‘La Noche de las Nerds’ renueva por completo la comedia adolescente

Como la mayoría de las comedias adolescentes, La Noche de las Nerds está construida sobre una base de situaciones inverosímiles pensadas para la risa. La situación inverosímil número uno sucede cuando Molly descubre que, a pesar de todo su esfuerzo y el hecho de haberse convertido en la mejor alumna, se encontrará el año siguiente con compañeros que también consiguieron entrar a universidades de alta categoría habiendo estudiado poco o nada. No hay forma de creer que eso realmente sea cierto, pero lo que hace que vayamos con esa situación sin cuestionarla empieza por Olivia Wilde, que debuta como directora después de haber dirigido algunos videoclips, y firmando de entrada una de las películas más frescas y tiernas del año.

Molly y Amy son mejores amigas desde hace mucho tiempo, y las dos son lo que uno consideraría «nerds», priorizando los estudios a las fiestas para asegurarse un lugar en las mejores universidades. Todo eso cambia cuando descubren que, supuestamente, los chicos irresponsables también tendrán un futuro prometedor sin haber omitido las fiestas de los fines de semana, así que ahora están decididas a probar que pueden ser tan divertidas como todos los demás, aunque sea a su manera. «No somos unidimensionales», le dice Molly a Amy en una de las tantas líneas sutiles con las que el guion critica los estereotipos de las películas adolescentes del pasado, abriendo un abanico de posibilidades para el género en el futuro.

El guion está firmado por cuatro mujeres (Emily Halpern, Sarah Haskins, Susanna Fogel y Katie Silberman) y se nota en el acercamiento a los temas típicos de las comedias románticas, especialmente en lo relacionado al primer amor, que generalmente incluye una relación heterosexual dentro de lo normal, sin mayores divergencias que los conflictos ya retratados en numerosas películas. Acá se presentan nuevas aristas como la identidad de género, que hace algo más complicado el conflicto de Amy de no saber si alguien corresponde o no sus sentimientos, algo sobre lo que discute con Molly en el recreo. Desde el principio es imposible no engancharse con la química entre Kaitlyn Dever y Beanie Feldstein, cuyas conversaciones se dan como un ping-pong de los que solo las mejores amigas podrían tener, mezclando ingenio e inteligencia que no se sienten forzados porque ambas características están ligadas a la personalidad de cada una de una forma creíble.

Olivia Wilde sabe que varias de las situaciones se dan como clichés en el género, y por eso le da una dirección rápida y dinámica en algunos momentos, y en otros deja que la cámara permanezca más tiempo con sus protagonistas, además de que se da espacio para la improvisación y, sin duda alguna, hay dos o tres momentos que no parecen haber salido como estaba en el guion, agregando más naturalidad y comicidad al desarrollo. Sin embargo, es la relación entre Amy y Molly, y las de este dúo con el resto de los compañeros la que hace que la película se sienta innovadora a pesar de tener una estructura clásica. Si bien al principio parece que seguirá el mismo camino que la mayoría de las coming-of-age estudiantiles, enfrentando a las mujeres y hombres entre sí por una cuestión sexual, el guion decide evitar esos tropos estableciendo un argumento más maduro, el del compañerismo a pesar de las diferencias.

Además, la mirada feminista se aprovecha para alguna que otra crítica social que no deja de ser relevante, como la complicidad de las mujeres ante la humillación sexual, o el prejuicio de las nerds solo porque los demás chicos deciden hacer un espacio en sus agendas para festejar sus logros. Es cierto que la mayoría de estos personajes ya los vimos en otras películas similares, pero hay detalles aquí y allá que hacen que se sientan más reales, agregando matices suaves pero beneficiosos para la trama. Wilde no tiene miedo de ponerse más creativa de lo que normalmente se ve en una película de este estilo, y varía con situaciones que no pueden faltar, como la escena de las drogas, en la que hace uso de stop-motion para mostrar el efecto de las sustancias, o un encantador plano secuencia musical para resaltar en el enamoramiento de una de las chicas.

La belleza visual se extiende en toda la película con la colaboración de Jason McCormick en la fotografía, haciendo que situaciones normales como un karaoke o una romántica zambullida sean de las más hermosas del año. Así también la banda sonora de Dan The Automator, junto con la estupenda selección musical, le agregan peso a las vivencias de estas dos amigas a lo largo de veinticuatro horas. Por supuesto, nada es perfecto y también se notan algunas decisiones de montaje que aportan poco o nada, o alguna que otra subtrama -como la de la profesora de las dos chicas- que solamente distrae de las líneas centrales, aunque forman parte de las situaciones inverosímiles de toda comedia adolescente que no pueden quedar afuera. De cualquier manera, la película empieza y termina con Amy y Molly, que tienen una amistad entrañable y moderna, y no pierden su encanto hasta el final.

Acerca de Emmanuel Báez 2653 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz. Primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, miembro de la asociación Cinema23 del Premio Iberoamericano de Cine Fénix.

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