‘Mujer Maravilla 1984’ entrega otra dosis de optimismo y esperanza en una secuela superior

[Se incluye posibles spoilers]

En palabras de Gordon en The Dark Knight (escrito por Christopher y Jonathan Nolan), Mujer Maravilla 1984 no es la película que nos merecemos, pero sí la que necesitamos ahora mismo. Es un cliché, y se puede aplicar fácilmente a muchas películas, pero la esperada secuela de la superheroína llega con un mensaje de optimismo y esperanza que hablan especialmente contra el desasosiego y el pesimismo que atosigan a este año. La dirección de Patty Jenkins y el guion que firmó en compañía de Geoff Johns y Dave Callaham dialogan constantemente con el espectador, en una película imbuida de una jovialidad cinematográfica que no es común en el cine de superhéroes actual, y que recuerda instantáneamente al Superman de Christopher Reeve y Richard Donner. Es una celebración de resiliencia y coraje que todos necesitamos para afrontar las inevitables dificultades de la vida.

Es también una fantástica película de superhéroes en sí misma, expandiendo la mitología de la Mujer Maravilla con nuevos elementos que siguen construyendo al personaje (aunque varios de estos elementos hacen que la visión de Zack Snyder sea limitada y unidimensional), y un desarrollo emocional que le da todavía más profundidad. La trama se sitúa en el año 1984, y Diana Prince está lidiando con los avances de la tecnología con toda la elegancia e inteligencia que le caracteriza, aunque el paso del tiempo parece haber calado de forma lenta con respecto a un tema en particular: el amor. La memoria de Steve Trevor sigue siendo fuerte, y la soledad no es especialmente agradable después de varias décadas, así que es bastante comprensible la sorpresa cuando Trevor vuelve a aparecer de forma insólita frente a sus ojos.

Gal Gadot vuelve a probar que su casting como la superheroína fue una de las mejores decisiones tomadas en todas las películas de DC. Su exótica belleza es superada por su capacidad para pasar de tener una mirada inocente y juguetona a amenazadora y dura en un segundo, y todo eso sin perder la delicadeza. Una secuencia inicial muestra el robo a una joyería en un centro comercial, y Jenkins reintroduce al personaje a través de cortes rápidos, solo sugiriendo su figura, y cuando finalmente la encuadra, hay un fuerte aire ochentero en su presencia. Fácilmente podría haber sido una escena donde demuestra su fuerza y astucia por sobre los malvivientes, pero Gadot conquista con ternura y simpatía. El escenario se complica con la presencia de unos niños en peligro, pero en ningún momento ese peligro se siente real (y no lo digo de una mala forma), ya que la dirección es divertida, casi humorística. Jenkins no quiere que sintamos miedo por la situación, quiere que sintamos alegría y asombro infantil, y definitivamente lo logra.

La posterior reaparición de Steve Trevor se da a través de un objeto mágico que fue creado por dioses antiguos, y que es capaz de conceder deseos. De esa forma el personaje de Bárbara Minerva (Kristen Wiig) pasa de ser el estereotipo de mujer solterona nerd a tener cada vez más estilo y fuerza, ya que su deseo fue «ser como Diana», algo que pidió sin saber que en realidad Diana es una guerrera amazona de casi 900 años. Wiig logra vender el estereotipo porque aprovecha su faceta como comediante, mezclando bien torpeza con ingenuidad, resultando en un personaje atractivo cuyas motivaciones antagónicas son comprensibles. Lo mismo ocurre con Maxwell Lord (Pedro Pascal), un supuesto magnate del petróleo que también está detrás del codiciado objeto milenario con la intención de cambiar su vida para siempre, luego de una sucesión de decepciones empresariales, financieras, y personales.

En cuanto a villanos se refiere, la secuela es lo suficientemente sólida. Ambos actores venden sus figuras a pesar de que no son particularmente sobresalientes, y sirven para desafiar a la superheroína en un nivel emocional, no solamente físico. Con su deseo concedido de volver a tener la compañía de Steve, Diana empieza a perder sus poderes, y considera seriamente que su creciente debilidad no es tan importante como sus sentimientos. Es una idea muy grande, pero entendible, y hace que la aparición de Trevor se sienta muy íntima, a pesar de que lo toman con mucha simpatía la mayor parte del tiempo. Sin embargo, esa simpatía deviene del asombro de Steve (genial Chris Pine) con todo lo relacionado a la tecnología de los ochenta, especialmente en lo concerniente a aviones. Todo sobre su mirada maravillada es simplemente genial, y la directora lo retrata con respeto, engrandeciendo su asombro buscando evocar el lado más entrañable del espíritu humano.

Esa es la visión general de Jenkins con esta secuela, que llega en una época en la que el mensaje de fortaleza es esencial. La trama eventualmente se dirige a un escenario de declive social apocalíptico, y los distintos set-pieces llegan a ser alucinantes. A pesar de eso, la directora mantiene el foco en Diana, y su lucha interna por despedirse de Steve para poder recuperar sus poderes. Por supuesto, las inevitables secuencias de enfrentamientos están a la altura, y ahí sí se siente un poco más la tensión, especialmente porque Diana se debilita luego de cada pelea. En lo que respecta a efectos visuales, la película funciona como cualquier superproducción, a excepción de un par de momentos en cámara lenta donde se nota el trabajo. El acompañamiento de Hans Zimmer merece mención aparte porque realmente procura darle personalidad a la banda sonora, a diferencia de la gran mayoría de las películas de superhéroes que cuentan con musicalizaciones genéricas.

Mujer Maravilla 1984 últimamente triunfa porque apela a la humanidad en todo momento. Muy a diferencia de la primera entrega, tiene un clímax emocional, alejado de la parafernalia, y es casi un enfrentamiento de ideas. No hay grandes monstruos destruyendo las ciudades, ni peleas destructivas que requieren planos generales para entender. Todo tiene que ver con la belleza del ser humano con todas sus falencias y, por sobre todo, la verdad. Sus mejores momentos son personales, y reflexivos, como Diana deslizándose entre las nubes, disfrutando del aire y el viento, recordando las dulces palabras de Steve sobre la experiencia de volar. El resto de la película es genial por añadidura.

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Acerca de Emmanuel Báez 2731 Articles
Editor en Jefe y Crítico de Cine. Primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society. Miembro de la asociación Cinema23 del Premio Iberoamericano de Cine Fénix. Jurado Festival Internacional de Cine de Mar del Plata 2018.

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