactamente son estas nuevas ediciones. La directora Niki Caro (Whale Rider, The Zookeeper’s Wife) se convierte en la primera mujer en dirigir una superproducción de más de $200 millones, lo que por sí solo es digno de celebrar. Lastimosamente, Mulán no justifica su propia existencia con un guion liviano y trivial, una dirección de la acción que desconoce por completo la historia de las artes marciales en el cine chino, y adiciones que no aportan lo suficiente como para ser relevantes. Al igual que Dumbo, Aladdin, y El Rey León, este remake dura más de media hora que el film original, y con ese tiempo extra no profundizan en temas ya existentes, sino que agregan subtramas que son presentadas superficialmente.

La historia base es casi la misma. Hua Mulan (Yifei Liu) es una joven intrépida y divertida que está destinada a seguir la tradición familiar, y convertirse en una próspera esposa, a pesar de que su espíritu aventurero y luchador se opone a la costumbre. Su padre, Zhou (Tzi Ma), al principio la incentiva a perseguir su camino, pero se ve presionado por su esposa Li (Rosalind Chao), y la visión de su pueblo a limitarla. Cuando el Imperio requiere que cada familia entregue un hombre para luchar contra el ejército rourano, Mulán se disfraza de hombre y toma la armadura y la espada de su padre, quien no puede realizar trabajos pesados debido a una lesión. Así es cómo la joven se embarca en la odisea de pelear por su pueblo sin que la milicia descubra su verdadera identidad, pasando por un riguroso entrenamiento que elevará sus habilidades naturales como guerrera.

Ahí yace uno de los cambios con respecto a la película original. Mientras que en el film animado Mulán avanzaba gracias a su determinación y su fortaleza, en esta versión se introduce el concepto del Chi, que parte de la filosofía china y tiene que ver con la energía de todo ser vivo. Sin embargo, su adición en el guion funciona como excusa, disminuyendo las cualidades propias de la heroína a una cuantificación impalpable. Ella resulta ser poderosa porque tiene mucho más Chi que los demás, y mientras más esconde esa ventaja, más difícil le será descubrir su verdadero poder. Hablar de Chi no es un error por sí solo, sino que la historia lo maneja de una forma muy superficial, y solo consigue recordar a los «midiclorianos» de Star Wars.

El guion, firmado por Rick Jaffa, Amanda Silver, Lauren Hynek, y Elizabeth Martin, reemplaza las canciones de la película de 1998 con un desarrollo de personajes frío e insustancial, aunque Yifei Liu es un excelente casting, caracterizando a Mulan con estoicismo y bravura, convenciendo en todas sus facetas. No es su culpa que la protagonista no tenga mucho más que ofrecer, y la dirección de Caro -especialmente en las secuencias de acción- no le hacen ningún favor. Este es otro típico caso de cine occidental procurando imitar el cine de artes marciales oriental, pero el fracaso es más alevoso ya que la historia pertenece a la cultura china, sobre la cual profundizan poco o nada. A pesar de las influencias, no se siente más que un fan-film de gran factura que ni se acerca a títulos como El Tigre y el Dragón, La Casa de las Dagas Voladoras, o Héroe.

Es justamente alguien de la categoría de Yimou Zhang lo que esta historia necesitaba, y si bien la filmografía de Caro es rica en trabajos dramáticos de índole más personal, no está a la altura de manejar una producción de esta envergadura. Como también es habitual en las escenas de acción norteamericanas -específicamente cuando se trata de artes marciales-, el montaje abrupto le quita toda emoción a los enfrentamientos, y no hay una sola lucha cuerpo a cuerpo o entre espadas que sea memorable. En algunas ocasiones, la cámara hace movimientos circulares amateurs y la edición frenética hace que sea difícil apreciar golpes o estocadas. Esto es doblemente penoso teniendo en cuenta que apuntan a un estilo wire-fu (trabajo con cables y arneses) que poco se puede ver porque hay demasiados cortes innecesarios.

Al otro lado de la heroína está Böri Khan (Jason Scott Lee), el líder del ejército rourano, que ostenta malicia gratuita y es motivado por una sed de venganza de fórmula. Es otro villano demacrado que gime y tuerce el rostro para intimidar, y Scott Lee está bien, sin profundizar, porque su personaje no es más que una figura unidimensional. Está acompañado de Xianniang (Li Gong), una bruja cambia formas que domina el Chi y se siente identificada con la travesía de Mulán, denunciando a los hombres que la denigraron e hicieron de menos por sus habilidades. Hay una oportunidad perdida de explorar la dualidad del poder, pero una vez más, el guion solo hace una pincelada, y este nuevo agregado se desvanece tan rápido como aparece. Ni siquiera la mirada feminista, que podría haberse beneficiado enormemente del relato de superación de Mulán, resulta memorable.

Otros rostros presentes y desaprovechados, son los de Donnie Yen como el Comandante Tung y Jet Li como el Emperador, cumpliendo la cuota de casting de íconos del cine chino. Es obviamente comprensible que acepten trabajos como este, y lo más probable es que no hayan tenido idea de lo que era el producto completo porque solo aparecen brevemente cuando el guion lo requiere. Aun así, tener a dos grandes artemarcialistas, que tienen una historia cinematográfica sublime en China, haciendo papeles tan básicos, suma bastante a la ofensa de una película que bebe muchísimo de la cultura de dicho país, sin respetarla y honrarla como era debido.

Acerca de Emmanuel Báez 2716 Articles
Editor en Jefe y Crítico de Cine. Primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society. Miembro de la asociación Cinema23 del Premio Iberoamericano de Cine Fénix. Jurado Festival Internacional de Cine de Mar del Plata 2018.

1 Comentario

  1. Una pena la verdad ! Me pareció curioso el cambio de mushu con el Fénix… Pero la verdad parece un pájaro de celofán que le quita todo lo «filosófico» a su aparición.

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