‘Mujercitas’ reformula el clásico en una exquisita y poderosa adaptación

«Las mujeres nutrimos» decía la legendaria Glenn Close en un emotivo discurso que brindó en los Golden Globes hace exactamente un año. «Tenemos a nuestros hijos y a nuestras parejas, es lo que se espera de nosotras. Pero tenemos que encontrar realización personal. Tenemos que poder seguir nuestros sueños». Matrimonio, hijos, amor y crianza son palabras que son utilizadas –muchas veces, por los propios padres– para describir una idea “tradicional” de la felicidad a las niñas, adolescentes y mujeres, y que son vestigios de una cultura patriarcal que, gracias a la educación y la cultura, vamos dejando atrás. Esta honesta declaración bien podría pasar desapercibida como un célebre diálogo más de la exquisita adaptación de Mujercitas, el enternecedor clásico literario publicado hace casi un siglo y medio por Louisa May Alcott. Las aventuras de Meg, Jo, Amy y Beth continúan inspirando a varias generaciones de mujeres alrededor del mundo, por lo que tiene sentido que esta sea nada más y nada menos que su séptima adaptación cinematográfica. Tras el éxito de la coming-of-age Lady Bird, la directora Greta Gerwig vuelve a sentarse detrás de la cámara y demuestra mucha más madurez y naturalidad con su segundo trabajo. Pero Gerwig no se limita a adaptar la obra, que de cualquier manera tendría un excelente resultado, sino que reformula la historia y agrega pequeños pedazos de sí misma para crear un retrato más reflexivo y complejo que sus antecesoras.

Mujercitas narra la historia de las hijas de la familia March durante los años de su niñez, adolescencia y adultez, pero en lugar de seguir la cronología lineal, Gerwig presenta a las mujercitas ya crecidas, con vidas en lugares muy distintos, llevando consigo todos los sueños, ambiciones, recuerdos y tristezas que vivieron juntas. Fiel al material original, la cinta abarca todos los momentos de la historia: las discusiones, las travesuras, la relación entre las hermanas y su guapo vecino Laurie, la enfermedad de Beth y el radical cambio de Amy. Pero en cada historia individual vemos niveles mucho más profundos que los que se habían explorado antes. Quizás el cambio más radical de la historia sea lo que Gerwig hizo con Amy. La menos querida de las hermanas March, por distintos motivos que son retratados en la película, obtiene aquí mucho más relevancia e independencia del resto, a través de los cautivadores diálogos y pensamientos que Gerwig puso en ella, por lo que al final sus decisiones se sienten mucho más justificadas.

Saoirse Ronan encarna a Jo March en cuerpo, alma y espíritu, como si necesitáramos alguna otra prueba de que es la mejor actriz de esta generación. Su actuación es maravillosa, pero no es la única destacada en el elenco de estrellas. Florence Pugh, la revelación de Midsommar, interpreta a Amy en la niñez y en la adolescencia, y el paso del tiempo es completamente discernible gracias al magnífico trabajo de la actriz. Tal vez sea porque sus personajes simplemente no son tan interesantes como Jo y Amy, pero lo mejor de Emma Watson y Eliza Scanlen en los papeles de Meg y Beth respectivamente es que simplemente completan el cuarteto, lo cual es un poco decepcionante, pues era la oportunidad perfecta para Watson de demostrar que todavía tiene la chispa actoral de sus años en Harry Potter. Por su parte, Timothée Chalamet brinda lo mejor de sus encantos en el rol de Laurie, pero simplemente parece demasiado santurrón para su propio bien. Completan el elenco una excelente Laura Dern, un seductor Louis Garrel, Bob Odenkirk y por supuesto, Meryl Streep, que se roba las conversaciones más entretenidas de la película.

Tal vez pueda parecer que una séptima adaptación de la querida novela de Louisa May Alcott sea innecesaria, pero la esencia de la historia de las hermanas March, y de la propia Alcott, sigue intacta. Es probable que en manos de otra persona la historia haya resultado muy distinta, pero Greta Gerwig encontró la manera de narrar su propia historia a través de la de alguien más. Mujercitas tal vez aparente ser una película infantojuvenil, una pintoresca obra llena de alegría y optimismo, pero al mismo tiempo enfatiza el mensaje de igualdad de oportunidades, reconocimiento y respeto para mujeres y hombres. Es sobre dar el poder a cada persona de escribir su propio destino y encontrar la felicidad a su manera, incluso en los tiempos más difíciles.

Acerca de Maximiliano Núñez 115 Articles
Estudiante de comunicación. Escritor ocasional, aficionado al arte y amante del cine independiente.

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