‘Las Herederas’, nunca es tarde para buscar la libertad

Se podría escribir copiosamente acerca de la mirada de Ana Brun en Las Herederas, ya que es a través de sus ojos que Marcelo Martinessi logra contar una historia de variados y complejos matices. Tanto el director como la fotografía de Luis Armando Arteaga los aprovechan sin ser invasivos, dejando que la mirada de Chela refleje sus miedos e incertidumbres, así como su aflicción y su exultación, manteniendo una distancia prudente de planos cercanos que se sienten íntimos, como una invitación personal a hacer compañía en un relato de liberación de índole psicológica, emocional, y sexual. La simbiosis entre la sensibilidad de Martinessi y la naturalidad interpretativa de Brun hacen el pilar central de una de las películas más hermosas realizadas en este país.

Recalco antes de proseguir algo que me parece profundamente importante: realmente no hay planos generales en la película, excepto como fondo cuando el enfoque es Chela en un plano medio o algunos pocos adicionales simplemente para ofrecer un poco más de información. Inclusive en los breves momentos en los que la vemos en un plano abierto, el encuadre está claramente compuesto como para no desviar la atención de ella, cuya mirada evoca tantas emociones sucesivas que se hace difícil procesarlas rápidamente. No es mero accidente, ya que Martinessi entiende perfectamente lo que Chela está sintiendo y creo que su intención (o, al menos, una de ellas) es provocar las mismas perturbaciones y las mismas alegrías en el espectador. Es por eso -y por otras razones que mencionaré- que me resultó tan delicada la invitación y me hizo sentir tan agradecido por haber acompañado tan de cerca a este personaje en su tardío pero merecido despertar.

La trama sigue a Chela y Chiquita (Margarita Irún), dos mujeres de la alta sociedad que durante décadas vivieron juntas, escondiendo el lazo emocional y sentimental que las unía, sin mayores preocupaciones que las tribulaciones mundanas de la alta alcurnia. Dos mujeres que no parecen haber enfrentado jamás en la vida cualquiera de las incontables vicisitudes que afectan a personas de clases más bajas, y cuyo mundo cambia para siempre cuando Chiquita ingresa al Buen Pastor como medida preventiva tras ser acusada de fraude. Ya entonces la pareja se estaba viendo forzada a empezar a vender sus bienes, la mayoría de ellos heredados de sus padres, para poder pagar deudas y seguir disfrutando de la vida a pesar de los problemas financieros que se iban acumulando.

Esta separación física revela una dependencia emocional asumida como normal por ambas, y supone para Chela un desafío como ninguno que haya imaginado enfrentar. La mirada de Brun sugiere una inocencia prolongada, así como una inexperiencia con la cual tendrá que lidiar de alguna manera para poder sostenerse. Al principio, adherida a su intrascendente rutina, pero luego, abriéndose paso en la renovada libertad que no había conocido hasta ahora. Tras una serie de simpáticos sucesos que la llevan a desempeñarse como chofer de una vecina todavía mayor y su grupo de amigas adineradas, llega a su vida Angy (Ana Ivanova), el catalizador que despierta en ella sensaciones especiales, que tal vez fueron olvidadas o inclusive jamás llegaron a existir. Como quizás no había hecho en años, Chela se observa, se disfruta, se vuelve a conocer, y se enamora.

Martinessi acompaña con una cámara silenciosa, respetuosa de su guion y su protagonista. Su dirección adquiere al principio un simbolismo inmediato, exteriorizando una sensación de opresión que contagia, pero que va desdibujándose poco a poco con la ausencia de Chiquita. Puede parecer extraño, incluso ilógico, tener la cámara tan cerca de ella hasta cuando empieza a experimentar el mundo de una forma más abierta. Sin embargo, es la mirada de Brun la que transforma esa constante, convirtiendo la opresión en alivio. Uno termina queriendo seguir de cerca a Chela, y experimentar de primera mano lo que está atravesando, y es imposible no perderse en la penetrante mirada de la actriz que realmente hipnotiza con una interpretación encomiable y comprometida. No se quedan atrás ni Irún ni Ivanova, que también ofrecen actuaciones medidas y bien orgánicas. Un ejemplo más de la importancia de la dirección de actores, un apartado donde el cine paraguayo languidece bastante.

