‘Misión: Imposible – Repercusión’, la misión definitiva

Lo que hay que entender muy bien acerca de Tom Cruise es que es una de las últimas verdaderas estrellas del cine de acción que nos quedan, en una era en la que prácticamente ya no puede aplicarse el término a otros actores que suelen decantarse por este género. Las últimas ocho películas de Cruise están de alguna forma enmarcadas en el género de acción, por más aventura y thriller que las describan principalmente, y hay varios elementos que son regulares en todos estos títulos, estando todos esos puntos relacionados con él mismo: buena actuación, credibilidad física, innegable carisma, y un compromiso absoluto con el personaje y la historia. En todos los casos él es siempre lo mejor de la película, incluyendo aquellos títulos que no logran emocionar como producto entero, tales como Oblivion o The Mummy. Sus notables ganas de superarse a sí mismo se traducen en una sensación verosímil en cada situación que atraviesa el personaje de Ethan Hunt, y en seis películas ya pasó por demasiado.

En cualquier otra franquicia esto ya estaría experimentando algo de agotamiento, pero hay suficientes factores en estas películas como para mantener el impulso. Para empezar, Mission: Impossible – Fallout es la primera que tiene una continuidad marcada con la película anterior, con el regreso del villano en la forma de Solomon Lane (Sean Harris), que probó ser un antagonista sumamente complicado, desafiando a Hunt como ningún otro enemigo lo había hecho. De una película más basada en juegos mentales y enfrentamientos psicológicos como lo fue Rogue Nation (a pesar de las espectaculares secuencias de acción y acrobacias peligrosas), pasamos a una película donde nuevamente la acción toma la frontal como el ingrediente principal, y cada set piece es insuperable en sí mismo, formando una creciente de tensión incomparable que jamás cae en lo genérico. Ahí es donde la dirección de Christopher McQuarrie (también repitiéndose un director por primera vez) eleva el material a la grandiosidad, resultando en una de las mejores películas de acción de los últimos años, compartiendo el podio con Mad Max: Fury Road.

La trama sigue a Hunt y su equipo buscando a los Apóstoles, como se hacen llamar los seguidores de Lane ahora que el terrorista está bajo custodia. Sus vasallos continúan el trabajo mediante un protocolo previamente establecido, lo que sigue demostrando las habilidades superiores de Lane en cuanto a estrategias y preparación, y para ello logran hacerse con tres cabezas de plutonio que fueron perdidos por el propio Hunt en medio de un intercambio inicial con traficantes del más bajo mundo del mercado negro. El Secretario de Defensa ordena al IMF recuperar el plutonio antes de que sea demasiado tarde, aunque la misión se verá comprometida por la intromisión de la CIA, que envía a August Walker (Henry Cavill) a acompañarlos para asegurarse de que recuperen el objetivo.

El problema es que Walker es lo más cercano a un asesino trabajando para el gobierno. Es alguien que directamente actúa cuando los demás siguen evaluando las opciones, y supone un verdadero problema para el equipo, estableciendo también otro punto novedoso en una película dispuesta a poner en la mesa todas las decisiones tomadas por Ethan, tanto en lo laboral como en lo personal. El guion firmado por el propio McQuarrie, si bien puede resultar algo difícil de seguir por momentos, baja a tierra toda la esencia de la existencia de un agente como Hunt, dándole un corazón puro a la saga, muy cercano a la propia ideología del Capitán América, e incluso me atrevo a decir que poniéndolo en práctica de una forma mucho más lógica y realista. Mientras el Capitán América exclama que no cambian vidas bajo ninguna circunstancia, por más que luego todos los soldados se sacrifiquen en batalla, Hunt literalmente idea un plan en el que no perece ningún oficial de seguridad en un enfrentamiento en el que hay docenas de ellos.

Casi todo el resto del equipo está de regreso. Luther Stickell (Ving Rhames) y Benji Dunn (Simon Pegg) siguen formando parte de esta familia, y no están exentos del peligro, haciendo más difícil la pelea de Hunt por mantener a todos con vida. Lastimosamente no vuelve Jeremy Renner, que realmente fue una adición muy interesante al equipo ya que era un miembro más físico y cuya introducción parecía indicar una futura transición protagónica en la saga. Sin embargo, la llegada de Cavill compensa con una presencia imponente y una caracterización que hace contraste con Cruise en cuanto a su modus operandi, agregando un condimento gris a la mezcla. Además, toda la polémica con respecto a su bigote está perfectamente justificada porque esa cosa tan bien cuidada que podría tener su propio-spin off.

Para que el conflicto sea todavía mayor, regresa Ilsa Faust (Rebecca Ferguson) con motivaciones confusas que la ponen continuamente en la línea de fuego, obligando a Hunt a recurrir a decisiones aun más radicales que harán que se cuestione todo lo que hace para salvar a su país en cada misión. Sin embargo, el atractivo central de la película son las acrobacias, que alcanzan un nivel demencial como pocas veces se ha visto en el cine de acción, y cuyo único paralelo es el cine de Jackie Chan, por el porcentaje de acción real, sin uso de efectos digitales. Cuando Warner Bros. estaba promocionando The Matrix Reloaded hacían mucho énfasis en lo que iba a ser una de las secuencias de persecución en motocicleta más espectacular del cine. Fue el primer pensamiento risible que se me cruzó por la cabeza en una alucinante persecución que pone de vuelta a Cruise sobre una motocicleta en medio de Londres, y resulta desesperante con la cámara de McQuarrie que toma una postura muy cercana a lo presencial, metiéndonos completamente en la acción, y haciendo que la tensión sea palpable.

Parecen no haber límites para lo que Tom es capaz de hacer simplemente por el entretenimiento, aunque realmente creo que este es un tope inmejorable, y un punto perfecto donde la saga podría terminar, ya que la evaluación de las acciones del héroe concluyen que es alguien que siempre estará presente ante los problemas, preocupándose tanto del individuo como de la comunidad, siendo ese tanto su virtud como su debilidad. En casi dos horas y media (la más larga de la saga) entregan una película introspectiva y reflexiva que no deja de ser entretenida, y cuya trama algo repetida no adolece jamás gracias a la acción frenética pero perfectamente encuadrada que emociona de inicio a fin.

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Total: 16 Promedio: 4.4
Acerca de Emmanuel Báez 2649 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz. Primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, miembro de la asociación Cinema23 del Premio Iberoamericano de Cine Fénix.

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