‘Megalodón’, Statham vs el tiburón prehistórico que no deja sangre humana

Entre las leyendas del cine y los artistas que solo se destacan cuando concretan un producto de mala calidad, hay todo un universo de directores con una filmografía constituida por películas pasables destinadas a ser disfrutadas en las matinales de domingo en casa. Jon Turteltaub es un nombre que seguramente no tengan en el radar si buscan cine trascendental, pero es muy probable que hayan visto varias de sus películas si crecieron en los noventa como yo. Comedias familiares como 3 Ninjas y Cool Runnings, comedias románticas como While You Were Sleeping, y dramas decentes como Phenomenon e Instinct. Su nuevo trabajo es una adición más a estos títulos que se mastican como chicle durante un rato y se escupen en el basurero más cercano porque el sabor solo permanece lo suficiente para acompañar y divertir y, como ya dije en reiteradas ocasiones, eso está simplemente bien.

Sin embargo, The Meg llega en un momento en el que el cine de considerable producción está conformado mayormente por películas de superhéroes o secuelas que no escatiman en recursos ni seriedad, por lo que sobresale en una grilla de estrenos por no tener ninguna clase de atadura comercial preestablecida aparte de su propia existencia. Si bien los monstruos clásicos están en pleno florecimiento de vuelta gracias a King Kong y Godzilla (ejemplos positivos), hay una bestia que había quedado relegada enteramente al estilo de baja calidad de la factoría Asylum con sus películas de Sharknado, con algunas excepciones tolerables como The Shallows, que buscó darle unos giros frescos a los tropos del género. Qué mejor forma de volver a la pantalla grande que en la forma de un Megalodón, un tiburón de 20 metros de largo que vivió hace más de 3 millones de años.

La película está basada en la novela de Steve Alten que fue lanzada en 1997 y que estuvo paseándose por Hollywood durante casi dos décadas, como muchos proyectos que nunca logran concretarse. El obstáculo más evidente de la producción es que gran parte de la historia se sitúa bajo agua y la tecnología de la ficción es muy específica, por lo que seguramente fue algo bueno que recién hayan podido hacer la película ahora. La trama sigue a Jonas Taylor (Jason Statham), un rescatista experto que es solicitado cuando una exploración marítima termina con un submarino especial atascado en la parte más profunda del océano, luego de que hayan descubierto una zona todavía más honda donde permanecían varias especies que se creían extintas. Jonas regresa para enfrentarse no solamente a un tiburón de millones de años de vida, sino también a sus propios demonios, ya que en su último rescate tuvo que tomar la decisión de concluir la misión antes de salvar a todos los tripulantes de un submarino que fue atacado por una fuerza desconocida.

Con una estructura clásica y con la pretensión bien definida, la película se mantiene ligeramente en la línea de Jaws al mostrar poco o nada del Meg hasta que llegue el momento de liberarlo. El problema está en que, a pesar de lograr su cometido, la película sufre profundamente por una calificación familiar con la cual limitan el factor gore al mínimo y solamente cuando se trata de otros animales; y creo que la sola idea de una película acerca de un colosal tiburón asesino que no pueda mostrar nada de lo que realmente ocurre cuando ataca, es algo decepcionante. Hay suficientes secuencias del megalodón embistiendo contra navíos donde la dirección de Turteltaub observa la espectacularidad de la premisa bien aprovechada, pero ninguna donde se aprecie realmente la carnicería humana, y de esas hay un montón, ya desde el principio de la historia. Esa clase de detrimento narrativo supone una disminución en el factor emoción que este tipo de películas generan, ya que el guion está muy consciente de su propia intención y se ve constantemente saboteado por esta limitación.

Aun así, Turteltaub logra sortear esa desventaja con un elenco que se toma en serio la historia en la medida de lo que el guion requiere para imprimir cierta emotividad, entendiendo perfectamente que es solo un acompañamiento a lo más importante. Bingbing Li, Cliff Curtis, Winston Chaom, Ruby Rose, Rainn Wilson, y los demás están todos sencillamente bien y la química grupal entretiene en los intermedios de intimidad y ligero desarrollo de personajes (la pequeña Sophia Cai es todo un descubrimiento). Lo interesante es que Statham resulta convincente cuando es algo más que un rostro estoico, y la mezcla de géneros le viene muy bien (ya había demostrado ser capaz en la comedia con Spy), lo que me hizo desear que siga explorando este lado suyo para evitar que se convierta en un chiste actoral. Sin embargo, no creo que una sola alma llegue a esta película de forma voluntaria deseando salir con el recuerdo de una buena interpretación, sino con la emoción palomitera de un tiburón de 20 metros devorando personas deseosas de disfrutar una tarde de playa. Este público encontrará a medias lo que busca, será entretenido, pero quedará insatisfecho. Quizás un corte sin restricción en formatos hogareños le haga justicia a la premisa desaprovechada.

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Acerca de Emmanuel Báez 2649 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz. Primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, miembro de la asociación Cinema23 del Premio Iberoamericano de Cine Fénix.

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