‘Locamente Millonarios’ es locamente entretenida

El título original en inglés de Locamente Millonarios es Crazy Rich Asians. En varias regiones fuera de EE.UU. llega con un título que ignora su base oriental, pero creo que es sumamente importante destacarlo, no solamente porque la cultura es muy relevante, sino también porque se trata de una producción occidental con un elenco de ascendencia mayormente oriental que consigue un éxito internacional significativo, lo que suma en la lista de películas de “minorías” en Hollywood que supuestamente no tendrían que funcionar porque los ejecutivos son demasiado conservadores y anticuados como para entender realmente cómo funciona el público en pleno 2018. Lo mejor de todo es que es un éxito merecido, ya que la película es sumamente entretenida, enérgica, y fresca en lo que respecta al género de la comedia romántica, otros de los géneros abandonados en la pantalla grande, con apenas un puñado de títulos memorables en los últimos años.

La trama sigue la relación entre Rachel Chu (Constance Wu) y Nick Young (Henry Golding), que ya llevan saliendo un año hasta que él se ve obligado a regresar a Singapur para la boda de un amigo, ocasión que aprovecha para pedirle a su novia que viaje con él y finalmente conozca a su familia. Lo que Rachel no sabe es que la familia de Nick es una de las más ricas de Asia y de todo el mundo, y se tendrá que enfrentar no solamente a su suegra, sino a las barreras culturales y sociales que no había imaginado que podrían llegar a ser un problema entre ambos.

Adaptando la primera novela de la trilogía firmada por Kevin Kwan, el guion realmente encara algunos de los clichés más típicos del género con pequeños giros de tuerca interesantes que hacen que la película se mantenga simpática y muy poco repetitiva. Si bien sigue la estructura clásica de toda comedia romántica en el que una pareja enfrenta algún conflicto que los llega a separar solo para que la posterior reconciliación sea más emocional, el desarrollo de los personajes y las situaciones que enfrentan son ciertamente atípicas para quienes fácilmente pueden nombrar títulos que hayan pasado por el mismo camino. La relación entre Nick y Rachel es siempre sólida, y no hay duda alguna de ninguno de los dos con respecto a lo que sienten por el otro. El conflicto mayor es la familia, en especial la madre de Nick, Eleanor, interpretada por una increíble Michelle Yeoh que está imponente y elegante, y para nada de acuerdo con que su hijo se cruce con una mujer que no es completamente igual a ellos.

El director Jon M. Chu finalmente se encuentra con un guion redondo donde puede imprimir la energía desaprovechada en la mayoría de sus películas, por más que sea evidente que la película es bien colorida por un miedo subyacente de fracaso comercial. No solamente el elenco es dinámico, sino que hay una calidez palpable entre todos los involucrados, incluyendo aquellos que solamente están como el alivio cómico como Ken Jeong, que resulta hasta entrañable cuando está bien contenido, a diferencia de la mayoría de sus trabajos donde lo dejan explotar hasta el histrionismo. La típica mejor amiga está con el rostro de Awkwafina, una comediante que empezó su carrera en Hollywood hace apenas dos o tres películas, pero que rápidamente se establece como una fuerza cómica diversa y trepidante. Por su parte, el galán de turno es un actor debutante que promete bastante, y aunque dudo mucho que su carrera despegue bruscamente en Hollywood, es perfectamente comprensible que tantos medios lo hayan postulado como el próximo James Bond. Igualmente interesante es el hecho de que la trama no se centra enteramente en Rachel, sino también en la relación de Astrid (Gemma Chan) y Michael (Pierre Png), agregando otro punto de vista sustancial a la discusión cultural.

El punto fuerte de la película es la fascinación de tener una historia ordinaria en un entorno extraordinario, siempre teniendo en cuenta que se trata de una producción norteamericana apostando por algo diferente, para variar. La cuestión cultural juega un papel preponderante en el conflicto, y gracias a la química actoral entre Yeoh y Wu, hay un balance perfecto entre la levedad de la trama y la tensión que genera dicha relación, que se siente verosímil en todo momento. No menos importante, la química entre Goldin y Wu es la de una pareja tridimensional, aunque el público atraviesa todo a través de los ojos de Rachel, que no es solamente vulnerable, como en muchas películas del mismo tipo, sino que también es resuelta y muy inteligente, por lo que su odisea romántica es mucho más satisfactoria.

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Total: 3 Promedio: 4
Acerca de Emmanuel Báez 2642 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz. Primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, miembro de la asociación Cinema23 del Premio Iberoamericano de Cine Fénix.

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