El primer largometraje de Martinessi es una demostración de talento innegable. Es un estudio de personaje que revela un sistema social podrido, pero sin jamás llegar a ser un panfleto ni propaganda de ninguna clase. La vida de sus protagonistas expone injusticias, pero sin jamás encararlos directamente, sino a través del camino que recorren y todos los pormenores que van enriqueciendo el sólido guion, que de por sí ya tiene suficientes elementos bien pensados como para que funcionen tanto de forma literal como figurada. Desde el automóvil que usa Chela (el vehículo a la libertad), y la cantidad de veces que se encuentra detrás de una puerta, escondida, hasta que decide atravesar (sus miedos) y salir, que bien podría interpretarse también como una salida de closet, una emancipación a los temores del pasado y una manifestación de una emergente determinación. Con Las Herederas, el cine paraguayo también atraviesa un nuevo umbral que eleva el estándar para un tipo de cine mucho más reflexivo e introspectivo que no da lugar a excusas y que reafirma la agudeza de un artista al cual espero seguir viendo trabajar durante mucho tiempo.

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Acerca de Emmanuel Báez 2648 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz. Primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, miembro de la asociación Cinema23 del Premio Iberoamericano de Cine Fénix.

6 Comentarios

  1. Otro detalle que me agradó bastante en la fotografía fueron los desenfoques intencionales en ciertos planos para direccionar tu atención a Chela, inclusive con participación de otros personajes en la escena donde tranquilamente se podría optar por ponerlos en foco a todos, la cámara siempre era su cómplice y creo que eso contribuyó bastante a darle la fuerza necesaria a sus miradas en la película, que decían muchísimo más que las líneas que su personaje podía tener.

  2. En verdad que es una muy buena película, la cual sirve como una interesante alternativa al actual modelo del cine paraguayo. Si bien no he visto todas las películas nacionales, he notado que la mayoria buscan demostrar el crecimiento de la industria local con drama intenso, acción, carreras de autos, aventura y demas para atrapar al espectador desde el punto comercial e inclusive tecnico en su preparación. No estoy en contra de eso y de hecho, cuando tienen exitos me alegro y disfruto de las obras.

    Aún así, me emociona ver una obra paciente y meditativa, donde las emociones son sutiles. Debo reconocer que en eso Ana Brun sobresale, porque debe actuar a traves de su rostro y gestos corporales. El personaje tiene pocos dialogos pero Brun destalla mucha emoción interna y eso no es fácil de hacer. Sin dudas que eso demuestra el talento tanto enfrente como detras de camaras.

    Así mismo comparto que la película en ningun momento se sintio como «propaganda» sino mas bien como un docu-drama por como la camara acompaña a los personajes. Fue interesante ver este experimento nacional y presenciar como se merecia el hype que recibió en el extranjero. Espero ver más producciones nacionales que no tengan miedo de contar distintas historias y asi mismo contarlas de distintas formas.

  3. Educar la sensibilidad es el reto. Martinessi lo hace insinuando el drama transicional d Chela: del comodo encierro a la peligrosa libertad. Con muy poco verbo y mucha imagen d penumbra: importan las pasiones q ella vive en una cotidianidad simple pero cambiante. Puede ser la vida d cualquier espectador.

  4. Me pareció una película aburrida, mucha propaganda le hicieron que no vale la pena, el personaje de chela puso la misma cara toda la película, es como una típica película francesa que muestra en space o isat, y encima con un final abierto, la historia no tiene un nudo, lo único rescatable es el personaje de Pituca! Hasta ahora la mejor película paraguaya es Los Buscadores y por más películas así, el drama mal hecho es asqueroso y no por ser de ese género debe considerarse ya una obra de arte

  5. Qué hay de la forma de hablar de los personajes?
    No se si es cuestión de guion o dirección , pero me parece que la mayoría de las películas paraguayas comenten, para mi, el mismo error de presentar una dicción cuadra, poco fluida.

    PARA MI, es parte de la actuación. La forma de habar es parte importante del personaje, y llevar un estilo propio a la pantalla es muy diferente a llevar un estilo que se refleja sobre las tablas.

    • A mi me parece que la forma de hablar en esta película en particular estuvo muy buena, nada teatral, bastante realista, como si vos y yo tuviésemos una conversación en persona

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