‘La vérité’, un retrato de rencores y arrepentimientos desde París, con amor

Las relaciones familiares son un tema recurrente en el cine del director japonés Hirokazu Kore-eda. Hay algo especial en la manera que encuentra de mostrar la complejidad de ellas sin caer en recursos gastados o el melodrama. Su última película La verité, a diferencia de sus trabajos anteriores, es la primera en realizarse fuera su país natal y con un elenco completamente extranjero, un movimiento bastante atrevido para el autor. Luego de haber ganado la Palma de Oro (Shoplifters, 2018) hace un par de años en el Festival de Cannes, Kore-eda se convirtió en un nombre reconocido en el panorama internacional. Inspirado por su prolongada estadía en París, que serviría de locación para La verité, el director escribió y dirigió la cinta con su familiar toque sensible e íntimo, como invitando cordialmente a la audiencia a echar un vistazo tras las cortinas de su creación.

La película inicia con un pintoresco cuadro del paisaje parisino en los suburbios. En una elegante casa, la reconocida actriz Fabienne Dangeville (Catherine Deneuve) está siendo entrevistada para un artículo que escriben sobre su nueva autobiografía, titulada La Verdad. En ese instante, la hija única de Fabienne, Lumir (Juliette Binoche), su esposo Hank (Ethan Hawke) y la hija de ambos, Charlotte (Clémentine Grenier), llegan a la casa desde Nueva York con la excusa de celebrar el lanzamiento del libro de Fabienne. Pronto Lumir descubre que la versión de la verdad de los hechos que su madre planea publicar se aleja mucho de la nefasta y sórdida realidad que ella todavía tiene muy fresca en su memoria. La filmación de una nueva película de Fabienne pondrá a prueba el delgado lazo que une la relación de madre e hija.

El director nos introduce al pequeño mundo de los personajes sin perderlos de vista, con planos cerrados, siempre pendiente de cada acción y reacción entre diálogos, como si el espectador estuviera allí junto a ellos, un invitado entre las sombras. La cotidianidad de lo urbano en una atmósfera íntima es algo con lo que Kore-eda se siente muy cómodo, pero hay un toque de esplendor en su dirección gracias a la burguesa locación parisina. El talentoso elenco también se suma a esta estética, con Deneuve y Binoche a la cabeza, dos de los talentos más grandes de Francia. Ambas actrices brindan lo mejor de sí a la cámara y su relación madre-hija en la ficción se da con presteza, complejidad y determinación. Algunas subtramas quedan sin ser exploradas por completo, pero esto no resta al relato principal que se desarrolla y concluye de manera firme.

Explorar dinámicas familiares problemáticas no es un elemento nuevo, en especial en el cine europeo, pero Kore-eda posee una manera muy sutil de entrometerse en las vidas de los complejos personajes que construye sin que resulte invasivo. La notable ausencia de una banda sonora, con dos excepciones, solo acentúa la intención del director de poner bajo el reflector a los actores utilizando la máscara de la ficción, con sus personalidades fuertes, miradas penetrantes y pensamientos que flotan en la tensión del aire. La verité tal vez no sea el punto más alto en la filmografía de Kore-eda, pero no hace más que elevar sus estándares narrativos y su madurez cinematográfica. El cine nos debía una colaboración entre Deneuve y Binoche desde hace un buen tiempo, y es reconfortante ver que después de tantos años las chicas aún tienen mucho que dar al séptimo arte.  

Acerca de Maximiliano Núñez 118 Articles
Redactor y crítico de cine. Amante del cine independiente.

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