‘Love and Goodbye and Hawaii’ enternece con una ruptura amorosa

Al empezar la historia de Love and Goodbye and Hawaii, Rinko (Aya Ayano) e Isamu (Kentarô Tamura) se preparan para un poco de ejercicio matutino. Mientras caminan por las calles de su barrio, Isamu le cuenta a Rinko acerca de los rumores de fantasmas en la zona y ella sugiere que le cuenten eso al propietario del departamento donde viven, para ver si consiguen que este les baje el pago mensual. La caminata sigue con conversaciones sobre dietas y otras cosas, y la pareja continúa hasta llegar al muelle, donde Rinko decide comer una dona de vuelta al departamento. Días después, cuando Rinko y dos amigas están practicando una danza hawaiana para la boda de otra amiga, les revela que la relación de novios con Isamu se terminó hace varios meses, algo que ninguna de las dos muchachas pueden creer.

En retrospectiva, las escenas iniciales adquieren otra capa. Cuando la pareja se despierta para hacer ejercicios, hay cajas por todos lados y duermen en pequeños colchones separados, lo que se podría interpretar de otra forma, tal vez como el hábito que simplemente adquirieron los dos y una falta de organización tras una reciente mudanza, pero es más probable que sea debido a la ruptura. La caminata que le sigue revela las costumbres de pareja de las cuales no pueden desligarse, y la mirada esperanzadora que tiene Rinko con Isamu durante algunos momentos de la conversación. La mirada de ella es más importante, ya que la película se cuenta casi enteramente desde su punto de vista, y Ayano es realmente magnífica transmitiendo emociones en diferentes matices.

La segunda película del director Shingo Matsumura es una agridulce comedia acerca de cómo lidiamos con las relaciones que se terminan, no al estilo de The Break-Up, sino más como Celeste & Jesse Forever, pero con una sensibilidad japonesa. Cuando la noticia de la ruptura se va esparciendo, hay discusiones acerca del orgullo, el honor, y la decepción familiar como solo se leen en historias orientales, y así también cuando una de las partes empieza a meter de nuevo un pie en el campo de juego, finalmente removiendo el balance que la relación estaba manteniendo a pesar de la separación amorosa.

También como muchas películas japonesas, los problemas de comunicación están tanto en la superficie como en lo profundo de la película, pero lo encomiable es que Matsumara no tiene ninguna intención de reírse de la coyuntura de la pareja, retratando la situación con mucha empatía. La incapacidad de Rinko de enfrentar la realidad y expresar lo que siente realmente se ve con una distancia prudente, provocando risas de forma secundaria debido a la simpatía de la protagonista y la cortesía casi introvertida con la que se relaciona con los demás, tanto los que saben que su relación terminó como los que le siguen preguntando por Isamu.

Para hacer hincapié en esta discusión sobre las rupturas, el guion presenta a otra pareja un poco más joven, que parece haber empezado la relación hace poco y todavía tienen ese fuego típico de los noviazgos incipientes. Los contrastes van obligando a Rinko a toparse con las cuestiones que quiere evitar, y tomar las decisiones que no quiere aceptar que son necesarias para seguir adelante. No hay mucho misterio en el desenlace, pero el sólido guion de Matsumara solo invita a reflexionar sobre la importancia de tomar decisiones, sin juzgar hacia donde se incline finalmente la balanza. «La vida es un camino hecho con decisiones», le dice Rinko a Isamu al principio, adelantando esta lección libre de prejuicios.

La película es una de las más tiernas que tocan este tema en particular, y gracias a dos actores perfectamente elegidos, y una sencillez en la producción, mantiene su foco sin distraerse.

Acerca de Emmanuel Báez 2653 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz. Primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, miembro de la asociación Cinema23 del Premio Iberoamericano de Cine Fénix.

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